sábado, septiembre 30, 2006

ARTHUR KOESTLER Y LOS LIBROS DESCATALOGADOS

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"La timidez es el peor castigo, no mitigado por el hecho de que sólo apareciera en ataques intermitentes. El tímido puede compararse con un cable de alta tensión, rodeado de espesas capas aislantes, que le protegen, pero al mismo tiempo le impiden todo contacto con el mundo exterior. Hay varios tipos de tímido. En algunos la tensión disminuye a medida que pasa el tiempo, la capa aislante se vuelve más flexible, la timidez termina por convertirse en cortés reserva una actitud tan adecuada al temperamento anglosajón, que hasta la cultiva por amaneramiento. En otros ocurre lo opuesto; la capa protectora se convierte en un caparazón rígido e impenetrable, que ahoga a su portador y aleja atemorizados a todos los que se acercan.Hay un tercer tipo, al cual pertenezco, que podría llamarse el tímido intermitente. En el caso del tímido intermitente, los periodos de madurez y de rigidez, alternan con otros de extrema garrulidad y conducta desatada. Cual de las dos actitudes emergerá en una ocasión dada, depende de las circunstancias, que están fuera del dominio del sujeto. Si las circunstancias son tales que se establece el contacto entre el núcleo vivo del cable y el medio ambiente, la corriente fluirá libremente y lo más probable es que ocurra un cortocircuito, con gran despliegue de chispas, mientras saltan todos los tapones. Otras circunstancias, en cambio, sólo conseguirán que el medio ambiente frote y raspe la capa aislante, donde el tímido persiste encajonado, forrado, ahogado, sordo, mudo"

Estos párrafos, y miles de páginas de Arthur Koestler han sido condenadas a desaparecer de nuestro alcance: los editores siguen teniendo los derechos de autor y, por lo tanto, la posibilidad de no publicarlo.

Si podéis, preguntad en cada librería que os pille al paso por los libros de Arthur Koestler, encargadlos, que vuelvan locos a los distribuidores y éstos a los editores que han eliminado de los catálogos a este escritor por motivos incomprensibles, y hablo también de otros como Koestler, que tienen calidad literaria y sus ediciones se vendían razonablemente bien.Porque no es necesario quemar los libros de los autores que se desea silenciar: basta con editarlos sin promoción ni publicidad, dejarlos en depósito en las librerías, de donde son recogidos a las tres semanas por los distribuidores, para guillotinarlos.Si, ahora se hace así: los ejemplares que no se hayan vendido en un periodo de seis meses máximo, se guillotinan. Para ahorrar costes y espacio de almacén.Hay algunos casos de autores que fueron críticos, dieron que hablar y ya nadie recuerda, a los que un editor hizo un contrato millonario para cinco títulos, a entregar en los diez años siguientes, y con derecho exclusivo de edición perpetuo sobre ellos.

¿Os podéis imaginar qué está ocurriendo cuando la literatura queda en manos de grandes empresas editoriales, que también monopolizan los medios de comunicación, y desde donde nos imponen a sus autores?Cada vez que como lectores defendáis vuestro criterio, y apoyéis a esa editorial pequeña, aunque tenga mala distribución y tarde en servir cuando pedís un libro, cada vez que os neguéis a cambiar vuestro pedido por el título y el autor con el que nos bombardean desde los monopolios, estáis salvando de la guillotina a quien quizás merezca la pena leerse.Y si tenéis libros de autores descatalogados, fuera del ISBN, fotocopiadlos, distribuidlos por Internet, que puedan saltar la barrera del silencio impuesto desde las editoriales. Es la única manera de rescatarlos que nos dejan, es el único homenaje que podemos rendirles a quienes crearon en soledad sin recompensa alguna.

GRACIAS A GATOPARDO

viernes, septiembre 29, 2006

Compra venta de papel impreso

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La idea de que el libro, es decir lo que se conocía como creación literaria, se ha convertido en un producto industrial más, semejante a un rollo de papel de baño o un refresco, circula cada vez más


Un objeto consumible y desechable en una hora, una semana, un mes: su existencia no tiene más longevidad, y no puede ser sino efímera, puesto que debe ser sustituido lo más rápido posible por otro. A una venta debe suceder otra. Carece de
importancia que el libro sea leído o no. Lo que se busca es que se le compre. Y en el mayor número de ejemplares aceptables por el mercado.
¿De qué espantarse? No veo por qué la realidad de las cosas pueda causar escalofríos. ¿No es la vida moderna tan anhelada por el progresismo de Occidente? Se trata de ser modernos, vanguardistas, posmodernos, posposmodernos, mirando siempre hacia el futuro del futuro refrigerador y la
futura novela.
Cosa curiosa, la idea del libro como simple objeto de mercado parece perturbar, e inclusive enojar, tanto a los productores de best sellers, quienes quisieran ver en la venta masiva de sus obras un reconocimiento a sus peculiares talentos, como a los autores que, cuando de casualidad encuentran un romántico editor dispuesto a perder dinero, venden 200 ejemplares de sus poemas o su prosa y, sin dejar de pensarse un genial poeta
maldito del siglo XIX, artista incomprendido, acusan a la industria editorial de causar la hecatombe de la cultura, caída en manos de bajos comerciantes que se comportan igual que narcos, la televisión o los traficantes de armas.
Pero, ¿a quién culpar? ¿Sólo a los editores? ¿Me atrevo a decirlo?, una gran parte de los libros, llamados literarios, que se publican no proponen mayor reflexión que un rollo de papel de baño ni pueden durar más que un kleenex.
De regreso a París, visito las librerías. En principio, hay alrededor de 600 nuevas novelas aparecidas esta rentrée. Pero en las mesas donde se exponen todas estas joyas literarias, no veo más de 50, 70, cuando las cosas van bien.
En efecto, ¿cómo exponer 600 nuevos libros? Los pobres dueños de librerías se ven extenuados frente a los cartones de ''novedades" que les llegan. Ni tiempo de vaciarlos. Apenas el de encontrar los que por anticipado se consideran vendibles. ¿Se perdió en ese trajín librero una obra maestra? Ni
modo, aunque no lo creo. Pienso, siguiendo a Rilke, que siempre sobrevivirá de un naufragio un verso. No podrán hacer desaparecer una sola línea auténtica ni naufragio, incendio, mudanza o avalancha de cartones con libros nuevos. Me pregunto, entonces, qué pasó con los 600 volúmenes editados el año pasado, el antepasado, el anterior.

En realidad, la ''literatura" se ha convertido en una tierra sin fronteras de donde nadie es excluido, a condición de ser capaz de borronear unas cien páginas. Que no se tenga la mala costumbre de pasar las noches leyendo, que nunca se haya abierto uno clásico, no es grave. Así, cuando hojeo algunas novelas en las librerías, no me sorprende que, después del éxito comercial del texto pornográfico de una ''autora", acompañado de fotos explicativas, después de un ''novelista" que decide narrar los atractivos detalles de la sexualidad senil de su mamá, sea ahora el turno, aunque precario y efímero, del último libro a la moda, en cuyas páginas se nos regala con la explotación literaria de la vida sexual de la autora, limitada al nominalismo más barato. La nueva aspirante a starlette de best sellers se lanzó, buscando nuevos senderos, en la descripción de su incesto con papá, una violación y otras minucias.

Pero el camino es trillado y la ''autora" se repite dando, en su última novela, nuevos detalles de sus amoríos con su padre, como los perfumes caros que él le compraba para perfumarse el vello, pues la mujer de su progenitor olía a pescado podrido. Encantador, ¿no?

Por desgracia el talento y las filosofía del boudoir de un Sade están por completo ausentes, así como cualquier asomo de erotismo. Simple pronografía, porque para acceder al erotismo hay que saber escribir. ¿Cómo no concluir que el libro se ha vuelto un producto más en venta?


vilma@tiscali.fr

Vilma Fuentes

jueves, septiembre 28, 2006

EL Blog de El futuro del libro

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A partir de ahora, el Blog de Libros y bitios se convierte en el Blog de El futuro del libro, y pasa a estar patrocinado por Google...

"Como muchos saben, desde sus inicios en 1995, mi sitio web ha prestado gran atención a los cambios que los nuevos medios están produciendo en el mundo del libro y de la lectura. El sub-sitio web Libros y bitios, dedicado a este tema, ha contado con un blog que, desde finales del 2001, y a lo largo de medio millar de entradas, ha seguido con atención las noticias relacionadas con bibliotecas virtuales, libros electrónicos, edición por línea, impresión bajo pedido, tipografía, y la influencia de las nuevas tecnologías en el circuito editorial, en la escritura y la lectura. También ha prestado atención a la historia del libro y de la edición, como medio para comprender la evolución en la que está inmerso el libro. Pues bien: este mismo blog, bajo el nombre de Blog de El futuro del libro, y con nuevo diseño gráfico, recibe ahora el apoyo de Google. El conocido buscador ha emprendido desde finales del 2005 el proyecto Google Libros (http://books.google.es/) para dar acceso también a la información contenida en los libros, tanto los que están en las bibliotecas como los editados en la actualidad. El proyecto de Google apuesta por apoyar desde el ciberespacio el conocimiento del acervo guardado en las bibliotecas, y al tiempo la edición y venta tradicional de libros, mejorando la información de editores y lectores. Esta propuesta revolucionaria exige conocer la perspectiva en la que se ha movido y está evolucionando el soporte privilegiado de la cultura: el libro. Para contribuir al debate público sobre estos temas es para lo que Google (desde su nuevo proyecto El futuro del libro) apoya este blog, a partir de octubre del 2006.
Para mí es una satisfacción personal y profesional que una empresa como Google apoye un trabajo que he venido haciendo gratis et amore desde hace años. No ocultaré mi simpatía por la mayoría de las iniciativas de Google en el campo de la cultura (aquí cerca están mis artículos): si no fuera así, nunca habría ligado mi nombre a su proyecto. Pero también es verdad (y lo saben quienes me conocen y me leen) que, en relación con estos temas, que me apasionan y a los que me dedico constantemente, suelo decir siempre lo que opino."

