jueves, agosto 31, 2006

Declaración de independencia de la blogosfera: por los ciudadanos hackers

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Internet es una oportunidad. Los blogs son, dentro de la red, otra oportunidad para recuperar el poder que porporciona la sinergia entre la identidad individual y la colaboración de muchos. Pero para lograrlo se necesitan ciudadanos hackers que construyan activamente una ética de su acción en la red y en el mundo real. ¿Existe alguna oportunidad de lograrlo?, todo dependerá de como se construya el futuro. Pongámonos a trabajar:

– Rompe el código cerrado del elitismo, de los fundamentalismos de todo tipo. Abre el código de la conversación y de la transversalidad intelectual.

– Se inquisitivo, rompe con las ideas aceptadas sin crítica, pregúntale a los datos disponibles, recombina la información para observar la realidad desde otros puntos de vista.

– Internet ofrece un espacio virtual de libertad, autónomo de las autoridades del mundo físico. Pero esta independencia será siempre temporal, en cualquier momento es susceptible de terminarse o de reinventarse; por lo tanto, aprovecha esta independencia transitoria intensamente.

– Escribe sobre lo que desees, sobre tu vida o sobre el mundo. Todo es útil, nada impide que exista en la red; sólo aquel al que le interese (si existen esos personajes hipotéticos) te leerá.

– Aprende “idiomas”, descubre gente e ideas alejadas de tu entorno geográfico y cultural. Construye nuevos mapas con tus exploraciones y compártelos con tus “vecinos”.

– Traslada tu ética y tu actitud intelectual en la red a tu vida “física”. Conviértete en un hacker ciudadano. Pero, toma precauciones; en el mundo “real” existen más fuerzas y más poderosas que pueden impedir tu acción.

– Ampárate en el anonimato si lo crees necesario para evitar censuras legales o sociales. Mantén y promueve tu identidad virtual, aunque no tenga una correspondencia visible con tu identidad “real”. Guíate por tu honestidad, elabora tu propia ética de actuación.

– Colabora con las redes. Pero no permitas que te conviertan en un elemento genérico y prescindible. Tu fuerza, la de todos, está en unir el poder de muchos al valor del individuo. Relacionate intensamente con el resto e la red, pero libremente.

– Enlaza, enlaza, enlaza.

– Haz gala de no incluir publicidad en tu blog … o incluye anuncios en tu blog y gana dinero, si puedes. Ambas opciones son válidas si se hacen con honestidad y transparencia. No importa tanto lo que haces, importa como lo haces.

VIA: Juan Freire

Happy BlogDay 2006!!!





Mis cinco propuestas para el Blog day

Convalor ..creativo, cultural, crea cimientos

bretemas ...bárbaro, buenas bases, bastión

Ciberescrituras ... cacica, calificada, caleidoscópica

Tökland:LA PRIMERA REVISTA AUDIOVISUAL DE FOMENTO DE LA LECTURA ...talante, teatral,temático

A Caballo Artes del Libro ...arrojado, agudo, amable

miércoles, agosto 30, 2006

también lee contra la muerte....



¿Cómo puede una apañárselas para vivir sin la lectura? Dejar de escribir puede ser la locura, el caos, el sufrimiento, pero dejar de leer es la muerte instantánea. Un mundo sin libros es un mundo sin atmósfera, como Marte. Un lugar imposible, inhabitable. De manera que mucho antes que la escritura está la lectura, y los novelistas no somos sino lectores desparramados y desbordados por nuestra ansiosa hambruna de palabras. Hace poco escuché hablar en público, en Gijón, a la escritora argentina Graciela Cabal, en una intervención divertidísima y memorable. Vino a decir (aunque ella se expresaba mejor que yo) que un lector tiene la vida mucho más larga que las demás personas, porque no se muere hasta que no acaba el libro que está leyendo. Su propio padre, explicaba Graciela, había tardado muchísimo en fallecer, porque venía el médico a visitarle y, meneando tristemente la cabeza, aseguraba: "De esta noche no pasa"; pero el padre respondía: "No, qué va, no se preocupe, no me puedo morir que me tengo que terminar El otoño del patriarca ". Y, en cuanto que el galeno se marchaba, el padre decía: "Traedme un libro más gordo".

[...] Y es que la muerte también es lectora, por eso aconsejo ir siempre con un libro en la mano, porque así cuando llega la muerte y ve le libro se asoma a ver qué lees, como hago yo en el colectivo, y entonces se distrae.

Graciela tiene razón: uno no sólo escribe, sino que también lee contra la muerte."

La loca de la casa de Rosa Montero

De como los monstruos salen de noche.......

