Historias de libreros


Historias de libreros a través de Javier Rioyo. Cuenta la de aquella librera que conocía a Neruda, pero no a Cernuda. Ahora parece íncreible que un librero no conozca a Cernuda, pero no es extraño, sobre todo en una época que no estaba tan de moda el sevillano. O aquel otro librero que no sabía nada de Lolita. Tampoco es raro. Pero estoy casi seguro que las librerías de estos "despistados" funcionaban bien.
Rioyo también quiere ser librero... ¡cuánta gente quiere serlo como si fuese un estado ideal!... Piensa en una especie de jubilación gozosa: "cuando esté a punto de vivir entre las ruinas de mi inteligencia, podría vivir en un pueblo cerca del mar y con una librería de viejo." No me gustan los intelectuales libreros, pues pienso que pueden terminar siendo malos comerciantes, o sea, no proporcionando bien libros a los otros, no siendo buenos vendedores de libros.


LIBREROS
Conozco libreros de todas las clases. Algunos son amigos. Incluso muy amigos. Han sido, los libreros, parte de mi vida. Debería haber sido librero. Todavía pienso que cuando sea mayor, cuando esté a punto de vivir entre las ruinas de mi inteligencia, podría vivir en un pueblo cerca del mar y con una librería de viejo.
No todos los libreros, como tampoco, por ejemplo, los camareros, merecen su nombre.
Una amiga me cuenta la historia de una librera de su universidad. Una pequeña historia de una librera de Vigo. Mi amiga, estudiante de filología, emocionada con algunos poetas y especialmente tocada por la realidad de ese poeta que descubrió, ese deslumbramiento llamado Cernuda. Decidió que debería hacer realidad su deseo de tener un libro de Cernuda. Se dirigió a la librería. Buscó por las estanterías, no encontraba a Cernuda. Le extrañaba no encontrar ningún libro de Cernuda en una universidad de humanidades. Preguntó por el libro de Cernuda a la librera. La librera, muy convencida, le contestó que se debería estar confundiendo de nombre. Que eso de Cernuda no le sonaba, que seguramente quiso decir Neruda. Mi amiga no daba crédito. Insistía en que era Cernuda, CER NU DA, repetía bien claro. Y la librera, escéptica y tozuda, repetía que estaba segura de que se equivocaba. Que llevaba muchos años de librera y que el poeta que se parecía a ese nombre que pronunciaba era Neruda, NE RU DA…
Cuando me contaron la historia me reí. Me pareció una exageración. No me parecía posible en una librería española, no encontrar un libro de Cernuda. Me parecía difícil haber vivido sin leer a Cernuda. Luego recordé cómo somos. Y qué leemos. También recordé algunas historias de profesores de literatura. Incluso algunas historias de algunos libreros. Todavía me acuerdo de la pregunta en una muy famosa librería cuando pregunté al librero por Lolita- ¿para qué, para quién querría yo volver a comprar ese libro?- y el librero muy serio, me preguntó el autor. Se lo dije. Y entonces me volvió a preguntar, ¿y en qué genero se inscribe?... Me dio la risa. Quizá estaba pensando que era un libro que caza de mariposas. En fin. Historias singulares de raros no libreros.
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