lunes, noviembre 27, 2006

El cambio de esencia de los libros


Santiago Rodríguez Guerrero-Strachan
La Insignia. España, noviembre del 2006.


Me imagino que no hay más remedio que adaptarse a los nuevos tiempos, que estos cambian que es una barbaridad como decía la canción y con ellos la sociedad, sus hábitos y sus relaciones. Así que me tendré que resignar a que las librerías de barrio vayan desapareciendo y las sustituyan mastodontes en los que algunos trabajadores, por no decir la gran mayoría, saben más de ropa interior que de libros. El libro, no me había enterado y así me va, es una mercancía comercial, y como tal ha de ser tratada. ¿Qué diferencia un libro de un camisón? Nada; es más, los dos se usan en la cama, y si me apuran, el camisón puede ser más interesante. Claro que un libro tiene la ventaja de que puede ser un somnífero bien bueno, algo que rara vez lo será la ropa de cama.
Los libros se ofrecen como mercancías en los grandes almacenes, en las superficies comerciales (¿alguien ha entrado en una tienda que por muy pequeña que sea carezca de superficie y esté instalada en la cuarta dimensión?), en los quioscos, en cualquier lugar simpre y cuando se cambie con periodicidad. Se acabaron los tiempos en que una de esas venerables librerías con un fondo que despertaba la envidia de todos los que teníamos menos de cuarenta años, albergaban tesoros publicados diez e incluso veinte años antes, esperando que llegara su lector ideal. Ya no hay tales lectores, lo siento por Umberto Eco y sus discípulos; ahora abundan los consumidores ideales, aquellos que compran algo, y al llegar a casa lo dejan colocado en algún lugar o arrumbado en cualquier sitio para volver a comprar otro, aunque no sea necesario el a tículo nuevo ni el anterior ni los vayan a usar. ¡Qué importa! Lo único que cuenta hoy en día es que se compre, que la maquinaria comercial esté bien engrasada y no se pare nunca.

Para ello, y para que no tengamos que pensar en qué comprar, nos van renovando los almacenes y las estanterías cada pocos meses. En Navidades nos hacen otro favor las editoriales (y las discográficas, y ...): Sólo sirven los productos que quieren vender. Si a alguien se le ocurre pedir algo del catálogo, no se lo enviarán hasta que la temporada navideña haya acabado. Siempre pensando en el comprador, siempre satisfaciendo sus deseos, que son, vaya casualidad, aquellos que su estrategia comercial ha marcado.

Así las cosas, las librerías de barrio, esas pequeñas tiendas con libreros que sabían lo que albergaban sus estanterías, con libros que acumulaban polvo porque llevaban ahí desde los años setenta, esas, esas ya no volverán, y con ellas desaparecerán las viejas ediciones de Bécquer o de Rubén Darío, las novelas que ganaron algún premio y estuvieron escondidas hasta que llegamos a descubrirlas o algún ensayo agudísimo que el librero compró porque había leído en alguna reseña que merecía la pena que lo leyeran. Pero, claro, tampoco hay reseñas ya de las que nos podamos fiar. Ahora son meros anuncios verbosos. ¿Cuánto hace que no lee una crítica mala de un libro? Aún me acuerdo del último que se atrevió a cometer tamaño desacato. Fue despedido fulminantemente.

¿Literatura, dice usted. Producto de consumo, mejor, si quiere estar al día. Grandes superficies para mercancías perecederas, aunque no se trate ni de fruta ni de carne o pescado.

viernes, noviembre 24, 2006

Miriam Marinoni y su novela Vade Retro



En medio del vertiginoso aluvión de hojarasca que las editoriales de Hispanoamérica lanzan al mercado del libro, pocos libros cautivan la atención de un modo tan obsecuente como la magistral novela de Miriam Marinoni. Después de leer esta estupenda aventura intelectual nacida de la portentosa imaginación de la escritora, se puede estar plenamente seguro de una cosa: jamás el lector podría seguir siendo el mismo al cabo de su gratificante y no pocas veces sorprendente propuesta narrativa. De sus casi trescientas páginas impecablemente escritas emergen “huellas” o “marcas indelebles” que se graban en la sensibilidad del lector como se pudiera grabar con hierro candente una ígnea moldura en la memoria de quien tiene la dicha de internarse por entre los mágicos laberintos de ese “bosque de la palabra encantada” que bien resulta esta novela de Marinoni.