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"Literariamente, los monstruos siempre irrumpen. En un mundo ordenado, claro, perfecto, de repente un monstruo es, al decir de Heidegger, arrojado a ser. Cuando el monstruo cae en el mundo, toda la percepción homogénea de la realidad se quiebra, toda certeza se pierde y la claridad se opaca en las tinieblas. El monstruo reina en el Caos, padre de la Noche porque él, en sí mismo, no es más que una aberración. Pero las cosmogonías no toleran la oscuridad, y la noche siempre es derrotada por el día. Los monstruos, entonces, son combatidos por los héroes, que restituyen la luz y el orden en la comunidad. El héroe señala al monstruo como lo otro, lo diferente, y lo juzga inevitablemente como horrible y malo, desterrando lo anómalo de toda estética y de toda ética. Sin embargo, precisamente en el Siglo de las Luces, los monstruos comienzan a ocupar un lugar en el extremo positivo de lo bello y se convierten en héroes, ya no de la luz, sino de la oscuridad. El gusto literario por lo espantoso existe, sin duda, desde siempre. Una clara muestra de ello son las tragedias, desde las clásicas a las shakespereanas. Sin embargo, es en la segunda mitad del siglo XVIII cuando un pensamiento articulado sobre lo horrible y lo temible se desarrolla con enormes consecuencias para el ámbito de las artes, entre otras, el surgimiento de la estética. Desde Platón, lo bello ha estado asociado a una moral a través de toda una constelación de temas que giran en torno a lo luminoso: la belleza como indicio del bien, como luz reparadora. Los ilustrados también piensan la estética desde este ángulo, pero lo bello tendrá desde este siglo una acepción más amplia y problemática porque abarcará también lo opuesto a la razón y a la luz, principios axiales de todo canon clásico. Entre esos opuestos aparece la oscuridad ligada a una exaltación desmesurada de las pasiones, a lo patético, a lo no-lógico y a todo aquello derivado de una exploración de lo temible que encierra lo nocturno. Esta inserción del horror en lo bello se explica por las reflexiones en torno a lo sublime que ocuparon a muchos pensadores del siglo XVIII. Uno de ellos, tal vez el más importante, fue Edmund Burke. Burke escribe en 1757 su Investigación filosófica sobre el origen de nuestras ideas de lo bello y lo sublime. En su tratado, y con Shakespeare bien instalado en la tradición literaria inglesa, Burke aborda la difícil pregunta de cómo es posible que lo terrible nos deleite. Es evidente que la perfección, que la proporción, que la claridad y que la simetría, en suma, que la belleza clásicamente entendida, deleite nuestro ánimo, pero no queda muy claro cómo puede lo monstruoso lograr lo mismo. La respuesta a esta pregunta la encuentra Burke en la sublimación, combinación de terror y deleite, que opera en el ser humano ante lo temible. Para su análisis, Burke piensa en ciertos objetos, en ciertos escenarios que evocan lo sublime. Piensa en la noche, en las cavernas, en los precipicios, en el océano, en las tormentas y en todo aquello que por su poder o su grandeza constituye una amenaza de muerte para el hombre. Ante una fuerza superior, dice Burke, ante la muerte, ante lo absoluto, caemos en una especie de parálisis, de éxtasis que es, precisamente, el terror. Frente a la presencia de un poder tan fuerte, el hombre inevitablemente siente su limitación y su carencia, está a merced de un potencia de alcance desconocido que espanta. Pero ocurre también que este sentimiento desmedido que genera lo temible puede sublimarnos. Para ello, dice Burke, es necesario que medie una distancia entre lo espantoso y nosotros, que no exista realmente peligro de muerte. El deleite que emana del horror deriva, en consecuencia, de poder observarlo como un espectáculo, de poder vivirlo estéticamente. Así, a través de una vivencia sublimante del horror, podemos, desde nuestra individualidad y pequeñez, alcanzar lo absoluto. Ingresa así en el ámbito de las artes lo que Burke llama "horror delicioso" o "placer negativo", y con él, una corte de monstruos nacidos en lo nocturno, ámbito por antonomasia del espanto. Lo horrible pasa así a ser una categoría de lo bello. La noche, en su costado terrible, se convierte, -como tantas otras privaciones: el vacío, el silencio, la soledad, la muerte-, en un tema literario riquísimo que permite, paradójicamente, trascender a una categoría artística y moral superior. El día, decía Kant, es bello, pero sólo la noche es sublime, porque es la oscuridad lo que potencia el horror más que cualquier cosa, pero no un horror paralizante, estéril, sino el espanto que nos acerca a la totalidad de la que formamos una minúscula parte. Esta apertura estética a la noche, consecuencia inmediata del tratado de Burke, cristaliza por primera vez en 1765 con El Castillo de Otranto, de Horace Walpole, primera novela gótica. En este castillo, la noche es invadida de ruinas encantadas, fantasmas, tormentas, relámpagos y una serie de sucesos inexplicables que definen, desde entonces, el género de horror. La novela, hoy leída, es casi un simpático catálogo de motivos del espanto, pero tiene el mérito de ser el origen de toda una corriente literaria que en los siglos XVIII y XIX generó obras como Vathek, Frankestein, El extraño caso de Dr. Jekyll y Mr. Hyde, los cuentos de Edgar Allan Poe, El monje, La isla del Dr. Moreau, o Las flores del mal. Después del tratado de Burke y de la novela de Walpole, los románticos, los simbolistas, los parnasianos, incluso los modernistas en Hispanoamérica, volverán una y otra vez a explorar desde la ficción el horror delicioso ante lo inexplicable y temible, todo ello de la mano de las criaturas de la noche. Es en los "nocturnos" donde todo se vuelve sombra, incertidumbre, miedo, crimen, extrañeza, silencio, vacío, pero también deseo, voluptuosidad, seducción, totalidad, certeza. Esta dualidad de la noche confluye, ya a fines del siglo XIX, en uno de sus monstruos más acabados: el conde Drácula (también en una de sus criaturas más hermosamente fatales: Salomé). El vampiro es el oxímoron perfecto de la noche, porque es un muerto que vive en un mundo invertido donde el placer de él y sus víctimas se convierte en maldición eterna para ambos, donde el que devora es también devorado. Drácula, junto con todos los monstruos que nacen cuando lo horrible comienza también a ser hermoso, son los dueños de abismos terribles que estéticamente invitan a una ceremonia de desposesión y a una vivencia absoluta de lo otro. Este fondo enigmático del mundo muestra el revés de toda trama y abre una realidad inmensa, por contradictoria, por total, que acaba con la aurora."

Carolina Depetris, Argentina. Doctora en Filosofía y Letras, y profesora-investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México.

http://www.elnavegante.com.mx/

El libro maldito

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Y ya que hablo de textos, voy a referirme, para terminar, a los libros canónicos de la religión lovecraftiana. Estos libros – según Carter – “contribuyeron a apoyar numerosos detalles de los Mitos, a los que dan un aire de autenticidad y de erudición”. [...]Algunos de dichos libros tienen existencia real, como el Thesaurus Chemicus de Bacon, la Turba Philosophorum, The Witch-Cult in Western Europe de Murria, De Masticatione Mortuorum in Tumulis de Raufft, el Libro de Dzyan, la Ars Magna et Ultima de Lulio, el Libro de Thoth, el Zohar, la Cryptomenysis Patefacta de Falconer o la Polygraphia de Trithemius. Estos libros se citan sobre todo por sus nombres rimbombantes y misteriosos, pero, naturalmente, tienen en realidad muy poco o nada que ver con los Mitos. De los demás, sin embargo, la mayoría es puramente inventada y trata directamente de los Mitos, aunque, como he dicho, de modo velado y, al parecer, en medio de otros temas diversos aunque igualmente esotéricos. Entre ellos, los principales son: el Libro de Eibon, el Texto R’lyeh, los Fragmentos de Celaeno, los Cultes des Goules del conde d’Erlette, De Vermis Mysteriis de Ludvig Prinn, las Arcillas de Eltdown, el People of the Monolith de Justin Geoffrey, los Manuscritos Pnakóticos, los Siete Libros Crípticos de Hsan, los Unaussprechlichen Kulten de Von Juntz y, sobre todo, el Necronomicon de Abdul Alhazred.