Escrito por José Antonio Millán
(antes
Blog de Libros y bitios)

Duelo de titanes o Esta tierra es mía


La gran lucha por los libros en internet

Cualquier título de western puede servir para ilustrar el curso que se presenta en el mercado del libro on line, según cuenta Scott Brown en Fine Books. Un desafío entre dos inversores millonarios y sus portales: Abebooks y Alibris. Y otro que arranca, Biblio.

Abebooks que ya tiene bastante ventaja europea, quiere meterse ahora en Italia. Y sigue tratando de convencer a los libreros de las "ventajas" de su tarjeta de crédito. Este mes ha habido reunión con los libreros españoles para confirmar que el antiguo Iberlibro ha muerto. Alibris hace su desembarco en Inglaterra con nuevos ejecutivos: hay que conseguir fusiones y hacer buenas compras. La batalla en Europa es importante.

Está claro que los libros usados en internet dan mucho dinero. Teniendo en cuenta que para conseguir cualquier libro hay que meterse en internet: ese es el futuro. No sólo los libros usados y raros, cualquier libro. Y estos gigantes quieren cobrar su comisión por cada libro que se venda en el mundo.

Si la competencia favorece a los libros, bienvenida sea.

VIA: EL BIBLIOMANO

En Venezuela dirigimos de manera emergente a ficcionbrevelibros, veremos hacia donde apuntamos en el futuro del libro.

SUBRAYAR

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Leer con un lápiz en la mano, atento a esas frases que cristalizan un pensamiento o una emoción, se ha vuelto una costumbre imprescindible para el autor de esta crónica, que ve en esa acción privada, secreta, una manera de homenajear al autor y de recordar el trayecto que él mismo hizo a través del libro.


Una de las tantas anécdotas que circulan por mi familia es la de un tío mío que, cuando tenía tres o cuatro años, se encontró con un montón de pollitos recién nacidos. Estaba, al parecer, fascinado ante tan amarillo y cacareante espectáculo. Mi tío quería verlos más de cerca, no le bastaba verlo con los ojos. Sus padres, sabiendo que un pollito recién nacido en los puños de un chico podía degenerar en un espectáculo un tanto gore para no decir sanguinolento, trataron de persuadirlo que bastaba con mirarlo, que el placer de verlos moverse de ahí para allá era suficiente. Mi tío, frustrado, dejó claro que no le bastaba con mirarlos. Lo que él quería era "mirarlo con los dedos".

Siempre se me ha quedado grabada esa frase.

Mirar con los dedos.

Acceder a algo ajeno y participar de ello de una manera activa. De un tiempo a esta parte, capto que, con los libros, ya no me basta leerlos, necesito algo de interactividad. No puedo enfrentarme a un libro sin un lápiz de tinta (mi opción uno) o, en el peor de los casos, con un lápiz a mina. También he usado (más de lo que quisiera) esos marcadores de colores fluorescentes que, con el tiempo, dejan de ser tan brillantes y chillones y terminan siendo absorbidos por el papel. Subrayar con destacadores es ideal para toda lectura móvil: metro, tren, bus y avión o, incluso, cama (un destacador funciona mejor que un lápiz a la hora de subrayar cuando el libro está arriba de uno y, por lo tanto, la fuerza de la gravedad juega en tu contra).

Pero todo esto es externo. ¿Por qué prefiero no leer un libro prestado? Quizás por un trauma: me prestaron una biografía de Woody Allen y la devolví supurando tinta. ¿Pero por qué uno subraya? ¿Es subrayar lo mismo que destacar? Creo que no. Los destacadores fueron inventados para estudiar, para memorizar. Uno no desea estudiar o memorizar una novela. El subrayado en cuestión no tiene una razón en sí. Sobre todo si uno no es un crítico y luego de terminar la novela no necesita citar un par de frases para demostrar cuán mal o bien está el libro que te pidieron diseccionar.

Intuyo por qué subrayo. Quizás la razón más útil del asunto es la de acumular posibles epígrafes, pero creo que es mucho más que eso. Es algo más profundo y personal.
Subrayo porque necesito subrayar, porque no puedo enfrentarme a un libro sin un lapiz cerca. No subrayo la frase grandiosa o la perfecta (aunque por cierto he subrayado tanto el inicio como el final de El gran Gastsby) sino la frase que dijo lo que quería decir y no dije.

Subrayo para hacer el libro mío, para darle mi sello, para apropiarme de él. Gozo y me emociono y siento que la vida es mejor, o al menos, más calmada, cuando me enfrento a un autor que piensa como yo o siente como yo o, si bien es muy distinto a mí, somos capaces de estar de acuerdo en un par de cosas. Deduzco que subrayo aquellas frases que resumen, perfectamente, cosas que estoy pensado o he pensado. Subrayo como homenaje y celebración al autor del libro, pero también subrayo para recordar el trayecto que yo hice a través de él. Quizás ésa es una de las mayores diferencias con el cine: con un DVD, uno puede acceder a mil cosas, desde comentarios del director a escenas desechadas, pero no hay escena o diálogo que se puede subrayar.

A veces sueño con ser más ordenado y fichar todos mis subrayados. Algo imposible, por cierto. Aunque reconozco que, cada tanto, tipeo y coloco dentro de mi computador alguna frase por ahí. Hay mil maneras de juzgar un libro, pero ahora que esta manía se ha vuelto algo más que una compulsión, el tiempo juega en mi contra. Aún así: me gusta abrir mis libros y encontrarme con mis subrayados. Dicen que a distintas edades y en distintos momentos de tu vida uno lee un libro distinto. Quizás el que cambia es uno, no el libro. Pues lo mismo sucede con los subrayados. Uno subraya desde su propia herida, desde sus carencias y entusiasmos, desde el lugar donde, en ese momento, está parado. Hace poco leí una novela que me la devoré casi entera en un viaje, pero no subrayé una sola línea. ¿Me gustó? No lo sé. Sospecho que el hecho de que no la subrayé transforma al libro en un librillo. Me hizo avanzar, me hizo seguir, me atrapó, pero no pude
subrayar ni una línea.

Si no subrayas, no vale.

No todo el mundo está de acuerdo conmigo. Me he enfrentado a otros lectores que consideran que subrayar un libro equivale a un ataque vandálico, algo que roza el nivel de quemar una novela en la plaza pública. No estoy de acuerdo. Me gustan los libros leídos, carreteados, ajados, con manchas de palta o de sangre, llenos de subrayados. Cuando me toca firmar uno mío, lo primero que me fijo es si están subrayados. A veces encuentro algunos y siento que no todo ha sido tan inútil.

Siento que, con el tiempo, he logrado convencer a alguna gente de la importancia de subrayar, de lo absolutamente compulsivo que resulta leer un libro con un lápiz cerca (sea de grafito o no). Con aquellos con que he logrado eso, reconozco que siento que he esparcido el evangelio de los subrayados y que he logrado que exista un fiel más en el rebaño de los excéntricos. Yo, por lo general, trato de leer el libro en el idioma original. Sólo soy capaz de leer dos idiomas, inglés y castellano. Me he encontrado comprando libros que he subrayado mucho para ver como suenan esas frases en español y, quizás, para poder compartir esas mismas con otros que no leen inglés.

Subrayar es quizás la manera de hacer que ese viejo invento llamado libro se actualice y se vuelva interactivo. Eso es lo bueno. Donde el asunto se vuelve más complicado es que esta interactividad es sumamente particular. Queda una huella. Una huella en extremo particular y personal. Me ha tocado enfrentarme las dos experiencias y creo que es más bochornoso y develador leer un libro que fue subrayado por un amigo o una persona muy cercana a que alguien lea un libro que ha sido
subrayado por ti. Es impresionante lo que uno puede enterarse e intuir por los subrayados ajenos. Por lo general, soy de aquellos que intento no prestar libros, no por el tema de los subrayados, sino porque luego es muy difícil recuperarlos. Pero a veces sí los presto. Y capto que el receptor tiene que ser alguien de confianza. Mal que mal, el libro que estoy prestando no es ni de tal o cual autor. Ese libro que estoy prestando es, en el fondo, un libro mío. Cada subrayado de ese lenguaje ajeno no está develando otra cosa que algo muy personal y cercano.

Alberto Fuguet

Una de mis manías…

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Todos las tenemos, hasta mi pequeño de dos años tiene la de quitar primero todas las aceitunas negras de la pizza, comérselas y luego seguir con el resto… Y hasta puede solo cenar eso ¡ si, sólo aceitunas negras…me salió mediterráneo el muchacho¡¡¡

La mía (entre tantas) la de subrayar mis libros, recuerdo que lo inicie como técnica de estudio y luego resultó ser una herramienta para todo, desde el periódico, la Biblia y hasta las comiquitas las subrayo…. No ver un libro subrayado me hace sentir que nadie ha pasado por él, retomar un libro ya leído y detenerme en los subrayados me recuerda la que fui.