Esta montaña rusa de la narrativa latinoamericana actual está dedicada a la única patria realmente existente para la autora y para muchos de sus ávidos y fieles lectores: los amigos. A propósito de los amigos, de las patrias y del lenguaje; Cioran decía que la única patria que verdaderamente valía la pena habitar era la lengua y la escritora hace honor de esta premisa fundamental e inhipotecable que debe regir los hábitos intelectuales de todo escritor.

Debo celebrar, con jubiloso entusiasmo, la certera elección de la bellísima portada que ilustra esta magnífica novela: un luciferino linóleo, S/t, del deltano universal Alirio Palacios. La portada de esta joya narrativa, de tan excepcional belleza, no merece la pena que se comente por temor a dejar por fuera uno de sus definitivos y fulminantes detalles que la convierten en una inobjetable Obra de Arte.

Marinoni se estrena como novelista ante el amplio universo de lectores en lengua castellana con la consistente madurez con que lo hizo, en su momento, nuestro Denzil Romero. Sólo Dios sabe cuánto tiempo tienen ciertos textos narrativos salidos de la fértil y sólida imaginación literaria de esta autora y que, por razones tal vez atribuibles a los vaivenes de la industria editorial, permanecen en su rescoldo escritural a la espera de su publicación. A juzgar por la calidad de su prosa narrativa, por el sereno reposo expositivo de su discurso narrativo, por las evidentes muestras de destrezas léxicas que exhibe la escritora a lo largo de este río de historias entretejidas que se destejen y se vuelven a tejer con inmejorable maestría ficcional, debo suponer que la autora de Vade Retro es una obsesiva de la corrección.

Un magistral fragmento de la lectura de El Quijote sirve a la narradora para dar inicio a una experiencia literaria única en su estilo. El lector agradece a la escritora que lo agarre por los testículos y no lo suelte sino al cabo de 14 delirantes capítulos con su insustituible epílogo. Creo que así como esta novela deben ser los libros que valen la pena ser comentados con los lectores de la buena literatura; te agarran por las bolas y no te sueltan hasta que se termina la última página de ese maravilloso “sueño despierto” que es su lectura.

Wolfrang Volguer, Martín Volguer, Irene de Volguer, las fértiles praderas de Dunhau sirven de pre-texto para inaugurar un ambiente signado por profundas resonancias psicológicas, ansias y deseos recónditos que mueven, cuales resortes nuevos, la displicente voluntad de unos personajes que se tornan evanescentes por expresa disposición de su creadora para reaparecer de nuevo metamorfoseados en idealizadas figuras con destinos rotos y aspiraciones truncas. Berlín, Perú, España, Caracas (Venezuela) pero sobre todo un espacio geográfico mental que bien puede ser nuestra natal aldea o nuestro nicho urbemático, son referentes que proporcionan al lector una geosemiótica ineludible que lo orienta y lo extravía con inusitado goce espiritual. Personajes irreverentes y parricidas como el alumno que osó decirle al profesor de filosofía que le agradaba más su olor a pino que a Heidegger nos reconcilian con el temperamento ácrata e iconoclasta que nos caracteriza como lectores. La autora de esta novela no sabe cuánta felicidad nos obsequia con su osadía y atrevimiento literario. Esta novela debería ser de obligada lectura en las Escuelas de Letras de nuestras aburridas universidades venezolanas, a ver si despierta del amodorrante bostezo acrítico en que se encuentran subsumidas las cátedras de literatura de ficción y de creación en general. Hay en esta novela de Marinoni una terrible requisitoria contra la institucionalización de la ignorancia y se postula en ella el imperativo categórico de leer como única forma de emancipación de los sentidos; casi se diría que la lectura es en esta propuesta estética de la escritora la última casamata del espíritu contra la canalización de lo real-dado-constituido. Podemos inteligir en sus páginas un exhorto a la especie humana a insurgir contra el “estupidizaos” que denunciaba Pascal. El preciso manejo de la sinonimia en muchos párrafos es un acicate, o mejor, un refuerzo de la idea-fuerza que quiere dejar la autora en la conciencia del lector.

Heráclito de Efeso está presente en estas iluminadoras páginas más que como una simple referencia didáctica, ciertamente sí como un insoslayable peldaño de la deriva humana hacia su definitiva hominización socio-antropológica por medio del arte; de la intuición del instante por la belleza. Es verdaderamente envidiable el uso de estos recursos retóricos de la escritora para armar su tinglado narrativo donde coexiste lo fascinante –por formidable- con lo profundo. Y no olvidemos que no suelen ir muy juntos ambos en la narrativa del nuevo milenio en este recodo de nuestro planeta ni en la lengua de Cervantes.