Este último libro es mencionado con tal lujo de detalles bibliográficos y se citan tantos pasajes suyos en los Mitos que mucha gente ha llegado a creer en su existencia real. Derleth relata en un divertido artículo cómo, al principio, algunos lectores engañados empezaron a insertar anuncios, solicitándolo, en las revistas más serias y respetables. Luego, ya como broma, ya como estafa, el Necronomicon comenzó a aparecer en la sección de ofertas de la prensa y por fin hasta en los catálogos de los libreros de viejo. Derleth cita el siguiente anuncio, aparecido en 1962 en el Antiquarian Bookman: “Alhazred, Abdul, Necronomicon, España, 1647. Encuadernado en piel algo arañada descolorida, por lo demás en buen estado. Numerosísimos grabaditos madera signos y símbolos místicos. Parece tratado (en latín) de Magia Ceremonial. Ex libris. Sello en guardas indica que procede de Biblioteca Universidad Miskatonic. Mejor postor”. Asimismo, el libro ha sido a menudo solicitado en las bibliotecas públicasy y, lo que es más grande, ¡incluso ha aparecido en los propios ficheros de éstas! En 1960 se descubrió, en el archivo de la Biblioteca General de la Universidad de California, la siguiente ficha, elaborada sin duda por un estudiante bromista:BL 430A 47BAlhazred, Abdul _________ aprox. 738 d.C.NECRONOMICON (Al Azif) de AbdulAlhazred. Traducido del griegopor Olaus Wormius (Olao Worm)xiii, 760 págs., grabados madera,enc. tablas, tam. fol. (62 cm)(Toledo), 1647Esta ficha, según Derleth, “es deliciosamente plausible, ya que la sección BL 430 de la Biblioteca está dedicada a las religiones primitivas y la letra B corresponde a un armario cerrado donde se guardan libros que no deben ser hojeados por cualquiera”.Por mi parte, puedo añadir que, en París, en la librería “La Mandragore”, especializada en literatura fantástica, hay clavada en la pared una lista de libros raros muy solicitados. ¡En primer lugar figura el Necronomicon! Claro que también aquí se trata de una broma, obra en este caso de mi amigo François Béalu.(Fragmento de la introducción de Rafael Llopis a Los Mitos de Cthulhu, de H.P. Lovecraft y otros, publicado en Alianza Editorial.)

LITERAL VIA : LIBROSFERA

martes, agosto 29, 2006

Libros y autores olvidados


“Porque hay millones de libros olvidados. Y ahora Google se propone rescatarlos.¡Que va a rescatar! Vamos, anda. Lo que se podrá hacer es trasladarlos. Trasladarlos desde los anaqueles polvorientos a los anaqueles electrónicos. Y que allí sigan durmiendo, con ligeros sobresaltos en forma de clic.Es un gran paso, no puede caber duda. Porque permitirá que un lector acceda a un libro sin tener que viajar a un lejano monasterio benedictino o a una rara biblioteca capitular ni llenarse de polvo mugriento en un archivo.Está bien, muy bien.Pero, ojo: que no se nos olvide que el olvido existe, y nadie va a terminar con él. Porque si no existiera el olvido, tampoco existiría la memoria.La misión de los profesores, de los críticos, de los escritores, de los editores, es levantar de vez en cuando la pesada alfombra del olvido. Pero la alfombra volverá a caer sin remisión sobre las frías losas del pavimento.”

Sólo una cosa no hay.
Es el olvido.Dios, que salva el metal,
salva la escoria.
Y cifra en su profética memorialas
lunas que serán y las que han sido.

Jorge Luis Borges

VIA: Al margen de los días

lunes, agosto 28, 2006

EL LIBRERO...nuevo aporte editorial

" EL LIBRERO es un aporte editorial que viene a apoyar la tarea titánica que enfrentan las librerías en Venezuela."

Con este comienzo editorial no podemos dejar de desearle suerte en un país donde al sector del libro poco le interesa el libro, a no ser como mercancía.

domingo, agosto 27, 2006

Friedrich Nietzsche Murió en Weimar el 25 de agosto de 1900

Antes de la salida del sol, de Así habló Zaratustra

" Has venido hacia mi antes que el sol: hacia mi que soy el mas solitario. Somos amigos de siempre: nos son comunes nuestra tristeza, y el fondo de nuestro ser: el sol mismo nos es común. Como sabemos demasiadas cosas no nos hablamos; callamos y nos comunicamos nuestro saber por medio de sonrisas. "





«Yo también he estado en los infiernos, como Ulises, y a ellos volveré otras veces; y no sólo he sacrificado carneros para poder conversar con algunos muertos: no he escatimado mi propia sangre. Hay cuatro parejas cuya respuesta a mi inmolación no puede ser rechazada: Epicuro y Montaigne, Goethe y Spinoza, Platón y Rousseau, Pascal y Schopenhauer. Ante ellos debo explicarme cuando he caminado solo durante mucho tiempo, gracias a ellos entiendo que tengo razón o que me equivoco, a ellos quiero escuchar cuando se dan razón o se la quitan entre sí. Sea lo que fuere lo que pueda yo decir, resolver, imaginar para mí y los otros, fijo mi mirada sobre esos ocho y veo las suyas fijadas sobre mí».
F. Nietzsche, Humano, demasiado humano, II, 1, 408

jueves, agosto 24, 2006

Carlos Sanchez Encuadernador

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VIA:A Caballo Artes del Libro

Marketing ¿literario? de la cuarentona Editorial Planeta, capítulo Venezuela

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tan extraordinario post, vale citarlo textualmente....

" Este sábado 19 me compré un par de libros, casualmente novelas escritas por autores argentinos nacidos en 1963 y, también circunstancialmente, editadas ambas por filiales del grupo Planeta. Hasta aquí todo marcha de maravilla, salvo que los libros ya no ostentan su precio y el lector/consumidor debe inquirirlo a libreros no profesionales (ni vocacionales; son empleados de sueldo mínimo haciendo malabares para sobrevivir), o buscar el dichoso “escáner” de código de barras que, con su zumbido electrónico, escupirá en pantalla el monto a pagar.

Me convenzo a mí mismo de la imprescindibilidad de tales lecturas y paso por caja a cancelar en efectivo, cash contante y sonante que no deja huellas. Grata sorpresa cuando me entregan, además de la factura correspondiente y mis libros embolsados, un par de “cupones”que me otorgan, en retribución a mi adquisición literaria, el derecho a participar en la rifa de (cito textualmente las “pestañas” numeradas 048823 y 048824 que conservo en mi poder): “8 viajes con un acompañante para Los Roques, Isla de Margarita, Mérida y La Gran Sabana. 3 días, 2 noches (con todos los gastos incluidos). Sorteo: 17 de octubre de 2006 a las 3:00 pm) en la sede principal de Editorial Planeta Venezuela)”.