Ahh pero muchas personas consideran eso un ultraje, aun no entiendo por que, pero el caso es que muchas veces titubeé a la hora de pasar hasta una pequeña línea de grafito …pero toda esa duda y pudor lo olvide cuando mi estimado librero me envió a través de los boletines de Ficción Libros un artículo bien interesante sobre el arte de subrayar y descubrí no solo el placer que le causa a alguien mas ese simple acto, sino también las palabras necesarias para describir mi sentir y que creen? las subrayé y lo que resalté de la crónica de Alberto Fuguet fue lo siguiente:



Intuyo por qué subrayo. Quizás la razón más útil del asunto es la de acumular
posibles epígrafes, pero creo que es mucho más que eso. Es algo más profundo y
personal. Subrayo porque necesito subrayar, porque no puedo enfrentarme a un
libro sin un lapiz cerca. No subrayo la frase grandiosa o la perfecta … sino la
frase que dijo lo que quería decir y no dije.


Subrayo para hacer el libro mío, para darle mi sello, para apropiarme de él. Gozo y me emociono y siento que la vida es mejor, o al menos, más calmada, cuando me enfrento a un autor que piensa como yo o siente como yo o, si bien es muy distinto a mí, somos capaces de estar de acuerdo en un par de cosas. Deduzco que subrayo aquellas frases que resumen, perfectamente, cosas que estoy pensado o he pensado. Subrayo como homenaje y celebración al autor del libro, pero también subrayo para
recordar el trayecto que yo hice a través de él.

Y así pasa con tantos libros, encuentras cosas que te identifican …hace un tiempo ya¡ leí un Libro titulado “El retrato de una Dama”, me resulto conmovedor y en muchos de sus pasajes me identifique enormemente con la historia y su protagonista, en estos momentos de mi vida me gustaría repasar los trazos que en él realicé, pero cometí el error o bondadoso acto de prestar el libro y ya saben el resto de la historia…

Para los libros que no son míos decidí tener un cuaderno de notas y al no poder subrayarlos lo que hice fue tomar notas textuales, para así quedarme con lo que considero lo mejor de ellos :) pero no es igual :(

Y ustedes, Subrayan?

VIA: Arte Caffé amiga de la que soy un devoto lector.

Google "un futuro sin papeles"

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Editores y Google discrepan sobre el futuro del libro

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En el marco de la Feria Internacional del Libro, Liber 06, se celebró ayer la mesa redonda organizada por Google Las nuevas tecnologías y el libro en la que los editores reiteraron su posición favorable a la incorporación de las nuevas tecnologías al sector del libro, aunque rechazaron la imposición de un único modelo digital de negocio y criticaron la agresividad que utilizan algunos buscadores en su política comercial.El director ejecutivo de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), Antonio María Ávila, manifestó que aún "hay esperanza para la racionalidad y que los mundos felices no existen" y cuando "existen suelen ser disfrazados de dictaduras y, por tanto, no son felices" en clara alusión al modelo de negocio que, en su opinión, intentan imponer algunos operadores sobre la digitalización de contenidos editoriales.Antonio María Ávila explicó que los editores no sólo no son los que rechazan las nuevas tecnologías sino que están "a la cabeza en ellas, son uno de los sectores más dinámicos en incorporarlas y uno de los que más presupuesto dedica a I+D. Buena prueba de ello es recorrer los stands de la Feria. A nosotros no nos dan miedo las tecnologías". Ávila recordó que como colectivo los editores "tienen desde hace bastante tiempo y dentro del plan de fomento de la lectura una importante herramienta tecnológica, el Servicio de Orientación de la Lectura (SOL)" y anticipó que en los próximos días "presentaremos el programa DILVE, el primer distribuidor de información del libro español en venta". En un guiño a Isaac Assimov, Ávila dijo que "los libros son la mejor tecnología, una tecnología que nadie ha batido todavía". El representante de la FGEE advirtió que "hay vida aparte de Google y una nueva forma de negocio, la que decidamos todos y cada uno de nosotros no la que nos impongan". Se pregunto en alto "¿qué problema hay con las nuevas tecnologías? Alguno debe haber y no es precisamente la digitalización. El problema es la agresividad que han mostrado algunos operadores en sus políticas comerciales que han hecho no sólo que se roce los límites de las leyes sino que se vulneren estas" y como prueba de ello recordó las denuncias y sentencias condenatorias que ya se han producido en algunos países.Por su parte, Marco Marinucci, director asociado de Google, destacó los beneficios que "tanto para editores como para lectores" supondrá el modelo de digitalización de libros que ha puesto en marcha este servidor ya que este proceso "facilitará el acceso al conocimiento" y que, con las nuevas tecnologías, "un número cada vez mayor de lectores de todo el mundo podrán localizar un catálogo más amplio de libros en una extensa variedad de idiomas". Marinucci definió el buscador de Google, "Google Book Search", como una "herramienta útil y necesaria para el usuario" que, según el directivo italiano, ha creado "un sistema único" de búsqueda de libros "que visibiliza todo tipo de textos", los cuales podrían comenzar a comercializarse a través de la red en un futuro no muy lejano. "El motor de búsqueda de libros de Google no sustituirá a las compras o lecturas tradicionales", dijo Marinucci, que subrayó que el servicio del buscador catalogará los textos a través de fichas, con las que "podremos saber en qué bibliotecas se encuentra disponible el libro o cuál es la librería más cercana en la que podemos comprarlo". Para el directivo italiano, el futuro del mundo editorial "pasa por la venta directa de libros a través de Internet" y recalcó que el servicio que ofrece la compañía respetará siempre "los límites de la ley de Propiedad Intelectual y los derechos de los autores". EFE / ELCULTURAL.ESArtículos relacionados

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miércoles, septiembre 27, 2006

Mi Biblioteca Particular


Mi relación con los libros empezó en Brasil y de una manera contradictoria. Con tres años ya estaba muy enfermo con tuberculosis y fui exiliado a la casa de mi abuelo, el padre de mi padre. Tenía muchas tías que leían libros, pero mi abuelo, oficial de caballería, cuando veía a mis tías leer libros decía: "Eso es una mariconada, cosas para mujeres". Por un lado, con tres o cuatro años, para mi abuelo leer era una mariconada, pero mi padre tenía muchos libros y pasaba horas al día leyendo. Yo me sentía muy dividido, no comprendía que mi padre, que era un hombre, se interesara por mariconadas, y que el general de caballería que era su padre le mirara con desprecio cuando le veía leyendo, a mi padre, que tenía treinta años. Después, mi madre me enseñó a leer cuando tenía cuatro años, e intenté comprender aquel misterio, por qué razón mi padre se quedaba leyendo tanto tiempo. Por suerte había una sirvienta en casa de mis abuelos que tenía toda la colección de Corín Tellado, y con cinco años empecé a leerla.

António Lobo Antunes

Los LIBROS

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Recuerdo que decidí aprender a leer porque mi papá se quedaba dormido cuando le pedía que me contara un cuento o me leyera un LIBRO. En ese tiempo yo los elegía por su portada; así, si su color era bonito o tenía un dibujo que me gustara, ahí estaba yo a los pies del Toby rogándole que me lo leyera. Todo iba bien hasta que un día se me ocurrió escoger "Colmillo Blanco". Mi papá lo miró y con cara de "ay esta niñita..." se dispuso a enfrentar la dura tarea leerme en voz alta, y consecutivamente por varias noches, las aventuras de este reconocido mestizo perro-lobo. Recuerdo ver su cara de horror - y bastante más flaca que la actual- cuando yo, más encima, le preguntaba a cada instante... ¿y por qué papá?, ¿qué hizo colmillo blanco pa que se lo llevaran?, ¿dónde vive ahora colmillo blanco?, y el niñito papá ¿se quedó solo? ¿por qué le puso colmillo blanco, papá? (nótese que él trabajaba de día, estudiaba en la tarde y, de noche, sólo esperaba dormir para poder enfrentar sus extenuantes e injustas demandas laborales). Cómo olvidar esos ronquidos infernales que me despertaban cuando, el pobre, se quedaba dormido a mi lado, intentando cumplir con su compromiso de leerme mis LIBROS.
...
Me encantan los LIBROS. Como en algunas familias se prepara comida, en la mía el amor se expresa regalando LIBROS. Desde pequeña recibía mi cuota mensual, la que por lo general ascendía a un mínimo de 1 y máximo de 3 -esto probablemente por el importante impuesto que, el pujante neoliberalismo de la época, había impuesto a los LIBROS-. Mi tío Moncho me entregaba sagradamente los últimos números de la típica colección de la Andrés Bello... los que engullía como si se tratara de la última gran teoría que debía conocer, para tener alguna opinión que dar... Cómo no citar los "Dioses del Olimpo", "Las crónicas de narnia", "Alicia en el país de las maravillas", "Tom Sawyer" y otros tantos buenos LIBROS que me llenaban de fantasmas e ilusiones.
...
Con cierta frecuencia, me trepaba por la biblioteca de mi casa, intentando alcanzar esos LIBROS que estaban en el último estante del librero y que yo, intuía, estaban prohibidos por su difícil acceso o porque estaban forrados con una hoja blanca que se tornaba amarilla con el pasar de los años. Memorias de una máscara, La princesa Daysi, Memorias de una pulga, Por qué no soy cristiano, El Capital, Fundación, Otra vuelta de tuerca, El vaso de leche, Cien sonetos de amor, Memorias de una joven formal, El último grumete de la Baquedano y otros, fueron los LIBROS que con mucha dificultad entendía, pero que daban cuenta de la diversidad de criterios, sentidos y experiencias que rondaban por mi casa. (esto lógicamente, lo entiendo ahora).
...
Me siguen encantando los LIBROS, especialmente si están usados, subrayados y/o comentados por sus anteriores dueños o dueñas. Esos LIBROS los atesoro e investigo, tal y como si me transformara en una arqueóloga motivada por descubrir las impresiones e ideas que emergieron en otros/as, a partir de su primera lectura. En el fondo, sigo haciendo lo mismo... intentando escuchar cómo los fantasmas leen las historias que aparecen impresas... Personajes descorporizados que no puedo tocar, pero que sí me tocan por sus ausencias... y que sólo puedo recuperar a través de la ilusión que me reporta el coleccionar LIBROS.

