Café y lecturas

"Yo estoy descubriendo autores clásicos. Perderme en los pasillos de una librería me recuerda las lecturas pendientes. También es un atentado a mi promesa de limitar mis compras. Son mi golosina predilecta. Los colores de las tapas, el diseño de portada, el olor a nuevo de las páginas con los sudores de la imprenta aun en la superficie. Una librería es para un lector como un prostíbulo para un adicto sexual: los textos en fila haciéndote guiños para que prefieras el más reciente trabajo de Coetzee en lugar de la nueva traducción de Bolaños al inglés. Todos con sus atuendos coloridos, sus creativos caracteres, algunos caricaturescos, otros evocando lo tradicional para que entiendas que la sabiduría es cuestión de experiencia. Algunos textos te ofrecen pocas páginas pero con gran intensidad, todos tus sentidos se deshacen en esa historia hasta que consumes el último vocablo. Están las que te hacen reflexionar, mientras que ciertas lecturas no dejarán el más mínimo trazo. Otras te harán reincidir, volverás a esas páginas habitualmente, no querrás conocer nada nuevo; se tornarán tinta obsesiva, corriendo el riesgo de perder amistades y desafiar cualquier definición de rectitud. Escribirás panegíricos y largos ensayos sobre esos objetos del deseo."
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