Y digo yo (naif que soy, publicista que soy, lector que soy, escritor que soy): ¿no hay formas mejores de celebrar estos 40 años, qué, de la casa editora en Venezuela que mandándonos de viaje fugaz por la geografía vernácula? El conflicto aquí, como en todo, reside no en quién propuso la idea, sino en quién la aprobó...”Decisiones, tra-la-lá”, resuena en mis oídos Rubén Blades el cantante, no el excandidato político.

Imitando (inflingiendo, plagiando, para que les duela) un juego de rol mercadotécnico, yo –casa editorial– pretendo vender más libros y, por ende, promover (estimular, maximizar, optimizar, potenciar) el hábito lector entre los individuos de mi minúsculo mercado, ya que, simplemente, vivo de esto: de vender libros para que la gente los lea o rellene estantes por metro lineal.

Así que mi celebración de mis cuarenta años consistiría, entonces, en premiar (reforzar positivamente Skinner dixit) la conducta de adquisición de libros por parte del mercado lector (consumidor de libros editados por mí), rifando 40 “combos” de premios de Bs. 400.000 cada uno canjeables por libros perteneciente al amplio stock de Editorial Planeta Venezuela (o, desplegando el refrescante abanico de las posibilidades, sortear 40 “paquetes” de 40 libros de bolsillo), ¿no?, en lugar de usurpar las funciones de una agencia de viajes (a menos que exista una subramificación de negocios que yo ignore olímpicamente). Me pago y me doy el vuelto: te premio con mi propia mercancía, la promuevo, consolido lectores y genero fidelidad de marca, al igual que Fidel ostentando el logo Adidas.

Yo, naif, aplaudiría cándidamente la idea (acariciando tiernamente el concepto perverso de que “mientras más libros compre, más cupones acumulo y más chances tengo de que la diosa fortuna o el dios azar se fijen, dadivosamente, en mí).

Yo, publicista, les facturaría con justiprecio mi idea y respetaría el buen criterio de la aprobación gerencial respectiva.

Yo, lector, apreciaría enormemente la posibilidad de hacerme de un generoso lote de libros para mi biblioteca.

Yo, escritor, me quitaría el sombrero ante una casa editorial que honra sus funciones de promover la lectura mediante el sano ejercicio de la gestión comercial que le es inherente.

Yo, competencia, cogería ejemplo. Las mercancías culturales se gerencian y, más aún, si son trasnacionales con soberbias webpages: www.editorialplaneta.com y www.editorialplaneta.com.ve donde invitan a contactarlos, cosa que haré inmediatamente a la publicación de este post, remitiéndoselo, of course, a la casa matriz y a la sede creole, vamos, sin discriminar.

Otra cosa, a quien le incumba específicamente: deroguen esa fea costumbre de colocarles “preservativos” (léase condones) de celofán estridente a los libros, impidiéndonos hojearlos. Ya que el 98,72% de los empleados de las librerías no tienen la más puta idea de títulos y autores (ni siquiera consultando la base de datos de la computadora, cuando la hay y no es, sencillamente, una caja registradora que cuantifica ingresos), los lectores penitentes que protagonizamos extemporáneos vía crucis por las librerías nos vemos obligados a “ojear” (sic) con nuestras pupilas los libros, escudriñándolos obscenamente entre la desnudez de sus páginas impregnadas con el vello púbico de las letras impresas en ellas y sin técnica depilatoria que valga (las letra arrancadas siempre vuelven a salir con sus cañones más empecinados que antes).

Fetiches tipográficos aparte, el par de libros de bolsillo que me obsequié son: “El calígrafo de Voltaire” y “El secreto de los flamencos”. Autores vivitos y coleando (en cola para cobrar sus royalties): Pablo de Santis y Federico Andahazi.

Ah, cuidado con las sobre-promesas publicitarias (traducción a lo bestia del término anglo “over promessing”, que dicen los gringos, padres putativos de estas disciplinas de “trade”): el domingo antepasado, con derroche de centimetraje, Editorial Planeta Venezuela vocifera desde las páginas de alguno de los periódicos en formato estándar de circulación nacional (mis perros prefieren el papel de “El Universal”, dada su mayor absorción y reacción cromática de la tinta a la orina) que los títulos de Booket, esa deliciosa colección confortable al bolsillo, no sobrepasarán los diez mil bolívares por ejemplar. Quiero que sepan que, a lo largo de media docena de librerías ubicadas estratégicamente en malls del este caraqueño, no existe disponibilidad (ni conocimiento) de tal promoción cuarentona. De modo que yo me quedé vestido (con marcas outlet) y alborotado, con las ganas intactas de comprarme media librería a cuestas, hipotecándome hasta el alma de hipopótamo inflado con las pretensiones de leer a precios de saldo, liquidación, “sale”, rebajas, descuentos, o-fer-tas trisílabas.

¡ De nada, pues !

Berrinches de lector con derechos que me creo yo."


Javier Miranda-Luque: escribo directamente en tus ojos

miércoles, agosto 23, 2006

LA VIUDA

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Todos los grandes escritores querrían tener un albacea que se ocupara de sus escritos de forma tan atenta y tan minuciosa como hace María Kodama con la obra de Borges. La viuda del escritor argentino acaba de oponerse a la reedición en francés de sus obras completas, quejosa de las erratas y los defectos de imprenta que según ella acribillaban la ya vieja y más que agotada edición anterior. Ahora que se cumplen veinte años de su muerte, habría sido una buena celebración publicarlo en el país vecino donde, dicho sea de paso, uno sospecha que es todavía más valorado que en España y casi tanto como en Argentina. Pero el espíritu de Borges no se puede quejar del trato que, con todo merecimiento, le dispensa la posteridad. Desde el punto de vista pecuniario, Borges sigue siendo una inagotable fuente de royalties y de derechos de autor. Se cotizan sus cuentos, sus poemas, sus ensayos y hasta sus frases ingeniosas. Y por si eso fuera poco, la marca Borges –a cuya promoción ha contribuido María Kodama con un talento más propio de brokers que de agentes literarios- alcanza a productos que ni siquiera salieron de él. A Borges se le atribuyen casi tantos aforismos y ocurrencias ajenas como a Oscar Wilde. El último producto de este mercado espurio ha sido una sarta de sandeces encadenadas en forma de poema echado a volar en la internet –dónde, si no- por alguien con tan pocos escrúpulos como escaso sentido del ridículo poético. Algo parecido le pasó a Gabriel García Márquez con otro desatino titulado «La marioneta» que todavía le persigue como una mala sombra sostenida por lectores carentes de gusto y profesores de literatura perezosos e indocumentados. Si el colombiano, que aún vive y colea gracias al cielo, no ha sido capaz de poner coto al entuerto, cómo va a defenderse desde su tumba el buen Borges. Por eso a uno se le ocurre que, en vez de privar del gozo borgiano a los lectores franceses, haría bien María Kodama en velar por la dignidad literaria de su difunto esposo persiguiendo a quienes lo falsean de esta y otras formas no menos ultrajantes. Pero es difícil saber si estamos ante un centinela leal o ante una avispada economista, como ha insinuado el editor Gallimard. A veces un cero más en uno de esos trozos de papel llamados cheques resuelve el más enconado litigio. Sobre todo si la destinataria responde a un perfil bastante repetido por desgracia en los libros de familia de los viejos escritores: el de una mujer joven y decidida que un día aparece dispuesta a dar alivio a las debilidades otoñales del genio. Y sobre María Kodama, ay, empiezan a recaer las sospechas de que su lealtad a Borges y a su obra no es tan desinteresada como trata de hacernos creer.