Rafael Rattia

jueves, noviembre 23, 2006

Libreros bien vestidos

Es curiosa una polémica que sigo hace unos dias en algunos blogs americanos sobre la adecuada forma de presentarse un librero al frente de su negocio.
Creo que se refiere a vestir con traje en las Ferias del Libro y otros eventos librarios (sale a colación ahora, con la famosa Boston Antiquarian Book Fair). Leo en My Fine Books que consideran a los libreros ciudadanos de segunda clase si se les compara con los anticuarios. O lo que es lo mismo, la vestimenta de los libreros desmerece respecto a la de sus colegas. Incluye el comentario de un librero bien vestido refiriéndose a los mal vestidos: "si no quieren ser vistos como ciudadanos de segunda clase, quizás no deberían vestir como refugiados".

martes, noviembre 21, 2006

Todos somos Diderot.

En una extraña mezcla entre ciencia ficción e ideal anarquista, la enciclopedia virtual Wikipedia es hoy uno de los sitios electrónicos más consultados por estudiantes, profesionistas y cibernautas. ¿Cuál es su peculiaridad? Que parte de un principio democrático que coloca a los usuarios como creadores, editores y redactores de las entradas que contiene
Isaac Asimov, ese prócer de la ciencia ficción que nos dio los cerebros positrónicos y las tres leyes de la robótica, era también un científico con un instinto muy certero, como sabemos quienes lo leímos antes de los años noventa y nos topamos con Multivac. Multivac, un guiño a Univac, la primera computadora comercial, era una máquina colosal que agrupaba el conocimiento humano entero y que podía responder toda clase de preguntas. Excepto una: ¿cómo revertir la entropía? Es decir, ¿cómo evitar que la energía del universo se disperse? No cuento el final porque echo a perder la sorpresa, pero esto viene a cuento porque vivimos en una época en la que Multivac se ha materializado, pero de una forma que Asimov, con su fe inquebrantable en el desarrollo de la inteligencia artificial, nunca imaginó. Porque, lejos de una quimera enciclopédica purista y snob, hoy Multivac es un ente colectivo, y no es infalible, inmutable, incontestable ni completo. Muy por el contrario, es inconstante, sucio, desordenado, incompleto y terriblemente interesante. Y se llama Wikipedia.Wikipedia es la hija natural de un wiki y una enciclopedia. Un wiki es un programa de internet que los usuarios pueden editar en línea y en tiempo real, y cuyo nombre proviene del hawaiano wiki wiki, que quiere decir rápido. Funciona así: cualquiera puede entrar a la página www.wikipedia.org, ingresar al portal en su idioma y hacer una búsqueda; si el tema existe verá un artículo que idealmente está incluido dentro de una clasificación temática y posee ligas a otros temas y otras fuentes.
Maia F. Miret

lunes, noviembre 20, 2006

Hacer los libros, cuesta. Almacenarlos, cuesta. Distribuirlos, cuesta


...la mayoría de quienes distribuyen suponen que su trabajo es mandar, mecánicamente, los libros a las librerías, sin ropaje ni reflexión algunos, en cantidades arbitrarias e infladas. Ante la pregunta, sobre cierto título del cual no tenemos ya existencias en la editorial, y del cual ellos disponen de un centenar, de cuántos de esos que tienen consignados se venderán responden, primero, con un espero que todos, para pasar, ante la insistencia, a un no lo sé y, después, al enojo ante la exigencia de alguna razón o algún plan y la explosión: eso nadie lo hace, y por nuestra respuesta, nosotros sí, y hemos mejorado mucho el desempeño de la editorial en todos sentidos, el ensayo de ofensa: pues a mí ningún pendejo me va a venir a enseñar... Y más allá de su cólera, resalta algo simple, no reflexionan sobre lo que hacen y, al no hacerlo, terminan por irse hundiendo más y más. Como un amigo editor quien me decía, muy seguro, no es rentable imprimir menos de 1000 ejemplares. ¿Y más sí lo es?, le preguntaba con una sonrisa... Hacer los libros, cuesta. Almacenarlos, cuesta. Distribuirlos, cuesta. Y si no se venden, pueden costar mucho, de salidas y entradas de almacén, de envíos y recolecciones, de limpieza y catalogación, de retractilado y etiquetado. Si no se vende un libro, cuesta el doble su logística, y si no se vende por varios años, cuesta varias veces esa logística. Lo rentable, pues, no es vender más de cierta cantidad de ejemplares, sino vender cierto porcentaje, digamos el 80%, de los que apostamos vender, da igual si son 100 000 ejemplares o 20o, pues si logro vender el 80% de 200 ejemplares, es decir, 160 y hago mis cuentas sobre la venta de esos 160 ejemplares y, entonces, intengo obtener ganancia de esos 160 ejemplares, la situación puede ser buena. Ahora es muy fácil hacer menos de 200 ejemplares, antes no, y de esa imposibilidad técnica proviene el mito del millar de ejemplares.