VIA: socia-lista.org

Txetxu metiendo baza en el caliente debate sobre el futuro del libro

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¿Quién recomienda mis libros?



Casi todos los profesionales del sector del libro coinciden en que el famoso “boca-oreja” entre lectores es el marketing más eficaz para promocionar un libro. Desde siempre, los lectores de libros se han recomendado diversas lecturas y diferentes escritores, pero con la irrupción de las nuevas tecnologías sociales estas conversaciones se han multiplicado por miles al permitir una interacción más fluida y eficaz entre las personas.
Si de alguna forma tenemos que explicar la función en los procesos de promoción del libro de estas nuevas aplicaciones de la denominada Web 2.0 (blogs, sindicación de contenidos, wikis, redes sociales, podcast, etc.) es que son herramientas que ayudan a fomentar una conversación en red entre lectores de libros.
Hasta hace poco tiempo las personas que ejercían la función de recomendar libros eran los libreros, los bibliotecarios, reputados críticos de suplementos literarios, algunos tertulianos de radio y televisión o columnistas de opinión en la prensa escrita. Con la llegada de las nuevas tecnologías las editoriales deben tener en cuenta a los nuevos líderes de opinión existentes en la Red y, sobre todo, el alto potencial de influencia que genera la interconexión entre los lectores de libros. Antes de avanzar, debemos dejar claro que estos nuevos líderes de opinión no sustituyen al periodismo tradicional, más bien lo complementan.

Autor: Javier Celaya

lunes, septiembre 25, 2006

¡Un espacio donde lectores, escritores y ciudad se encuentran!



es una red de equipos de lectura que ofrece a los lectores la posibilidadde encontrarse, elegir juntos un libro, compartir sus impresiones e invitara esta conversación a sus escritores predilectos.De esta manera el acto íntimo de leer se convierte en una experiencia compartida que propicia hallazgos insospechados.
Los libros, al igual que las ciudades, crecen y se multiplican a través de sus distintos recorridos. Al encontrarse en los espacios de la ciudad los lectores podrán intercambiar sus propios mapas y caminos secretos de lectura. Caracas será entonces ese gran libro que nos contiene y que debemos recorrer y releer

domingo, septiembre 24, 2006

LIBREROS- Viñetas

Gracias a Txetxu por esta imagen, y a los que estén de acuerdo ....


El Fin del Autor

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John Updike

Libreros, ustedes son la sal del mundo del libro. Están en la línea del frente donde, mientras el autor se encoge en su fumadero de opio, ustedes se encuentran - o "interactúan", como decimos ahora- con los norteamericanos raros y misteriosos que consienten en pagar 25 dólares por un volumen. Las librerías son fortificaciones solitarias, derramando luz en la acera. Civilizan sus barrios.Ahora vivo en una esquina de una ciudad pequeña de Nueva Inglaterra, que parece pueblo y tiene - ¡milagro!- una librería independiente, una de las pocas que han sobrevivido en el largo tramo costero entre Marblehead y Newburyport. Pero vivo, parece, en el paraíso de un tonto. El New York Times Magazine publicó un largo artículo que preveía con júbilo el fin del librero y, de hecho, el del escritor. Escrito por Kevin Kelly, identificado como el "viejo inconformista" de la revista Wired, el artículo describe una gloriosa digitalización de todo el conocimiento escrito. El plan que Google anunció en diciembre de 2004, de escanear el contenido de cinco grandes bibliotecas de investigación y hacerlo accesible, ha resucitado, según Kelly, el sueño de la biblioteca universal. "El explosivo aumento de la red, que pasó desde la nada al todo en una década", escribe, "nos ha estimulado para creer en lo imposible otra vez. ¿Puede que la tan anunciada gran biblioteca de todo el conocimiento esté realmente a nuestro alcance?".

A diferencia de las bibliotecas del pasado, continúa Kelly, "ésta sería verdaderamente democrática, ofreciendo cualquier libro a cualquier persona". El aspecto anárquico de auténtica democracia surge poco a poco. "Una vez digitalizados, los libros se pueden desenmarañar en una sola página o ser reducidos todavía más, en fragmentos de una página", escribe Kelly. "Estos fragmentos se mezclarán de nuevo para crear libros reordenados y estanterías virtuales. Como la audiencia de música, que ahora baraja y reordena canciones en álbumes nuevos (o 'playlists', como se llaman en iTunes), la biblioteca universal fomentará la creación de 'estanterías' virtuales: una colección de textos, algunos solamente de un párrafo, y otros tan largos como un libro entero, que formarán una estantería de biblioteca con información especializada.

Estas 'estanterías' se publicarán e intercambiarán en espacios públicos comunes. De hecho, algunos autores empezarán a escribir libros que podrán ser leídos como fragmentos o remezclados como páginas".Las repercusiones económicas de este paraíso de fragmentos que fluyen libres son consideradas con una engañosa informalidad, como algo natural, asunto de un desarrollo marxista inexorable. Cuando el modelo económico actual desaparezca, escribe Kelly, la "base de la riqueza" se convertirá en "relaciones, enlaces, la conexión y el compartir".

En vez de vender copias de sus obras, los escritores y artistas podrán ganarse la vida vendiendo "actuaciones, acceso al creador, personalización, información adicional, falta de atención (por medio de anuncios), patrocinio, suscripciones periódicas; es decir, todos los valores que no se pueden copiar".A medida que leo, esto me parece un escenario bastante macabro. "Actuaciones, acceso al creador, personalización" - sea lo que fuere- , ¿no nos hacen retroceder a las sociedades prealfabetizadas, donde solamente las personas presentes y vivas podían causar una impresión y ofrecer, por así decirlo, valor? ¿No han imaginado los escritores, desde los comienzos de la revolución de Gutenberg, que en sus textos escritos e impresos ya dan un "acceso al creador" más directo, más proporcionado, más rico en valor estético e informativo que una conversación personal no mediada o pulida?En mis primeros 15 o 20 años de autoría, casi nunca me pidieron dar un discurso o una entrevista. Se suponía que la obra escrita debía hablar por sí misma, y venderse sola, a veces incluso sin la foto del autor en la solapa. A medida que al autor se le retira gradualmente de sus viejas responsabilidades de confrontación y provocación indirectas, ha aumentado su importancia como una especie de anuncio parlante de su libro, una tarea mucho más agradable y halagadora, tal vez, que crear el libro en soledad.

Los autores, si entiendo las tendencias actuales, pronto serán como madres sustitutas, úteros arrendados en los que una semilla implantada por asesores poderosos se le permitirá madurar y, tras nueve meses, caer gritando al mercado.Cuando imaginamos un enorme flujo de palabras, virtualmente infinito al que se accede mediante motores de búsqueda y repleto de promiscuos fragmentos de palabras despojados de autores reconocidos, ¿no privamos a la palabra escrita de su anticuada función de comunicación entre personas mediante invenciones como el alfabeto y la prensa escritos; o, en resumidas cuentas, de responsabilidad e intimidad? Sí, hay un tonelada de información en la web, pero gran parte de ella es ridículamente inexacta, no editada ni atribuida, infantil.El libro impreso, encuadernado y pagado era - todavía es, por el momento- más minucioso, más exigente, con su productor y consumidor.

Es el lugar de un encuentro en silencio de dos mentes, una que sigue los pasos de la otra, pero que es invitada a imaginar, a discutir, a coincidir en un nivel de reflexión que va más allá del encuentro personal, con sus convenciones meramente sociales, su compasivo relleno de tonterías y perdón mutuo. Los lectores y escritores de libros se están acercando a la condición de resistentes, hoscos ermitaños que rehúsan salir a jugar bajo el sol electrónico de la aldea post-Gutenberg. "Cuando los libros se digitalicen", promete amenzadoramente Kelly, "leer se volverá una actividad comunitaria... La biblioteca universal se convertirá en un solo texto muy, pero muy largo: el único libro del mundo".Tradicionalmente, los libros tienen lomos: unos son rugosos, otros lisos, y muy pocos, por lo menos en mi extravagante editorial, incluso están coloreados.

En el hormiguero electrónico, ¿dónde están los lomos? La revolución de libros que, desde el Renacimiento enseñó a hombres y mujeres a apreciar y cultivar su individualidad, amenaza con terminar en una centelleante nube de fragmentos.Por eso, ustedes, libreros, defiendan sus fortalezas solitarias. Sus lomos son nuestras fronteras. Para algunos de nosotros, los libros son una parte intrínseca de nuestro sentido de la identidad personal.

