¿Leen los robots libros electrónicos?


"Hace poco en un periódico español se decía que una librería incorporaría a su personal a un robot librero. Aunque el asunto sonaba atractivo al leer la nota completa se descubría que se trataba simplemente de una suerte de grúa que se encargaría de colocar los libros sobre los estantes en el almacén. Resultaba más interesante imaginar que así como había libros electrónicos, próximamente en las librerías los clientes se toparían con libreros que, programados con una abundante y precisa información, los orientarían rápida y eficientemente sobre los libros en venta. Un adelanto de ello lo serían las máquinas expendedoras de libros (como las de comida o bebidas) que se encuentran en Santiago de Chile y Barcelona, España.Así, entre libros y libreros electrónicos, poco a poco haría su aparición una nueva especie, largo tiempo esperada, la del editor electrónico. Éste vendría para cambiar de una vez y para siempre el mundo de la edición. A partir de ese momento las obras sobre la historia del libro y de la edición registrarían un nuevo hito, un año 0 de la edición. Pues, este nuevo editor no tendría nada que ver con los torpes e insensibles procesadores de palabras como el Word de Microsoft, capaz de sustituir Anaxágoras por la inencontrable añazagotas, ni con los huraños (a veces), extraños (no siempre) y quisquillosos (usualmente) editores humanos. Estos que la más de las veces creen que son quienes hacen el libro y no los autores. Al contrario, el editor electrónico reuniría las mejores cualidades de un editor (humano) y un sofisticado programa de computación. Este editor electrónico, entonces, incorporaría las últimas ediciones del Drae, el Larousse y la Encarta (y más), contaría con distintas versiones de la gramática (desde Bello hasta Chomsky), estaría conectado a los sitios electrónicos de las más importantes instituciones museísticas del mundo, actualizaría su base de datos en tiempo real gracias a las numerosas agencias de noticias del mundo, poseería una infinita enciclopedia multimedia, y, además, no se quejaría de que el texto que le dieron para evaluar es malo, que el autor no sabe escribir y, menos, se pelearía con éste porque no quiere hacer las modificaciones o no ha entregado el manuscrito en el tiempo estipulado.Es más, este editor generaría informes de legibilidad, sugeriría estrategias de promoción y hasta proyecciones de ventas. Pues el editor electrónico, a diferencia de su predecesor humano, estaría alineado con las políticas comerciales de la editorial. Nadie tendría que escuchar largas y tediosas explicaciones de parte de éste tratando de explicar porqué un libro con gran potencial comercial no debería ser publicado. De esta manera, de una vez por todas, se haría realidad la edición sin editores, la edición del futuro."
Leroy Gutiérrez
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