sábado, noviembre 18, 2006

Voces globalizadas


En el mercado literario global hay de todo y para todos los gustos: literatura reivindicativa, gay, judía o rusa. En el mercado literario global todo vale y todo tiene su público.Pudiera parecer que la expresión individual que debería suponérsele a cualquier texto literario artístico está en auge y que la literatura se ha enriquecido por las múltiples aportaciones individuales, que las técnicas literarias son más fértiles y variadas y las percepciones ofrecidas son únicas, sin embargo, ha ocurrido lo contrario. Las voces individuales son cada vez más raras. Cada voz, cada texto, se inserta en el nicho del mercado correspondiente al momento, se adapta a la palabra moda, a los códigos del mercado. Para ser escuchado, el escritor modula su voz, consciente o inconscientemente, según las exigencias del mercado o de sus posibles lectores. Aunque jamás se le pase por la cabeza, aunque lo niegue, esta traducción al lenguaje del mercado se produce al margen de su control: en el propio mercado, en la recepción de los textos, en la lectura, etc. Así el derecho a la autenticidad del “otro” rebota en el escritor y en su texto como un bumerán.En su intento por escapar de una trampa, el escritor se ha metido en otra. Hoy está más vestido que nunca de etiquetas de identidad, las cuales determinan su lugar en el mercado y la comprensión que pueda haber entre él y sus lectores. Admitamos que las identidades facilitan la comunicación en el mercado, pero también rebajan terriblemente el significado del texto, lo empobrecen, cuando no lo distorsionan. El texto literario se lee cada vez más en clave: masculina o femenina, racial, nacional, cultural, sexual o política. Su valor es disminuido por un mercado que vende libros como cualquier otro producto, únicamente sobre las bases de unas categorías.El escritor contemporáneo con aspiraciones de alta literatura queda confundido ante la ausencia de un sistema de valores, y al lector se le hace cada vez más difícil orientarse ante esta misma ausencia. El escritor “serio” vive una especie de vida clandestina, oculta sus elevados intereses y sus gustos literarios por temor a ser acusado de elitismo. Porque ocurre que los promotores de la cultura de masas, numéricamente superiores, los ciberapasionados, los optimistas de la cultura y los antielitistas se abalanzan sobre cualquier “muermo literario” de esos que tienen en su escritorio un retrato de Wilde.


El libro de tapas verdes junto al estante del perejil


Un artículo de Julie Bosman en el New York Times, Vender literatura que va con su estilo de vida plantea dos cuestiones interesantes. La primera es cómo los editores norteamericanos, que están vendiendo este año menos que el anterior, intentan colocar sus libros en lugares que no son librerías. No sólo los consabidos libros de cocina en tienda de útiles de ídem: carnicerías, tiendas de lavado de coches o de ropa infantil son los destinatarios de muchos libros de temas afines. Y ya hay editores, como Chronicle Books, que venden la mayoría de sus títulos fuera de librerías.Pero, claro, las tiendas de moda o de cacharros tienen servidumbres que las librerías no tienen. Por ejempo, el Time Warnes Book Group "cambia rutinariamente el diseño o el color de las sobrecubiertas de los libros a petición de la tienda, de modo que el libro esté coordinado respecto al color de las mercancías". Y HarperColins planea dar a sus libros toques de "margarita y sangría", los verdes y rojos que se van a llevar la próxima temporada. Pero como señala Eleanor Randolph en "Escoger cuidadosamente un libro por su cubierta", ¿qué ocurre si el comprador compra sólo un libro por temporada? Aunque una cubierta de papel aluminio tendría la ventaja de reflejar el entorno, e integrarse armónicamente en él...