The New York Times Book Review(fragmento)

Traducción de Marianne Kaletzky

Lucha Libr...o

jueves, septiembre 21, 2006

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www.ficcionbrevelibros.com

Nuestro interés es llevar la librería a la comodidad de su casa

Ficción Breve Libros ofrece, además de la venta de libros, otros servicios, entre los cuales podemos mencionar:


Búsqueda y localización de bibliografías específicas
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Producción de libros técnicos, científicos, educativos, etc.
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Traducción
Contenido web literario
Diseño y elaboración de Blog y páginas personales


Comprar en Ficción Breve Libros es muy fácil:Envíe un correo con el libro que desea adquirir (título, autor y editorial) a pedidos@ficcionbrevelibros.com, y recibirá de vuelta un correo solicitándole que confirme su pedido, incluyendo su nombre, dirección y teléfono. En 24 horas (Área Metropolitana de Caracas; 48 horas al resto del país) recibirá su pedido en su casa u oficina.
Nuestro interés es llevar la librería a casa. NO SOMOS UNA LIBRERÍA VIRTUAL, por lo que usted realiza su compra sin tarjetas de crédito ni transacciones de comercio electrónico. Queremos ofrecer todas las ventajas de las comunicaciones y el formato digital rescatando la calidez y el trato personal de la librería tradicional.
Se aceptarán devoluciones siempre que estén motivadas por defectos no especificados o errores en la descripción del producto solicitado.
Los envíos dentro de Caracas son gratis. Para el interior y exterior, los gastos respectivos corren por cuenta del comprador. Se establecen según tarifas vigentes en correos o agencias.

martes, septiembre 19, 2006

El libro y las nuevas tecnologías

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En los últimos días se está hablando y escribiendo mucho sobre el futuro del libro, los supuestos peligros de la digitalización de los mismos, la desaparición de las librerías de fondo, el supuesto auge de la piratería de libros gracias a las nuevas tecnologías, los nuevos derechos de autor, etc.

Es cierto que las nuevas tecnologías sociales derivadas de la web 2.0 no aportan aún soluciones definitivas sobre cómo serán los modelos de negocio de las industrias culturales en Internet, pero sí establecen que la participación de los usuarios (lectores, libreros, bibliotecarios, etc.) será uno de los factores más relevantes de los nuevos modelos. En este contexto de transformación constante y sin retorno a los modelos conocidos no podemos esperar a tener todas las respuestas para tomar iniciativas.

Ante estas declaraciones tan tremendistas, y con el fin de aportar algún elemento positivo a esta interesante conversación sobre el futuro del sector del libro, queremos destacar el excelente uso que están haciendo de las nuevas tecnologías en el lanzamiento del próximo libro de J.A. Millán “El candidato melancólico. De dónde vienen las palabras, cómo viajan, por qué cambian y qué historias cuentan” (RBA).

Según su propio autor, el libro forma una unidad indisociable con la Web a través de los siguientes elementos:

• Una amplia bibliografía y las notas al texto están sólo en la Web del libro .

• Para facilitar la labor informativa de los medios, la Web tiene una sala de prensa con todo tipo de materiales, como notas de prensa, fotografías, enlaces a las reseñas publicadas en medios, y ofrece la prepublicación del índice y del prólogo.

• Para los lectores, hay un concurso patrocinado por la editorial, que se extenderá a lo largo de varios meses.

• Por último han creado un blog para fomentar una conversación sobre libros entre lectores.

Hasta hace poco tiempo las personas que ejercían la función de recomendar libros eran los libreros, los bibliotecarios, reputados críticos de suplementos literarios, algunos tertulianos de radio y televisión o columnistas de opinión en la prensa escrita. Con la llegada de las nuevas tecnologías las editoriales deben tener en cuenta a los nuevos líderes de opinión existentes en la Red y, sobre todo, el alto potencial de influencia que genera la interconexión entre los lectores de libros.

http://www.comunicacion-cultural.com/

DE LA Introducción

"Hay una ciencia que estudia la historia de las palabras: la etimología. La etimología de una palabra es la historia de su origen y de los avatares que atraviesa hasta llegar a nosotros: es la historia de lo que significa y de lo que significó antes de significar lo que ahora significa. El lector puede ahora preguntarse legítimamente: ¿y cuál es la etimología de etimología? Y ésta es la respuesta: viene de dos raíces griegas: étymos, ‘verdadero’, y logos, ‘palabra’, con lo que significaría ‘el sentido verdadero de una palabra’. Hoy sabemos que la etimología no nos descubre exactamente la “verdad” que esconde la lengua[nota], pero sí que nos da una perspectiva privilegiada de su evolución, y de la evolución de la sociedad que la hablaba.
Pero además la etimología nos abre la puerta a la sorpresa y a la belleza, al descubrir cómo debajo de nuestras palabras más humildes hay escondidas joyas: en rebuzno podemos encontrar la huella del latín buccina, ‘trompeta’ (de donde viene también la bocina de nuestros coches), y esa comparación irónica o admirativa ha viajado por el tiempo hasta quedar oculta. Lo expresó muy bien el autor norteamericano Ralph Waldo Emerson[nota] en 1844:

El etimólogo descubre que la palabra más muerta fue una vez una brillante pintura. El lenguaje es poesía fósil. Igual que la caliza del continente proviene de infinitas masas de conchas de animales minúsculos, del mismo modo el lenguaje está compuesto por imágenes, o metáforas, que ahora, en su uso secundario, hace mucho que han dejado de recordarnos su origen poético."

domingo, septiembre 17, 2006

Semana de los Libros Prohibidos

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Desde 1982 se celebra en EEUU la conocida como 'Semana de los Libros Prohibidos', con la que varias asociaciones de bibliotecas, editoriales y escritores quieren reivindicar la libertad de leer cualquier libro e invitan a los ciudadanos a hacerlo con varias obras que se intentan prohibir.

Este año se celebrará entre el 23 y 30 de septiembre, y en esta 25 edición se ha querido unir 'Google Books' con esta página especial, en la cual se anima a los usuarios a descubrir algunos libros que diversos grupos de presión (organizaciones religiosas, de padres, de profesores, ...) pretenden que no sean leidos.

Entre ellos, 'Google Books' ha escogido obras tan conocidas como "El guardián entre el centeno" (J.D. Salinger), "1984" (George Orwell), "Lolita" (Vladmir Nabokov) o "Ulysses" (James Joyce). No se ofrecen enlaces con contenidos completos de estos libros, sino que se invita a visitar las bibliotecas para poder acceder a ellos (ver ejemplo).


Fuente: google.dirson.com

VIA: ListA de NaCHo

Libros prohibidos en el Siglo XXI

Los libros como elementos comunicativos del saber y de las ideas de los seres humanos han sido objeto de persecuciones y censuras de todo tipo, desde parciales a totales. Un ejemplo significativo es el que nos dio la Iglesia Católica, hubo un tiempo en el que esta institución dentro de su doctrina moral nos señalaba con severidad lo que no debíamos leer. De hecho, las publicaciones prohibidas eran tan numerosas que la Iglesia tuvo que empezar a componer un listado de todos ellas, recibió el nombre de índice de libros prohibidos - Index Librorum Prohibitorum - que fue mantenido desde 1559 hasta la próxima fecha de 1966 y abandonado definitivamente durante el papado de Pablo IV dentro de los preparativos del Concilio Vaticano II. Con esta recopilación se buscaba la prevención de la lectura de libros o trabajos inmorales que contuvieran errores teológicos, además de evitar la corrupción de los fieles católicos. Pero no sólo se prohibía a sus fieles que leyesen tal o cual libro, incluso, se iba un poco más allá; organizando juicios para que el autor de aquello publicado, y que a la institución considerase inmoral, defendiese sus tesis en un tribunal de justicia de la Santa Inquisición.
Este Index ejemplariza perfectamente los intentos reiterados de control al que el libro ha estado sometido a lo largo de su Historia y particularmente desde la aparición de la imprenta. En cualquier caso, no debemos olvidar que no han sido las instituciones religiosas las únicas que tratan de ajustar lo que se afirmaba en los textos, sino que coetáneamente también los distintos monarcas del Antiguo Régimen trataron de controlar la edición y publicación de libros a través de los Privilegios reales de Impresión. Así que, más o menos, todo elemento que ostentente el poder, ya se trate de dictaduras o no, u otros elementos próximos a él (organizaciones morales, poderes fácticos, agentes económicos…) han tratado de controlar y limitar la circulación de la información y el desarrollo de nuevas ideas no correspondientes a sus deseos o pareceres.
Desde luego que la censura, el control de la información que se difunde, los comentarios críticos, el pensamiento discordante ya no se limita tan sólo al material impreso, sino que actualmente es Internet y de una forma particular los blogs, con la connivencia de algunas empresas, los que están sufriendo un nuevo tipo de censura.
Pero en la lucha contra la censura, pasada y actual, siempre podemos encontrar a algunos bibliotecarios que nos recuerdan y difunden nuestro derechos a pensar, opinar y creer libremente sin cortapisas. La American Library Association (ALA) dedica la última semana de septiembre a recordar los libros que por diversos motivos han tratado de ser censurados o simplemente prohibidos dentro de los actos que desarrolla en la Banned Books Week. Lo que se persigue es precisamente una contramedida, esta vez desde una perspectiva positiva, publicitar y defender los libros censurados mediante una lista, un índice si se quiere; a la vez que celebrar y reinvidicar la posibilidad tanto del autor como del lector de expresarse libremente. En definitiva, la denfensa de la oportunidad de leer y ser leído.
Los bibliotecarios norteamericanos entienden este acto como una forma de recordar y defender la Primera Enmienda de su Constitución apoyando la libertad de expresión y pensamiento, así como la denuncia de distintos actos para recortarla. Por supuesto que las bibliotecas y los bibliotecarios participan de una forma activa en esta denuncia destacando en sus instalaciones los libros censurados y apremiando a los usuarios a que los lean. Desde luego que se trata de una gran iniciativa que debería tener su reflejo en España como una forma de evitar la alineación del pensamiento.

