Lectores de poco fiar


"...lo que falta -lo que nos falta, a todos- es "una masa de lectores fiable". Esta expresión presupone que la masa de lectores -buenos o malos- existe. De hecho, a nadie le cabe dudar de ello. Precisamente es aquí donde reside la clave del problema: en el carácter informe de esta masa. En su segmentación y en su articulación cada día más difusas, que hacen cada vez más difícil prever su gusto, su comportamiento, sus conductas.Así visto, el problema de la literatura no sería tanto la merma constante de "buenos lectores" (¿veinticinco mil?, ¿cinco mil?, ¿quinientos?, ¿diez? ¿Cuántos hacen falta para sostener el buen nivel de una literatura?) como el incremento indiscriminado de los mismos, la constitución de una desorbitada "masa de lectores" que revienta, por razón de su número y de su consistencia tan heterogénea, cualquier atisbo de "comunidad lectora" en la que poder confiar y con la que establecer un mínimo nivel de interlocución.Ocurre de este modo que los escritores no saben para quién escriben; los editores no saben para quién publican; los críticos no tienen ni idea de qué representan. Ni siquiera los publicistas saben lo que les conviene decir. Todos van dando palos de ciego, y entretanto las librerías se llenan de libros destinados -dicen- a la gente que no lee, cuando no, en el mejor de los casos, a la gente a la que, más que leer, le gusta que le guste leer."


"En las listas de libros más vendidos se codean Paul Auster, Paulo Coelho, Gabriel García Márquez, Isabel Allende, Alessandro Baricco, Mario Vargas Llosa, Dan Brown, Almudena Grandes, John Grisham, Julia Navarro, José Saramago, Arturo Pérez-Reverte, Ildefonso Falcones...¿Quién diferencia el grano de la paja? ¿Y en nombre de quién? ¿Cuántas veces no se oye aquello de que "el lector tiene la última palabra"? ¿La última? ¿Para decir qué?Y sobre todo, ¿quién va a creérselo?"


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