Escrito por José Antonio Millán

viernes, noviembre 17, 2006

Viva el malestar .JUAN JOSÉ MILLÁS




Francamente, yo empecé a leer como el que comienza a medicarse, porque me encontraba mal. Por eso apoyo la iniciativa extremeña de tratar los libros como medicamentos. Un título adecuado a la situación y a la persona relaja más que un Valium. Y si hay títulos que relajan, hay otros que colocan (estoy pensando en los de Castaneda). A medida que cierran las librerías tradicionales, los libros pueden pasar a las farmacias. Podrían pasar también a los estancos, ya que uno empieza a fumar por las mismas razones por las que empieza a leer: porque quiere ser un hombre, porque quiere impresionar a las chicas, porque le parece interesante jugar con un cigarrillo entre los dedos, o sea, porque se encuentra mal en la situación presente. El malestar es el motor del progreso. Si nos hubiéramos encontrado bien en las cavernas, no habría aparecido la arquitectura. Y si no hubiéramos tenido frío, tampoco hubiéramos descubierto el modo de hacer fuego. La gente que se encuentra bien ni fuma ni lee ni construye edificios, se limita a estar bien.

miércoles, noviembre 15, 2006

Saber es una mierda O al menos eso dicen algunos alumnos


“Yo no sé dónde está el culpable de este tipo de mentalidad. Si es el sistema educativo que permite que gente con estas ideas llegue a bachillerato, si es la sociedad que vive parasitariamente de los beneficios de un saber que desprecia, o si, simplemente, la estupidez y la ignorancia, la estrechez de miras y la falta de respeto a quien piensa o vive distinto vienen formando parte de la vida humana desde hace siglos. Ya no se trata de que el consumo «responsable» de botellones, pastillas y marihuana sea casi un imperativo juvenil, sino también que la democratización traiga consigo la imposición de lo peor como modelo de lo mejor. Y cambiar esto no es sencillo.” Yo, claro, me identifico con su angustia, pero no puedo dejar de preguntarme a menudo si toda nuestra cultura, si todos los avances tecnológicos, todas las novelas que escribimos y leemos, toda la ciencia, nos hacen más felices de lo que puedan serlo los integrantes de una tribu perdida de África que carezca de todo eso.


martes, noviembre 14, 2006

Siete años de Ficción Breve




LA FICCIÓN CELEBRA LA FICCIÓN.Siete años de Ficción Breve.
Lecturas a cargo de:
Oscar Marcano, Antonio López Ortega,Federico Vegas y Alberto Barrera Tyzska
Fecha: Miércoles 15 de noviembre de 2006, 7:00 pm
Lugar: Centro Cultural Chacao. El Rosal, Chacao.
Habrá venta de libros y vino de honor.

Las otras sensualidades de las letras.


Interesante reflexión en torno al fomento de la lectura y los libros de Pablo Doberti: “En tiempos saturados de modernidad como los que vivimos, cuesta entender por qué en todo esto de la lectura le apostamos tanto al mensaje explícito (soportado en una vetustísima teoría comunicacional de un conductismo naïf) y desatendemos y parecemos descreer de los mensajes subliminales, de caladura simbólica.Dos elementos hacen, a mi juicio, al no lector no lector. Uno, la ausencia de referencias simbólicas en su imaginario psíquico. Y dos, la falta de fluidez en la acción de leer, lo que impide el encuentro con la dimensión narrativa o expresiva de lo leído. Todo lo demás «verbigracia: exceso de alternativas, falta de estímulo escolar o familiar, precios de los libros, insuficiencia de campañas oficiales y privadas sistemáticas, cantidad de librerías o bibliotecas, etc.» es superfluo al lado de lo basal de estos dos elementos.”

domingo, noviembre 12, 2006

toda la humanidad es un único libro de un sólo autor


..."toda la humanidad es un único libro de un sólo autor; cuando un hombre muere, no se arranca un capítulo del libro, sino que se traduce a un lenguaje mejor; y todos los capítulos deberán ser traducidos de este modo. Dios emplea varios traductores; unos fragmentos son traducidos por los años, otros por la enfermedad, otros por la guerra, otros por la justicia, pero la mano de Dios está presente en todas las traducciones, y su mano volverá a encuadernar nuestras hojas esparcidas para esa biblioteca en la que todos los libros estarán abiertos los unos para los otros."

John Donne (1572-1631),

jueves, noviembre 09, 2006

Cómo sobrevivir a una historia de Lovecraft


Once consejos para salir bien parado de situaciones típicas de los relatos del maestro de Providence.