Vía - Periodistas21

sábado, septiembre 16, 2006

o liVreiro de perNambUco

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Paulinho Assunção, em seu A livraria sem portas (Romance, 187 páginas, Manuel Legúrio Editores, Caracas, Venezuela, 2001), toma de empréstimo as memórias de um livreiro de Recife para iniciar a vertiginosa trama de seu livro. Um dos trechos situados nas páginas centrais do romance é o seguinte:

“Em 50 anos, guardei de cor o gosto, os caprichos, as manias, as esquisitices e até mesmo a impaciência de leitores que aqui estiveram para observar, manusear, ler em pé, ler encostado nas estantes ou até mesmo comprar um livro. Tudo eu daria, porém, para saber quem era a mulher de negro que aqui esteve no 15 de agosto de 1962. Ela entrou, foi à estante de filosofia, ali demorou pouco mais de dez minutos, enxugou duas ou três lágrimas e partiu. Sem dizer um ah, sem emitir qualquer som, sem um mínimo cumprimento”.

Quixote & Kafka em Belo Horizonte

incluso nosotros los brasileños, o mejor, mineros, ou melhor, mineiros de Minas Gerais, que los entendemos y ustedes nos compreendem, amém.

Qué duda cabe… Todas.

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Asumir que no se duda es en este caso un recurso comunicativo como cualquier otro: Claro que dudamos. Dudamos de todo. ¿Soy Pablo? ¿Mi vida es mi vida?… La génesis de este proyecto bebe, como es público, de un texto de J.M. Gisbert en donde la duda se confunde con el sueño en la Leyenda del Universo Sur… Por tanto vaya por delante que dudamos; y vaya cómo dudamos.
Es por ello que estoy seguro de una serie de cosas –a resultas de la lectura en el Suplemento Babelia de El País, de hoy sábado, del los artículos de John Update… Perdón John Updike, y de Enrique Vila-Matas.
Lo primero, es de que en lo relativo a lo tecnológico en nuestras vida no hay vuelta atrás. No la hay, por más vueltas que le demos, ni por más temperatura que tome la cuestión. No hubo vuelta atrás cuando se aprendió a controlar el fuego, ni hubo vuelta atrás cuando se descubrió las aplicaciones de la rueda. Los movimientos “por un mundo sin fuego” o “por un mundo sin rueda” no me interesaron entonces, ni me interesan ahora. Sin embargo gozan de mi simpatía aquellas mentes que se pusieron manos a la obra en aplicaciones que realmente mejoraron la humanidad, más allá de “quemarla” o de “ruedearla”.
Lo segundo es el valor de la individualidad. La ciencia, ha desmontado la verdad religiosa de que todos venimos del mismo barro y nos ha otorgado a cada uno un código único e irrepetible; no ya en el seno de la humanidad, sino aparentemente en el seno de todo el cosmos. Y por tanto, opino que tiene el mismo valor mi abuelo cuando se vanagloriaba de que jamás se había puesto un jeans o una gorra de béisbol, que ese escritor que jamás ha usado un ordenador, o ese que sigue haciendo fuego en la terraza de su casa para comunicarse con su editor, al margen del móvil. Su valor singular no quita que la telefonía celular y la computación personal significan sendos avances para la humanidad.
Lo tercero es la certeza de que pase lo que pase, soporte más soporte menos, hasta el fin de los días, habrá un ser humano contándole una película a otro, en alguna parte. En el antiguo Egipto se pensó que el pergamino era enemigo de la mnemotécnica en tanto que ¿para qué recordar algo que se escribe?… Durante los oscuros años del Medioevo… Luego la imprenta estableció nuevas reglas de juego y los adalides del Mester de Juglaría dejaron de estar tan de moda.
Hace unos años había una propaganda de Aerolíneas Argentinas cuyo lema era “Cada 5 segundos, aterrizando y despegando en lgun lugar del mundo”. Yo creo que hoy podríamos adaptar ese slogan de esta forma: “Cada 5 segundos, alguien teme que se le acabe el chollo”.
Se dice que el escritor Javier Marías escribe a mano… Y me parece perfecto. Él es una persona singular en muchas cosas. Quizá incluso sea un genio. Se sabe también de la existencia en el pasado de tremendo músico sordo, así como de algun escritor magno, ciego. Pero eso son singularidades, no ejemplos a seguir. El mundo de hoy no nos permite movernos a mano y a tientas.
Hace unos días hemos regresado de un viaje de trabajo por Camerún. En una casión comenté a nuestro contacto local sobre mi costumbre de traerle un libro a mi hijo de aquellos sitios a donde voy… ¿Librería? –masculló… ¿Librería en Youndé?… Pues no sé. Me dijo que conseguir ese tipo de libros era muy complicado. Y entonces me comentó en broma que si quería que me trajera para mi niño, a la hermana de su madre, quien según parece, ha sido la que ha contado cuentos a sus once hermanos desde que nacieron… y que tiene bastante por mano el tema de historietas de por allí. Así que nos pusimos a charlar, en relación a todo el quilombo que anda montado con el tema del scanneo de textos por parte de Google. Mi pregunta fue sencilla… Le dije oye ¿no sería bueno que todos los libros humanos –y no humanos- estuvieran a disposición en la red para que cualquiera pudiera consultarlos simplemente a un par de clicks de ratón? Su respuesta fue: Claro! Sería genial… ¿Alguien da más?
Y por último, la cuarta cosa de la que estoy totalmente seguro es de la combinación de espacios y de tiempos en los procesos dinámicos… Yo no conozco la librería Blackwell’s, situada en la calle Broad, ni la Everyman’s, situada en la Quinta Avenida… Tampoco conozco Newark. Ni tampoco conozco la mayoría de los paisajes que me comenta Herodoto en sus charlas. Pero sé, que todo lo positivo que tiene un libro de bolsillo cuando estoy en el metro o en un avión, lo pierdo cuando pretendo hacer un regalo institucional… Regalo, a su vez, que se convierte en una pesadilla de peso, si lo he de transportar en metro o en avión. Cuando se empezó a gestar lo del viaje a Camerún, tomé mi vieja Enciclopedia Salvat (cuyos 20 tomos, tanto me ha costado ir trasladando por el mundo) y empecé a leer… “Colonia inglesa…” La información que he encontrado en Wikipedia, no es que sea mucho mayor, que sí, pero al menos, está más al día.
Todo tiene su momento, su tempo y su valor. Y es perfectamente plausible que convivan libros en papel, con libros en un nuevo material por descubir que no signifique talar árboles, con artículos en revistas digitales y conferencias y, el que sea lo suficientemente avaricioso, con esas interminables giras promocionales -para vender, vender y vender… Todo eso puede convivir con todo el saber humano en red, sin que eso le quite clientela a Blackwell’s, de la calle Broad.
Sylvia Plath no intentó suicidarse en la habitación del Astoria, sino en el horno de su casa de clase media que podán pagarse con su marido, también intelectual de fuste, pero de vida mediana, como es sabido. Muchos grandes escritores del s. XIX, vivieron a todo tren, más no por ser escritores, sino por ser periodistas… ¿Qué pasa si volvemos a una etapa en donde el escritor deja de ser profesional y pasa a ser vocacional otra vez? Pues no pasa nada. A muchos les quedará algo de envidia por la vidorra y el prestigio socioeconómico que han alcanzado los del boom latinoamericano, pero nada más… Yo, si tuviera unos segundos de charla con Rimbaud, no se me curriría preguntarle cuando ganaba con sus poemas (sabiendo como sé, que las cuatro pelas que hizo las hizo como traficante de armas en África)… Quizá, en un panorama así, se dejen de editar tantas novedades al minuto… O quizá, se editen el doble.
Ser poeta no es que te contrate Prisa para la contraportada o que vendas 3 ejemplares con Visor… Ser poeta es vivir como un poeta, amar como un poeta, pegarse como un poeta y quemar la vida como un poeta. Lo demás, son detalles que sólo afectan a los que tienen miedo a perder su silla, su kiosko, o sus cuatro perras gordas ganadas con el sudor de su frente. Ahí queda el Caso Zafón por ejemplo, sentando precedente: Oye, si lo que escribes es bueno, tremendamente bueno, no te preocupes, que podrás ganarte la vida con ello. Pero tendrá que ser bueno, bueno de verdad. Por lo demás…
¿Es posible hoy gritar ¡eh, yo soy el autor de eso!?… Lo dudamos.

VIA: Tökland

http://www.elpais.es/suple/babelia/

viernes, septiembre 15, 2006

Libreros- Israel Centeno


"De un tiempo a esta parte he cambiado el color de los marcadores con los que corrijo y tacho. Uso el verde, el naranja y el rojo; así tengo mis manos, llenas de trazos como un tigre sicodélico. En estos días me ha tocado moverme entre el follaje de mi biblioteca; por Dios, qué imagen tan arbitraria, pero no haré nada, la voy a dejar; es más, continuaré con ella, en el follaje de mi biblioteca y manejando una crisis de insomnio, ahora tenue, me he ido desplazando y descubriendo que nada está por descubrirse, o que todos está descubierto y oculto en los volúmenes de los libros.Me gusta estar entre libros.

Fui librero por pocos meses, un año quizá, un librero solitario de una tienda virtual. Fueron momentos felices, me pasaba el tiempo en Mata de Coco, entre anaqueles y detrás de mi tenía una ventana majestuosa o un cuadro vivo del Ávila. No me asisten bajos sentimientos, a veces me asustan algunos, pero hace mucho que me guardo de los excesos del amor (Será). Decía esto porque me imaginaba una torre de marfil. Todos deberíamos pasar una temporada en una torre de marfil, habitados por nuestras ficciones y asombrados por los universos entramados que se descubren en las horas de insidiosa lectura; liberados de las tentaciones de alterar el curso de la historia; protegidos de las seducciones del titanismo tropical.