Publicado en El Correo, 19.8.06.

lunes, agosto 21, 2006

LOLITAS LECTORAS

Volar sin libros.


Oriol Izquierdo se sorprende de la ausencia de los libros en las listas de objetos prohibidos como equipaje de mano en los aviones: “Habría comprendido, a mi pesar, que los libros fueran prohibidos explícitamente: qué menos, en momentos de dudas y vacilaciones, de seria incertidumbre, de riesgo y de necesidad de ordenada disciplina. Cuando se contraponen la libertad y la seguridad lo tradicional es suspender esta vía de escape a todo control que puede ser la lectura, aun cuando no se ose llegar al extremo imaginado por Bradbury en Fahrenheit 451. Incluso, a la vista de esas listas, por lo que se podría esconder no entre líneas sino entre las mismas páginas, físicamente.No sería la primera vez que tras las rígidas cubiertas de una austera Biblia se agazapa un botellín repleto de un elixir prohibido o una diminuta pistola con empuñadura de nácar. O en el lomo un afilado estilete, como el que, según cuentan, liberó para desespero de Sherlock Holmes, a Moriarty de la soga que iba a romperle el cuello.Qué duda cabe de que incluso en ese terreno un libro será siempre más peligroso y más noble que una caja de clínex.Pero esa ausencia… ¿significa que los libros ya no forman parte del equipaje de mano habitual en el pasajero medio? Me resisto a creerlo. En mis últimos vuelos recuerdo haber visto libros a derecha e izquierda, delante y detrás de mi butaca.”
LEER : Volar sin libros.
VIA: LIBRO DE NOTAS

domingo, agosto 20, 2006

Pingüinos de bolsillo


Hace sesenta años se publicó el primer título de la serie de Clásicos de la editorial Penguin, el libro fue "La Odisea" de Homero en una traducción de E.V. Rieu que entonces costaba un penique. Con los años el libro ha vendido 5 millones de copias. "La Odisea" de Rieu, que le tomó ocho años de trabajo, ya no es el libro más vendido de esta serie de clásicos, el título lo ostenta "La Granja de los Animales" de George Orwell, pero su éxito determinó que existía un mercado tan masivo para elegantes traducciones al inglés de libros clásicos. Con el tiempo L Sayers tradujo a Dante, Robert Graves a Suetonio y sus "Doce Césares". La editorial se celebra este acontecimiento publicando la serie "los mejores libros jamás escritos", que podría ser una definición simple de un clásico, pero se trata de una selección de libros que tengan las mejores escenas de sexo, la más gratuita violencia, los mejores criminales, la mejor ciencia ficción, los mejores dementes, la mejor decadencia, etc. Todo ello en el contexto de la gran literatura, como para decir que las cosas no han cambiado mucho desde el carnaval de sangre de la Ilíada y que un clásico no tiene por qué ser un largo y meditado bostezo. Otros clásicos que también cumplen años son los libros publicados por la Biblioteca "Everyman" que fundara hace cien años el gran Joseph Dent. Tapas duras que antaño costaron un penique y que tienen el gran mérito de haber introducido al gran público anglosajón la literatura francesa del siglo XIX. Claro que los pingüinos llegaron algo más lejos y democratizaron el estudio de la filosofía, la historia y la literatura con su serie que lleva publicados más de 1.400 títulos.

sábado, agosto 19, 2006

La influencia de mis libros | R. L. Stevenson


"Los libros más influyentes, y los de influencia más certera, son las obras de ficción. No atan al lector a un dogma que más tarde descubrirá que es inexacto; no le enseñan una lección que después deberá desaprender. Repiten, reacomodan, clarifican las lecciones de la vida; nos separan de nosotros mismos; nos fuerzan al conocimiento de los otros, y nos enseñan la red de la experiencia no como nosotros podríamos verla, sino de una manera única, exclusiva. Para lograr esto, las obras de ficción deben ser razonablemente apegadas a la comedia humana, y cada una que así sea servirá para fines educativos. Pero nuestra educación estará mejor cumplida con poemas y novelas donde se respire la magnánima atmósfera del pensamiento y se encuentren personajes píos y generosos. Shakespeare es quien mejor me ha funcionado: pocos amigos vivos han tenido una influencia tan fuertemente benéfica sobre mí como Hamlet o Rosalinda....

Quien no tenga buen juicio hará mejor en no leer más que periódicos y obras de ficción, de donde sacará poco daño y, en un descuido, hasta logrará algún beneficio."

(Traducción de Juana Inés Dehesa Christlieb.)

Leer completo: Hoja por Hoja

En mi caso mujeres y libros marcaron mi destino...

martes, agosto 15, 2006

EL BAR DE LOS ESCRITORES

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"Resulta obvio que el vino sea la bebida más relacionada con la literatura, porque después de la cerveza es una de las más antiguas formas de la ebriedad conocida por la humanidad. Lo probó Homero en el siglo I, bajo la forma de la retsina griega que también emborrachó a los amigos de Lawrence Durrell en Corfú, antes de la segunda guerra mundial, según lo contó su hermano Gerald, biólogo y humorista, quien hizo un amplio retrato de la familia Durrell en varios de sus libros. Se sirvió con abundancia bajo la forma de champaña en las fiestas en las cuales dilapidó su fortuna Alejandro Dumas y con moderación en las escasas visitas que recibió Marcel Proust, un autor que vivió de noche y durmió de día.