En el caso extremo de que viva en la casa de sus antepasados y se dedique a adorar a entidades primordiales, lo único que puede hacer ya es sacarse un seguro de vida, una nota al juez y despedirse de sus allegados. Lo que viene después se intuye...


Si hereda la casa de algún familiar con mala fama, ni se le ocurra pasarse por allí. Búsquese un pasante y véndala rápido, aunque sea por 4 duros.


Si encuentra las notas de algún tío suyo que ha estado investigando cultos antiguos, quémelas.
No lleve un diario. Al final siempre se escribe algún suceso ignominado...


Nunca veranee en pequeñas localidades costeras. Mejor a la montaña. Y si oye rumores sobre insectos gigantes que merodean por las colinas, márchese lo antes posible.


Evite los siguientes lugares:Nueva Inglaterra, Ponapé, mesetas centrales de Asia, Antártida y bibliotecas universitarias.


Escoja profesiones seguras, como carnicero, camarero, albañil o prospector de petróleo.


Ni se le ocurra comprar libros en viejas tiendas, sobre todo si están encuadernados en piel y el librero se los da por una miseria. Mejor limítese a comprar en el kiosko de la esquina El País, el Marca o novelas de Corín Tellado.


Rompa con sus amistades si son profesores universitarios o artistas excéntricos (léase barrenados*).


Si es usted escritor y ha viajado hasta N. Y. buscando inspiración, se sabe de sobra que le parecerá una ciudad afeada y llena de inmigrantes. Para prevenir estos casos:


Nunca pasee de noche por los barrios antiguos.


Si se encuentra con un extraño embozado en una capa y le dice que lo siga si quiere encontrar la antigua ciudad, escaquéese como pueda, desde que tiene prisa, que ir al excusado o su madre no le deja hablar con desconocidos.


La mejor opción es volver a su ciudad y hacerse cronista deportivo en el diario local.
Si vive en un antiguo edificio, márchese en estos 3 casos:


Que en el piso de arriba viva un violinista mudo que le embriague con su música.


Ídem con un científico si de su piso sale un sospechoso olor a amoniaco.


Que en su cuarto haya vivido una bruja y se le aparezca en sueños.





"Google no gana dinero directamente del tráfico generado por libros de dominio público


"Los editores pueden analizar mediante estadísticas la popularidad de los libros para programar la distribución"Es una potente arma de comunicación para autores, editoriales y lectores. El servicio de búsqueda de libros de Google permite 'abrir las páginas' de los libros en Internet a millones de usuarios en todo el mundo. Pero además de poder consultar el libro, y así multiplicar la difusión de su contenido, Google añade información de dónde puedes comprar ese libro en tu ciudad, o en que biblioteca lo puedes consultar físicamente. Es, en definitiva, un canal de marketing totalmente gratuito, manteniendo el control total sobre el contenido y con plena seguridad. Además, los editores pueden analizar mediante estadísticas la popularidad de los libros para programar la distribución, e incluso considerar si una determinada obra descatalogada merece la pena ser reimpresa de nuevo, si observan que se consulta en Internet y hay un interés por dicho libro.


Para las librerías, supone una oportunidad de incrementar las ventas de sus libros, sin coste adicional de marketing, así como incluso ganar dinero con el tráfico generado por el portal. Finalmente, para Google este proyecto supone un paso crucial en su misión de intentar organizar la información del mundo, incrementando considerablemente el contenido de sus búsquedas. Hay que tener en cuenta que en la actualidad sólo está disponible en la Red un 15% de la información mundial.
¿Cuál ha sido el coste monetario de poner en marcha Google Book Search?"En la actualidad sólo está disponible en la Red un 15% de la información mundial"La inversión de Google en este proyecto es considerable, y puedo decirte que hemos realizado un gran esfuerzo en este sentido. Pero somos conscientes de que es un paso estratégico para nosotros y que supone la posibilidad de ofrecer un servicio de alto valor para nuestros usuarios. Piensa sólo en los miles de personas que no tienen oportunidad de acceder a una biblioteca en América Latina o África, por ejemplo. Sabemos que estamos dando un paso histórico en el futuro digital del mundo del libro, y eso merece todos nuestros esfuerzos.