No sé por qué se ha estigmatizado con saña este ejercicio de recogimiento. (¿A veces no les molesta sentirse que forman parte de un grupo de tertulianos de un programa del corazón de Antena 3?) Es aconsejable estar entre libros esperando mejores tiempos para el amor y para el odio, las dos fuerzas que, junto a sus matices y adyacencias, mueven al mundo; y vivir todas las vidas posibles y morir todas las muertes en los otros que escribieron antes, de eso debe saber mi amigo Roger Michelena, un monje epicúreo, un goliardo que no se priva de nada y que acontece con la pausa que le otorga asumir su trabajo como una de las bellas artes; un arte profano y hedonista...

Israel Centeno

jueves, septiembre 14, 2006

Los libros y la vida


"De niña, tendida en la cama, miraba mis libros en el librero y los contaba para dormirme. Si otros contaban borregos para adormecerse, yo mis libros leídos. La costumbre inició cuando terminé el ciclo de novelas de Louise May Alcott (Mujercitas, Aquellas mujercitas, Hombrecitos, Qué fue de nuestros hombrecitos, Los muchachos de Jo, Bajo las lilas) y se clausuró cuando el librero se había crecido ya por cuatro paredes de mi dormitorio e incluía al final los libros de Wilhelm Reich (La función del orgasmo, Sicología de masas del fascismo,¡Escucha, pequeño hombrecito!).Mi librero era mi mundo: lo supe de niña y lo supe luego a los 18 años, ya con la autoridad que me daba haber leído la definición de Ortega y Gasset de la palabra mundo: en los libros de mi librero estaban una por una todas las palabras que nombraban una por una las cosas del trozo de realidad que yo como sujeto conocía, nombrando. Cuando le dije a mi padre que me iba de la casa a vivir con alguien, sin casarme oficialmente, sobre el hombro de mi padre podía distinguir el lomo de La función del orgasmo. Décadas antes, aún antes de mi nacimiento por supuesto, mi padre le había regalado a mi madre el mismo libro, y a raíz de ese libro liberador ella se fue a vivir con él, olvidándose de los protocolos sociales del matrimonio. El verdadero matrimonio según Reich es un nudo de libidos, con ritmos y tiempo de caducidad biológicos. Así que amparados bajo el signo de un libro de Reich mis padres me concibieron (imagino que con gran gozo) y luego él, que vivía ya solo para entonces, me dio la despedida de su casa (con gran gozo a la vez que tristeza). Pero mis libros los dejé en la casa de mi padre..."

Sabina Berman
Sabina Berman, mexicana, es dramaturga, poeta, narradora, y directora contemporánea. Nació el 21 de agosto, 1956 en México, Distrito Federal. Estudió psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México

La tinta, la tinta, la endiablada tinta


"De las variantes de tortura, la tinta sobre el papel es de las más extraña y paradójicas, pues la existencia misma de la tinta ha permitido y permite la impresión de buenos y perdurables páginas, folios diría Almela. Pero en cuanto a subrayar algo, en fin, qué hacerle. La tinta es endiablada. Pero la tortura mayor es cuando el lector es lerdo, menso, obscuro, y subraya todo. ¿Para qué? Hace poco me sucedió con una primera edición. La nota del vendedor decía algunos subrayados. Debió decir, algunos no subrayados, o algo por el estilo. Es un libro prácticamente ilegible y cuya restauración sería obra de muchísimo tiempo..."

LEIDO EN: ERRATAS EMINENTES

la ley del libro a debate en mexico


Estupendo monográfico del diario el Universal sobre el debate originado por todos los sectores involucrados en el libro desde lectores hasta libreros, otro tanto es recogido en el estupendo blog de Alfredo Herrera Patiño, Erratas eminentes ....aquí en Venezuela nos gustaría tener un debate sobre la ley de igual nivel, pero nuestro sector siempre apático sucumbe ante los negocios que puede hacer con el estado...

Por los lectores, con argumentosLa CFC siempre ha estado dispuesta a la discusión abierta. Emitimos formalmente nuestra opinión sobre el proyecto de Ley hace casi un año, el 6 de octubre de 2005, en un escrito dirigido al Senado de la República y a la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana, señala Eduardo Pérez Motta, presidente de la Comisión Federal de Competencia....


En opinión de los columnistas
Leer o no leer: Alberto Barranco


A favor
FCE apoya el precio único: Sáizar
Libreros del país por precio único
Fundamentalismo contra lectores: Alberto Ruy Sánchez
´Hacienda nos trata como a vendedores de zapatos´


En contra
Por los lectores, con argumentos: Pérez Motta
Editores buscan desactivar la competencia: CFC
El precio único sí impactará la lectura: Paco Ignacio Taibo II
Ley de Libro mantuvo opositores hasta que se aprobó


Apoyada por gremios de la cadena productiva del libro y aprobada en el Congreso, la ley fue vetada por el presidente Vicente Fox

NOTA ´Lo que se le dijo a Fox sobre la Ley de Libro fue doloso´

martes, septiembre 12, 2006

El librero erótico

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Hace pocos años, el editor y escritor francés Jean-Jacques Pauvert, especialista en literatura erótica, nos puso sobre la pista de un posible librero, de nombre Armand Coppens, en Amsterdam, Holanda. Pero ni él ni nosotros obtuvimos respuesta a nuestras cartas, ni tenemos constancia de que exista tal librero, ni de nadie que responda a este nombre, en la dirección que se nos dio. Por lo tanto, sigue el enigma. ( del prologo...Coppens, Armand: Memorias de un librero pornógrafo. Ed. Tusquets, 1991)

Las Memorias de un librero erótico ("pornógrafo" en la traducción española) que, escritas en el siglo XX, podrían inscribirse en la mejor tradición francesa de la literatura erótica del siglo XVIII, siglo muy fructífero y eminentemente creativo en este género. "Un librero que pasa de la biblioteca a la alcoba o del libro a la cama con el desenfado y el tacto de un erudito y de un disoluto", dice la publicidad del libro. Como es habitual en este tipo de libros, el misterio del autor se mantiene: no se sabe a ciencia cierta si Armand Coppens es su verdadero nombre, ni si es realmente librero... Aunque el que lo escribió sabía de libros antiguos y de ese mundillo coleccionista del siglo pasado, que no ha llegado a éste.

Este librero de ocasión pasa de la página al acto, de la biblioteca a la alcoba, del libro a la cama con el desenfado y el tacto de un erudito y de un disoluto. Entre lo que la lectura de ciertos libros suscita en la fantasía sexual de un librero bibliófilo y los actos que su fantasía le conducen irresistiblemente a llevar a cabo, median apenas sutiles fronteras que ningún ser humano sería capaz de delimitar y menos aún de juzgar… Porque quien esté libre de pecado de imaginar y fantasear ¡que tire la primera piedra !

¿Tiene límites la pornografía? ¿Abre la mente o la ofusca? ¿Las orgías anulan la individualidad del erotismo? ¿Puede un ser eróticamente perverso sentirse fuera de lugar en una orgía? ¿Qué son los voyeurs? Todos estos temas se debaten entre polvo y polvo, y conducen, al igual que en Sade y en todos los opúsculos que se han escrito desde el siglo XVIII, a una defensa filosófica del libertino: epicureísmo al poder

El librero asesino

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"¿Qué escritor no ha querido asesinar alguna vez a su editor? Razones no le faltan y los móviles pueden ser diversos: argucias más o menos leoninas en las cláusulas del contrato, dilaciones en la publicación del libro, promesas incumplidas de cara al lanzamiento, poca o nula diligencia en lo pertinente a la divulgación y promoción de la obra, confusas cifras en el debe y haber de las liquidaciones periódicas, autopiratería y quién sabe cuántas otras malas artes justificarían el editorcidio tan temido.

Se argumentará que todo esto es factible, pues la mayoría de los escritores son asesinos en potencia y, además, están cobijados por una impunidad absoluta. Y no nos referimos aquí al tan extendido hábito entre periodistas y políticos de deshonrar y luego asesinar la lengua, sino a motivaciones más directas y específicas. Es comprensible -e incluso plausible-que un escritor desée matar a un crítico. O a todos los críticos...

En cualquier caso, si algo resulta raro es admitir que un editor mate a un autor, a no ser que use las siempre expeditas vías del hambre o la indiferencia. Por otra parte, algunas veces se ha dado el caso de un lector que, con fundadas razones, ha intentado matar a un autor y con algo de suerte ha conseguido su propósito. De todas formas, cosas más extrañas suceden en el mundode la escritura. Por ejemplo, que el segundo libro de Aristóteles sobre la risa mate a quien lo lea, como lo tramó el implacable ciego Jorge de Burgos en la célebre bibliometáfora que forjó Humberto Eco en El nombre de la rosa. O que un traductor se robe la mitad de las propiedades y riquezas que encuentra en una novela y nos ofrezca una mínima parte en la lengua en la que leemos esa historia, como el cuento «El traductor cleptómano» de Deszö Kostolányi. Y abundan muchas otras excentricidades por el estilo. Recordemos el texto que se borra, que se suicida a medida que el autor avanza en su elaboración, el poema «La encina» que aparece en Orlando de Virginia Wolf.

Pero si algo resulta totalmente extraño y paradójico en esa compleja familia que convive en torno al libro, es que alguien tan proverbialmente ecuánime y sensible como el librero se convierta en un asesino. Y no nos referimos a que mate a quienes tan furtiva como reiteradamente expolian los anaqueles de su negocio, sino que extermine metódicamente a sus más fieles y generosos clientes....

LEER MAS EN: El librero asesino de Barcelona por R. H. Moreno Durán

domingo, septiembre 10, 2006

Contra la literatura infantil

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Cuando veo un diminutivo soy Herodes. Me gustaría asesinarlo, retorcerle el pescuezo, desmembrarle el ito que le sobra, destripárselo, extirpárselo, hacerlo trizas. Lo mismo me sucede cuando veo un arcoiris que danza (porque los arcoiris nunca faltan), un conejo que canta, una mariposa enamorada de la luna (porque la luna nunca falta), un ratón encorbatado. Todos. Todos al crematorio.