La mayoría de escritores ha dejado una pequeña receta para el gran catálogo universal de la ebriedad. Raymond Chandler, el maestro de la novela negra y borracho profesional, dejó la receta del gimlet en su más acabada novela, El largo adiós. Escribió Chandler: «El verdadero gimlet está hecho mitad de gin y mitad de jugo de lima de Rose y nada más. Deja chiquito al martini». A su vez Hemingway, en Islas en el golfo, incluyó su propia receta del daiquirí, que esencialmente consistía en eliminarle el azúcar. El maestro Faulkner, cuya afición a la botella se materializó en casi todos sus libros plagados de humo de tabaco y violencia, nunca dejó de destacar entre párrafo y párrafo el buen whisky de centeno, característico del sur de los Estados Unidos. Claro que la mayor parte correspondió a whisky destilado ilegalmente; como se nota en su relato Cuestión de leyes, «... no estaba dispuesto a permitir que ni George Wilkins ni nadie viniera a la región en la que él había vivido durante 45 años y se pusiera a hacerle la competencia en un negocio que, desde sus comienzos, venía trabajando cuidadosa y discretamente por espacio de 20 años; desde que montó su primer alambique (...) No tenía miedo de que George lograra robarle parte de su clientela de siempre con aquella especie de bazofia para cerdos que había empezado a fabricar hacía tres meses y a la que llamaba whisky».
El ron, bebida de recios hombres de mar, pertenece con propiedad a la literatura del Caribe, aunque en el siglo XIX emborrachó a los piratas que acompañaron al tigre de la Malasia en su aventura libertadora narrada en muchas novelas de Emilio Salgari, a los marineros de Robert Louis Stevenson y a los aventureros de Jack London. Hemingway equipó al viejo Santiago que luchó durante tres días con el gigantesco pez devorado por los tiburones, en El viejo y el mar, con una pequeña dosis de buen ron cubano. También está presente, de manera discreta, en algunos pasajes de Alejo Carpentier y bajo la forma de daiquirís y mojitos en Tres tristes tigres, de Cabrera Infante. Fue cantado en la poesía de Nicolás Guillén y bebido por los jóvenes juerguistas de las últimas páginas de Cien años de soledad.

Existen bebidas muy regionales, como el pisco, que se encuentra en Conversación en la catedral, de Mario Vargas Llosa. «¿Cuándo se jodió el Perú, Zabalita?», una de las más largas bebetas de la novela latinoamericana, pues está situada de principio a fin en un bar de Lima llamado La Catedral. El pisco está presente en la obra de otros escritores peruanos como José María Arguedas y en no pocos cuentos de Julio Ramón Ribeyro. Aunque el cuento alcohólico esencial para este último, también bebedor y empedernido fumador (tanto que escribió un libro Sólo para fumadores), es Las botellas y los hombres, un encuentro entre un hijo arribista y su padre calavera durante el cual viven una larga borrachera de patético final que empieza con cerveza, sigue con pisco y termina con «champán».

Otra bebida andina, la chicha, está presente en la obra de Jorge Icaza, de Arguedas y de Manuel Scorza. También acompañó las noches de bohemia pueblerina de Julio Flórez, el Jetón Ferro y otros poetas que escamparon de la guerra de los Mil Días en las chicherías donde se reunía la Gruta Simbólica a declamar los chispazos y versos festivos que caracterizaron la literatura bogotana de comienzos del siglo XX. Literatura de borrachos pueblerinos. En el caso del ecuatoriano Icaza, la chicha, el aguardiente y la cerveza son un recurso dramático para hundir a sus personajes, como el chulla Romero y Flórez, en el fondo de la desesperanza social donde habitan. A diferencia de Lowry, que considera la saga alcohólica una elección individual, Icaza recurre al alcohol como a un látigo para fustigar la miseria de la cultura andina. Horacio, en Rayuela, ofrece vino francés «de la casa» a los clochards junto a los puentes del Sena. Y con sus amigos del «club de la serpiente» lo consume con generosidad. Luego, en Buenos Aires, con Traveler y Talita, sigue bebiendo vino argentino para matizar tanto mate. Más al sur de los Andes, en El lugar sin límites, de José Donoso, la Japonesita y la Manuela le sirven vino chileno a don Alejo en un prostíbulo perdido en medio de los viñedos de la región vinatera austral. O más exacto sería decir en medio del infierno, el lugar sin límites.

Cerca de este sitio, entre la tierra y el cielo, está Jorge Luis Borges, un autor cuya obra está llena de personajes que beben y sin embargo dejan la sensación de que no son un elemento de interés para el autor, sino tan sólo un recurso más de su juego literario. Son cuentos habitados por cuchilleros y borrachos que beben «copas», beben «ginebras», toman «cañas». Como los hermanos Nilsen, de La intrusa, borrachos, pendencieros y asesinos pasionales, que matan a la mujer que comparten para no dañar su relación filial. Es que en el amplio bar de los escritores todo cabe, todo vale."

Con una mano escribo y con la otra me sostengo :Por Roberto Rubiano Vargas

lunes, agosto 14, 2006

Venezuela desaira a la Feria del Libro

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Venezuela renunció a ser el país invitado de honor de la XI Feria Internacional del Libro de La Paz, por considerar que ésta incentiva “la mercantilización del libro” y en reclamo por la “reducida participación venezolana en la FIL”. La decisión fue hecha pública por Ramón Medero, presidente del Instituto Autónomo Centro Nacional del Libro de Venezuela, en conferencia de prensa.
En respuesta, la Cámara Boliviana del Libro —que hasta ayer no fue notificada oficialmente de la decisión— sostuvo en un comunicado de prensa: “La XI Feria Internacional del Libro tiene las puertas abiertas y para nosotros Venezuela es y seguirá siendo invitado de honor”.
Los venezolanos expusieron las razones para su renuncia: “Nosotros no creemos que el libro es una mercancía, más bien creemos que es un bien cultural, un instrumento de lucha y libración de los pueblos”, sostuvo Medero; y el agregado cultural José Bracho complementó: “Vimos también que la participación dentro de la Feria se reducía, siendo que nuestra representación trae a más de una decena de intelectuales venezolanos... Venezuela ha traído 25.000 libros de 1.500 títulos para circular en las calles, pero nos dan un espacio muy pequeño para todas esas cajas”.

PERO:

No nos hemos ido de la feria, solamente hemos renunciado a ese título, dijo a Prensa Latina el presidente del Centro Nacional del Libro de Venezuela, Ramón Medero, al explicar la decisión tomada anoche.....

Hasta el 20 de agosto, en La Paz se realizarán dos ferias del libro. La primera es la XI Feria Internacional del Libro, vista como la oficial, donde llegarán varios escritores internacionales para promocionar sus obras recientes. En la misma también se ofertan las novedades de las grandes editoriales y escritores nacionales consagrados. Su sede es el campo ferial de Següencoma. La otra fue precisamente llamada así: La otra feria: del libro su preste “Víctor Hugo Viscarra” y fue calificada como una alternativa a la feria “oficial” debido al intercambio y trueque de libros, fotocopias y libros piratas. Se la criticó por, supuestamente, incentivar la piratería. Se efectúa en diferentes pubs y plazas de la ciudad de La Paz y El Alto como la Ceja, Carcajada, Almatroste, la calle Jaen, Ojo de agua, Casa Duende, etc.