Lecturas vampíricas


"Todos nos hemos tropezado con obras de las que hay que levantar la vista de vez en cuando para saborearlas más y que al terminarlas y cerrarlas cobran más vida todavía, reviven en la imaginación, como si en el fondo le hubieran estado chupando la sangre al lector, mientras el lector se la chupaba a ellas. La sangre que circula por el interior de las letras, de las palabras, es absorbida por una mente, que a su vez le entrega todo lo que sabe y lo que ha llegado a ser en esta vida. Y por eso la lectura es el único caso de doble vampirización del que todos salimos fortalecidos, con el corazón más fuerte, y más jóvenes.


"Eso lo escribió Clara Sánchez, a modo de conclusión del artículo (que podéis leer completo aquí) que ha ganado el VII Premio Periodístico sobre Lectura que convoca la Fundación Germán Sánchez Ruipérez..


lunes, noviembre 06, 2006

Goncourt


BOOMERANG] Me entero por el atento Alvaro Salcedo que Jean Francois Foguel ha escrito sobre el premio Goncourt dado a Jonathan Litell, pero no precisamente acerca de la novela ganadora sino sobre lo que implica ese triunfo: la crisis en el sistema de reparto editorial de premios importantes en Francia, manifestada por el hecho de que Litell haya estado convocado a tantos premios y haya ganado ya dos de los más importantes.


Dice: "Tenemos con este Goncourt un síntoma fuerte de la total decadencia del sistema de los premios en Francia. La calidad de la novela no tiene nada que ver en esto. Se trata de premios literarios.


El sistema de los premios, en Francia, era hasta ahora el reparto de un botín, manejado por jurados, entre casas editoriales. En el sistema de reparto, un autor solo tenía un premio. Ya no hay reparto, sino acumulación, en este caso para Gallimard, el editor de Littell.


Vivimos un evento fuera de las normas". Al final de su post anota algo muy significativo, que sustenta su afirmación sobre la existencia del reparto de botín: "El colmo del episodio es su fecha: menos de una semana después de la publicación de los diarios de Jacques Brenner, uno de los editores de la casa editorial Grasset y jurado del premio Renaudot. Brenner, quien murió hace cinco años, cuenta en detalle los arreglos y negociaciones entre editores para repartir casi todos los premios entre los tiburones grandes: Gallimard, Grasset, Le Seuil y Albin Michel. Su libro (Journal Tome V, editorial Fayard) cuenta con detalles lo que occurrió desde 1980 hasta 1993. Narra la historia de lo que, con el doble gallardón de Littell, está ya en plena agonía."




Ivan Thays
Location:Lima, Peru
Escritor peruano (Lima, 1968) autor de las novelas "El viaje interior" y "La disciplina de la vanidad". Premio Principe Claus 2000. Dirige el programa literario de TV Vano Oficio

domingo, noviembre 05, 2006

En pocos sitios pueden hallarse tantas putas reunidas como en una Biblioteca

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"Orientales, europeas, latinoamericanas, todas reciben en los libros su bautismo según la época y la situación: geishas, fáciles, livianas, de la vida, de la calle, cortesanas, de compañía, visitadoras, jineteras. Los anaqueles dan asilo a clásicas y discípulas, diosas de la libido o apariciones dormidas como las últimas putas tristes de Gabriel García Márquez y las bellas durmientes de Yasunari Kawabata. Desde Tolstoi, que a los 82 años estaba dispuesto a abandonar a su esposa pero no los burdeles, hasta Bioy Casares que les deja un simpático lugar en sus Memorias y otro fundamental y místico en la ramera ciega de La invención de Morel, casi todos los escritores rindieron tributo a las mujeres sin rostro que los turbaron, iniciaron, entretuvieron a cambio de billetes. Sin temer que en algún momento se los señalara como clientes y cómplices de la trata. La literatura, en un discurso completamente paralelo y ajeno al de las denuncias del periodismo y de los análisis sociológicos, ha dado cuenta de una normalidad y contribuido también a una estética de la prostitución idealizada.

Por diferente carril van los datos y testimonios de violencia sexual, abuso infantil, esclavitud, infecciones y muerte que la vida prostibularia de todos los tiempos ha tenido como fundamento y vida cotidiana. Aun cuando la ficción creyó denunciar, no dejó de delinear la estampa de aquella mujer maternal, poco santa y dadora de esa infinita ternura que siempre están necesitando, en el fondo, los hombres. “Lo que distingue al hombre del niño es el saber dominar a una mujer. Lo que distingue a una mujer de una niña es el saber explotar a un hombre”, decía Cesare Pavese, quien en la vorágine de su militante desconfianza hacia todas las ellas destacaba con respeto a la que se vende porque no miente, corporiza la venganza y la nobleza de su especie. Pero no es sólo Pavese quien las distingue mientras señala su maldad, las prostitutas literarias están sospechadas siempre de esconder algo y merecen ser condenadas y redimidas también por otro misterio. Son autónomas aun cuando se las explote, tal vez por estar consideradas poseedoras del último secreto que desde Las mil y una noches se les atribuye a las sábanas.