De la literatura infantil se duda que sea literatura. Y muchas veces con razón. Y cuando se refiere a ella con el sustantivo literatura, pues se acompaña siempre además –inevitablemente, compasivamente- con el adjetivo infantil, como para aclarar, como para distinguir, como para nivelar –o desnivelar-, como para sacudírsela, pues. Para marcarla. De esta línea no pasas. Nosotros aquí. Ustedes por allá.A la literatura infantil se le ponen además, como añadidura, como deslave, el sagrado deber de educar, orientar, qué se yo, llevar al niño por el camino de un bien que el adulto cree necesario. Es entonces cómo, antes que poetas o escritores, los primeros jurados –una suerte de filtro- que tienen casi todos los concursos literarios internacionales de esa categoría son un grupo de docentes –bien derechitos ellos, con lupas-, filtrando marranadas, filtrando la palabra “culo”, que está mal dicha en un cuento, aunque los niños la digan en el recreo, filtrando dudas, tristezas, extravíos, filtrando lo que ellos creen que los niños no van a entender, adultos limitados de infancia. Los niños siguen siendo, para la mayoría de las editoriales, pulcros alumnitos sentados en primera fila. Y si no lo son –porque seguramente no lo son los hijos de los editores- pues entonces hay que llevarlos por el carril con las letras. O disfrazarlos –es más fácil- de animalitos que cantan en el bosque, de monigotes sin vida real, sin calle, sin acera, sin apartamentico de 50 metros cuadrados. O también, otra aberración –que además incluye otra variante: el no pago de derechos de autor- está el facilismo de agarrar los relatos indígenas y “limpiarlos” de impurezas que alguien delimitó así y lanzarlos asépticos, esterilizados, desinfectados al mercado. Eso sí, con muchos dibujos, con tapa dura, a todo color. Porque hay quien dice que hay que hacer los libros para los papás que los compran, para los colegios que los ponen en la lista de útiles escolares, para el Ministerio de Educación que los exige en el programa escolar. No para los niños. Para los niños nunca.

¿Y de qué hablan los niños en el recreo? ¿Qué miran por Internet? ¿Qué ven en la televisión? Los niños hablan de violencia y hablan de sexo y se cuentan historias de terror y hablan de rabias y hablan de dolores y hablan de los divorcios de sus padres y hablan de las tetas de silicona de sus madres y de la muerte de los abuelos. Sí. Hablan de eso. Ah, y de política. Que si Chávez. Que si las ocho estrellas. Y ven en Internet páginas pornográficas, porque las ven, y juegan Counter Strike donde destripan a cuchilladas o muelen a balazos al enemigo. Y ven las películas de los canales de cable, incluso esos canales que los padres aseguran con claves siempre fáciles de descubrir. Ese es su mundo. Y mientras, mientras, la literatura infantil les dice lerolero, la fiesta de los ositos panda, el baile de los hipopotamitos, la princesa y el rey. Cuando en este país ni hay ositos panda, ni hipopotamitos, ni princesitas, ni reyecitos, ni un carajo.
Y después los papás se quejan: Es que le compré un librito precioso, puras maripositas de colores y el carajito ni se lo leyó. Los niños de ahora no leen, culpa de la televisión. Mejor le compro un nintendo, qué voy a hacer.

Creo que la literatura es un espacio para la representación, la ficcionalización, la revelación del sí mismo, para lo lúdico y también para lo doloroso, para el miedo, para la felicidad y la infelicidad. Para la vida. Incluso para la muerte. Y un libro es para tenerlo al lado, para que sea tu pana. Creo que bajo esos parámetros debe verse la literatura infantil. No es que ahora vamos a lanzarles un Counter Strike en cuatro tomos o una página porno versión papel. No es eso –así me reducirán los más conservadores, he ahí la perversa que quiere malograr a los carajitos-. No. El caso es que hay que pensar que ésos –los chamos que se ladillan un domingo porque tienen que ir a casa de la tía- son los niños que quieren leer y para que los libros los sientan como parte de ellos deben acompañarlos en el mundo en el que viven, deben ser sus cómplices. ¿Qué buscan los niños en Internet, la televisión, el recreo? Compartir con sus pares, en primer lugar; reírse (aman el humor, aman el doble sentido); entender (por eso el interés por la sexualidad); asustarse (les encanta una película de miedo); querer y ser queridos –gustar y ser gustados-; sentir el placer de la aventura y el riesgo (por eso el regusto por la violencia); enfrentarse a un sonido que les acecha, que oyen en los pasillos, en la cocina, a escondidas, ese rumor de la muerte. Son y quieren ser seres humanos completos y complejos, como somos los adultos. Con contradicciones, con peos.

Por eso yo digo. No escribo literatura infantil. Estoy en su contra. No me pidan diminutivos ni frases cortas ni lunas niñas que van al encuentro de nubes que han caído en el río. Yo escribo. Y tengo la suerte, la magnífica suerte, de que los niños me leen. Y que se enrojecen, se entristecen o se cagan de la risa con mis cosas. Gracias.

MIREYA TABUAS:

Narradora y periodista. Participó en los talleres de Narrativa del Celarg (1987-88). Su obra ha obtenido diversos reconocimientos, como: Premio de Dramaturgia Infantil Aquiles Nazoa, Premio de Literatura Infantil de la Bienal Mariano Picón Salas (1991), Premio de la Bienal Canta Pirulero del Ateneo de Valencia (1994), Primer Premio del Concurso de Literatura Infantil de la Fundación del Niño (1998). También fue galardonada con el Premio Nacional de Periodismo (1996). En 1999 publicó su libro Cuentos para leer a escondidas.

Trattoría los hermanos chang

Donatien Alphonse François de Sade (1740: 2 de junio-1814: el 2 de diciembre)


EPITAFIO
“Arrestado bajo todos los regímenes. Paseante, arrodíllate para rezar por el más desdichado de los hombres. Nació en el siglo pasado y murió en el que vivimos. El despotismo, con su horrible mueca en todo momento le hizo la guerra. Bajo los reyes, ese monstruo odioso se apoderó de su vida entera; bajo el Terror reaparece y pone a Sade al borde del abismo; Bajo el Consulado revive: Sade vuelve a ser la víctima”.

Descubrimientos las obras completas del " Divino" Marques en formato digital

La Obra del Marqués de Sade
Bibliografía Completa
Obras en formato digital
Revisión y comentarios a las principales obras del Marqués
Enlaces a sitios en los cuales puedes adquirir las obras de Sade

http://www.sade.iwebland.com/obra.htm

Carlos Monsiváis y su elogio a la lectura

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Convocado por Julio Ortega para hablar de "La vida del libro en México".

Aunque las conclusiones son iguales por lo menos para toda América Latina y ya me dirán Txetxu , Pablo, Brétemas, o sfer de Librosfera. si es así del otro lado del charco

¿Cómo afecta la globalización a los procesos de lectura? Se perfeccionan, o si se quiere se vuelven casi inapelables, procesos que ya se advertían desde hace décadas. El primero: el avasallamiento de las industrias culturales de Norteamérica, que en materia de lectura imponen - proponer sería un verbo de enorme modestia- dos grandes zonas del consumo: los best sellers (a tal punto identificados con los viajes, que si uno está en su casa, de cualquier modo se abrocha el cinturón de seguridad) y la literatura de autoayuda o de expresión personal.Internet obliga a un mayor ejercicio de la lectura, así sea fragmentaria y opuesta a las prácticas antiguas de concentración.El autor se considera cada vez más representante de los lectores, debido al proceso que a todos, en algún nivel, nos vuelve emblemas de lo global. Falta poco para escuchar en las reuniones las expresiones del tipo "qué global que vistes", "no tenía idea que fueras tan local".

Las editoriales por fuerza tienden a integrarse con grandes holdings, y el gran mérito de las editoriales pequeñas y medianas es y será convertir su resistencia en una alternativa institucional.Gracias a la lectura, cada persona se multiplica a lo largo del día. El impulso del personaje de un relato, de una atmósfera literaria, de un poema, renueva y vigoriza las opiniones morales y sociales. Vuelve por unas horas un poeta o un narrador al que complementa con su imaginación lo leído. Ayuda a situarse ante el horizonte científico, político o social. Vigoriza el sentido idiomático.¿Ha disminuido el hábito de la lectura? Tal vez sí.

Y uso el "tal vez" porque según mi experiencia, antes tampoco se leía mucho, y el analfabetismo funcional se expande por razones diversas que incluyen la falta de hábito social y familiar en la lectura, el desinterés de los gobiernos, el desinterés de la sociedad, la ausencia de educación básica de la recomendación de libros, la decisión involuntaria de considerar bibliotecas y librerías espacios hostiles y extraños.Muy poco se consigue si se quiere obligar a la lectura a las personas o a las comunidades. Sí hay tal cosa como la vocación de lectura, y los estímulos y las incitaciones al libro, pero no milagros en el estilo de: "Una mañana Gregorio Samsa despertó y comprobó que había leído de principio a fin la enciclopedia británica". Los grandes lectores, los lectores profesionales, por así decirlo, seguirán siendo minoría.

La cultura fílmica de hoy es otra ruta formativa, y lo visual actúa como vía mayoritaria. Sin embargo, nada reemplaza, ni puede reemplazar a la lectura en lo tocante a la comprensión de la historia de la sociedad y los seres humanos, a la estructuración lógica de conocimiento y al simple hecho de la comunicación intelegible.

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