Realmente resulta extraña la postura de Venezuela quejándose de editoriales como Santillana o Planeta, todos conocemos el negocio o el acuerdo( perdón) que el gobierno venezolano hizo con esta editorial publicando el quijote, y mas recientemente una biblioteca también para obsequiar - en el mundo editorial, nada es gratuito- , en todas las ferias del mundo se cobra siempre entrada, con un precio mas que simbólico, aquí no, es verdad, pero los estand son caros, recuerden la ultima feria cuba tenia cuatro estand, y planeta y santillana tres, mientras que alfadil tubo que retirarse ante la dureza rectora que no le permitió mas que uno.da algo de gracia leer el comentario de que no se retiran de la feria solo al titulo de país invitado de honor, seguramente la comitiva venezolana regresara contenta y llena de pizco al tener que trabajar menos....

domingo, agosto 13, 2006

Wikimanía cumple años, y no para de crecer..CINCO AÑOS. Enciclopedia en línea


La semana pasada, en el campus de Derecho de la Universidad de Harvard se realizó la conferencia Wikimanía 2006, que reunió a los seguidores y colaboradores de Wikipedia, la enciclopedia en línea que desde hace cinco años no ha parado de crecer.

Se estima que cada cuatro meses el número de visitantes al sitio electrónico se duplica y que su sitio recibe 14 mil visitas por segundo. Fundada en 2001 por Jimmy Wales, un graduado en finanzas que actualmente tiene 39 años, la enciclopedia se construye gracias a las colaboraciones de miles de usuarios en línea, que la corrigen y amplían constantemente, con controles mínimos, en el que el más importante filtro es la propia nobleza de los lectores como freno para impedir la publicación de datos falsos o erróneos.

Como el altruismo no es lo que abunda en el mundo, Wikipedia ha sido puesta en entredicho. Muchos de sus datos son erróneos o en algunas entradas aparecen juicios de valor, o bromas más que información dura.

Un estudio de la revista Nature, que el año pasado publicó un estudio que afirmaba que por cada tres errores de la Enciclopedia Brittanica, Wikipedia contenía cuatro. La comparación puso en frente de la enciclopedia en línea la más prestigiosa compilación de contenidos del mundo. Jorge Cauz, presidente de la Brittanica, declaró hace poco en el New Yorker que compararlas es como asimilar la prestigiosa academia de mucica Juilliard School con la competencia de televisión American Idol, poniendo énfasis en el control editorial de la publicación inglesa.

Es justamente la falta de un control editorial la característica de Wikipedia. En las oficinas centrales sólo trabajan 5 personas, aparte de Jimmy Wales. Existen grupos de monitoreo de información que ejercen la labor voluntariamente, pero nada parecido a un filtro formal.

Actualmente, Wikipedia ocupa el lugar 17 entre los sitios favoritos de internet, con mayor tráfico diario que el New York Times y el Wall Street Journal juntos.

viernes, agosto 11, 2006

Segunda Revolución de la lectura

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"La digitalización, sin embargo, permite nuevos media y favorece un nuevo cambio, la llamada segunda revolución de la lectura. También hoy contamos con muchos detractores del libro electrónico, gentes que le niegan a la lectura en la pantalla todos los goces que experimentamos en el papel, aún cuando nada impida, como ya sucedió con el cine o en internet, que nuestra vida en la pantalla sea placentera y liberadora.

Hart quiere subir a la Red y distribuir gratuitamente todos los libros posibles, es decir los que no plantean problemas de derechos de autor. El proyecto Gutenberg puede dar acogida a todos los libros antiguos, pero también a todos los modernos cedidos por sus autores. En la actualidad ya hay 19.000 libros y cada mes se producen dos millones de descargas. También se puede adquirir un DVD con 10.000 libros al precio de un dólar y se aspira a que por 40 dólares dispongamos de un cofre que pesará un kilo y almacenará un millón de libros que, desde 2009, estarán accesibles y convenientemente indexados vía internet.
economía del don. La cultura volverá a ser pública y casi gratuita. Y si aquí citamos el Proyecto Gutenberg, ignorando otros proyectos memorables como Gallica o la Biblioteca Virtual Cervantes, no es sólo porque fuera pionero, sino también porque el sueño de Michael Hart se basa en la economía del don (en especial, los centenares de correctores de pruebas voluntarios) y no está limitado a ninguna cultura, lengua o país. Predomina el inglés, pero seguramente se debe a la errónea política de nuestros estados, más proclives a la propaganda nacional(ista) que a la defensa de lo común.

La cultura volverá a ser de dominio público, pues asistimos a un doble proceso que, si Gutenberg no lo impide, desembocará en una abominable privatización de la palabra escrita. Y es que las leyes que regulan la propiedad intelectual no dejan de ampliar el tiempo en que una obra es privativa de sus autor o sus herederos. Simultáneamente, el crecimiento exponencial del número de publicaciones hace que conforme pase el tiempo la práctica totalidad de todos los impresos producidos por la humanidad hayan sido publicados en nuestro siglo. La consecuencia de ambos hechos es que, explica Hart, el 99 por ciento de la palabra escrita esté en manos privadas, una circunstancia que arruinaría cualquier ilusión de equilibrio o bienestar común. La revolución que predica Michael Hart no es entonces sino una forma inteligente de luchar contra el colapso de la otra revolución de la lectura, la que produjo la Ilustración y en la que todavía pacen las libertades individuales."

Por Antonio Lafuente. ABCD.ES

Tal vez lo peor de mudarse sea embalar los libros


"Tal vez lo peor de mudarse sea embalar los libros; contarlos y meterlos en cajas y esperar a abrirlos en otra parte, como si fueran náufragos que llegan a una playa virgen. Es una tarea titánica, pero también algo parecido a un racconto, a una pequeña biografía cuyos capítulos son aquellos volúmenes que compraste en tal o cual parte, los que te regalaron, los que no devolviste, los que se perdieron...

Pero si has trabajado de crítico literario, se trata de una labor aún más demoledora porque se suman cientos de libros más que entraron a tu biblioteca por requerimiento profesional, obras que ni siquiera aspirabas a leer, gustos que no querías tener. Y cuando ordenas todo eso sale a la luz como sorpresas de ti mismo, pedazos de tu línea de vida.