Los hombres tendrán el poder, pero son ellas las que los dejan desnudos y con ansias de regresar. Modesto consuelo. Pero no es la intención escandalizarse porque en nuestras sociedades se considera un derecho la posibilidad de comprar sexo, o porque la misma práctica deshonra al que vende y prestigia al que compra, ni mucho menos ensañarse ahora con siglos de invenciones literarias y de fantasías patriarcales.

Además, también es cierto que la mayoría de las veces la prostituta de las ficciones ha servido a los autores como metáfora. Utilizada otra vez, es verdad, pero para desenmascarar síntomas de alguna putrefacción, para cambiar la cama cada vez que una sociedad se pone a cambiar la piel."

La metáfora más vieja del mundo

ELLA CONOCE EL PLACER DE LEER EN F.B.L

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Bibliotecas y bibliomanías

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En la sátira La batalla de los libros, de Jonathan Swift, se escenificaba una lucha entre los libros viejos y los nuevos, pues su autor tomaba partido en la querella de antiguos y modernos, defendiendo la preeminencia de los clásicos. Pero la ocurrencia de Swift bien podría servir para dar cuenta del extraño mundo libresco. Los campos de maniobras siguen siendo las bibliotecas, pero en las facciones se cuentan lectores, bibliófilos y bibliómanos, categorías que no siempre coinciden y que pueden llegar a ser adversarias.Son muchos los libros que han abordado temas como las bibliotecas y las pasiones que despiertan los libros. Varios recientes vuelven a ellos: se complementan y se superponen, unos analizan en detalle lo que otros en forma panorámica. Muchos coinciden en que, entre las pasiones más constantes respecto de los libros, está no sólo la de coleccionarlos sino la de destruirlos.

"ManíasSi el bibliófilo no es necesariamente un lector -dedicado a coleccionar libros antiguos, raros o curiosos, eventualmente es alguien que prefiere la ostentación a la lectura-, el bibliómano puede estar cerca de la enfermedad. En su libro de 1844, La medicina de las pasiones, el doctor Descuret refiere el caso del notario Antoine Marie Henry Boulard (1754-1825), quien llegó a poseer entre 600 y 800 mil libros. En cierto momento se comprometió con su esposa a no comprar más y emplear su tiempo en leer y clasificar los que ya poseía. Pero a medida que cumplía su palabra, iba enfermando y volviéndose cada día más triste, hasta caer en lo que ahora se diría una depresión profunda que lo tumbó en cama. Su doctor y su mujer idearon instalar un mercado de libros bajo su ventana, al sonido de cuyos pregones se recuperó. Pero, al morir, sus hijos vendieron la colección, saturando el mercado anticuario. Aunque Holbrook Jackson escribió en su Anatomía de la bibliomanía (1930) que ésta era "una manía afable, menos dañina que la salud de los sanos", parece tener más razón John Carter cuando en su ABC for Book Collectors (1952) define al bibliómano como "un coleccionista de libros con un cariz levemente salvaje en la mirada"."

LEER COMPLETO. Libros sobre libros

jueves, noviembre 02, 2006

EL MAR PROFUNDO de J.E. Chejín


Editorial PANAPO presentó
EL MAR PROFUNDO de
J.E. Chejín.

Editorial PANAPO de Venezuela presentó su nueva obra El Mar Profundo (Historia de una Reencarnación), del autor venezolano J.E Chejín, evento que se realizó el pasado 20 de Julio en la Librería del Ateneo de Caracas, y que contó con la asistencia de selectos invitados de grupos editoriales y demás afectos al libro. Las palabras estuvieron a cargo del reconocido librero Roger Michelena, refiriéndose a la obra como el producto de una investigación exhaustiva y de una excelecnte presentación de la narrativa por parte del autor. Haciendo la invitación a conocer los hechos históricos y científicos, presentados en una novela digna de leer por su entretenida y bien contada historia.

El libro ya está a la venta en ficcionbrevelibros

2 Noviembre : Los fieles difuntos

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