Pero yo no estoy deprimido. Estoy, a lo más, cansado de antemano por el hecho de desembalar. Porque hasta el momento antes de meter los libros en las cajas de cartón estaba más o menos conforme con mi desorden privado: sabía donde estaba cada cosa, me movía con cierta gracia por mi propio caos bibliográfico. Ahora sé que voy a tardar un tiempo para sentirme cómodo con mi propia biblioteca...."

El comelibros , Por Álvaro Bisama

miércoles, agosto 09, 2006

Ron Howard: El Código Da Vinci


"Dicen las estadísticas que ahora sí se lee, que se lee más que nunca; pero se lee lo que no debió escribirse, que es precisamente, a tenor de tantos éxitos de última hora, lo que más gusta. Y acaba cumpliéndose la pesadilla del creador de afo­rismos: la élite está convirtiéndose en parte de la masa. No lo contrario, como sería deseable: la masa convirtiéndose en parte de la élite. Me dirán algunos que bueno y qué. ¿No estamos ensalzando a troche y moche la lectura? ¿Por qué cuando la gente lee, con tanta perseverancia y universalidad estos Códigos Da Vinci y sus allegados nos escandalizamos? Que lean, que lean, exclaman los posibilistas, siempre será mejor que no leer. No digo yo que no. Si leer o no leer es como comer o no comer, siempre será mejor comer algo. Pero ahí está el caso de ese periodista norteamericano que probó a alimentarse durante todo un mes de hamburguesas y esa clase de comidas que llaman en Estados Unidos fast food . Todos sus niveles de salud entraron en zona crítica: colesterol alto, ácido úrico por las nubes, triglicéridos para qué decir... De no haber cambiado inmediatamente de dieta sus días sobre la tierra estaban contados. ¡Hombre –exclamará algún lector–, pero la lectura no mata! Lo sé, pero este tipo de lectura, digámoslo así para entendernos, de hamburguesería o fast reading , atonta, idiotiza, o, cuando menos, oscurece algo la sesera. Por eso digo yo que el dilema de comer o no comer es falso, tan falso como el de leer o no leer. Pueden comerse otras cosas, como pueden leerse otras cosas. Claro que aquí vendríamos a topar con el espíritu de nuestro tiempo. Lo decía Borges: imponer lecturas es como imponer la felicidad y no existe la felicidad obligatoria. Amén."

por Juan Pedro Aparicio Revista de Libros nº 115-116 , Julio / Agosto 2006

lunes, agosto 07, 2006

Las orillas y los puntos de vista


"Entre ron y ron virtual iniciamos una conversación. La seguimos, ya hace tiempo, en un duro campeonato de futbolín. Ganamos, pero era lo de menos. Probablemente él me ganó en cervezas y sentido del humor.
Una invitación a Roger y algunos guiños para compartir más cerca, en un mismo espacio, voces y matices diversos tan necesarios quizás en este mundo cultural, el del libro en concreto, tan tendente a la homogeneización y al estancamiento, como la leche de cartón.

Es un pequeño inicio, un guiño, que dejamos abierto a todos aquellos otros que por aquí os querais acercar y dejar, también, vuestra visión desde la orilla, desde el borde que muchas veces marca el límite entre lo bien pensante y lo provocativo, lo clave y lo banal, pero siempre con vocación de serindipia

Sólo, quizás, el favor de un compromiso mínimo. No apariciones esporádicas, para ello el espacio de los comentarios es el adecuado, sino voluntad de pervivencia compartida crítica."

Bastará para ello un para solicitar el usuario y contraseña y, con ello, nuestra orillas se irán ampliando.

Txetxu Barandiarán

Las tres orillas. Visiones sobre el libro, la lectura y la vida

domingo, agosto 06, 2006

los libros constituyen, además de la más maravillosa fuente de conocimiento y de placer, la ocasión para pensar y repensar

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Alberto Manguel (Buenos Aires, 1948)
La figura del lector ideal, cuyas características enumera en el libro, polemiza directamente con la del lector modelo propuesta por Umberto Eco. -
—Es verdad, son concepciones en las que no conseguimos ponernos de acuerdo. Eco le asigna al lector un rol activo en la determinación del sentido de un texto. Yo me quedo con la lectura borgeana por placer, con la lectura lúdica. Cuando leemos por placer no afirmo que transformamos el texto en otra cosa, pero sí que, a través de los espacios que habilita el autor en el texto, podemos internarnos incluso en terrenos que el escritor desconocía. Por otra parte, tampoco coincido con la importancia que se les otorga a las nuevas herramientas tecnológicas a la hora de leer. La noción de herramienta tiene que ser una que se adapta a la mano; el problema aparece cuando queremos convencernos de que una herramienta nos da capacidades que nosotros no tenemos. La herramienta extiende nuestras capacidades, las amplía, las mejora, pero no las crea. De la misma manera como la red supone contener toda la información del mundo, no nos dice cómo utilizarla ni siquiera qué información es importante para nosotros. La idea de una acumulación que reemplaza el conocimiento de esa información me parece muy peligrosa.-
Antes se creía que la lectura podía salvar a los sujetos, ahora se cree que la acumulación institucional puede salvar los libros y con ellos la lectura. ¿Cree que ése es el origen de la obsesión por las grandes bibliotecas o los grandes repositorios, y el del afán por digitalizarlo todo?-
—La salvación de los libros se da a través de los lectores. La voluntad de acumulación oficial en resguardo de la memoria nacional empieza después de la Revolución Francesa. Así se crean las grandes bibliotecas nacionales en Francia, Alemania, Inglaterra, más tarde en España. Generalmente son el fruto de la acumulación de libros que ha hecho un personaje importante. Esos repositorios se convierten en símbolos del poder del país, de la nación. Lo que sucede ahora se debe a la presión de la industria electrónica. Creo que estamos yendo demasiado rápido hacia la acumulación electrónica, en reemplazo de los libros. Con esto se pierden de vista varias cosas: en primer lugar, que la lectura en libros y la lectura en pantalla no son lo mismo, porque hay una gran cantidad de elementos en el objeto libro que no aparecen en la pantalla. En segundo lugar, en el rescate que se hace de los textos para ponerlos en pantalla, se pierden o son recortadas ciertas jerarquías relativas a la calidad del texto: el cuidado de una edición o el aparato crítico que lo acompañan. Por último, lo más importante: no sabemos por cuánto tiempo la electrónica puede conservar un texto. Antes se decía que un disquete podía conservar un texto por cincuenta años, ahora se sabe que no lo conserva más que seis o siete. Del CD se dice que puede durar cien años, pero eso no está comprobado. Lo cierto es que constantemente hay que hacer back ups, porque el riesgo de pérdida existe. La presión de la industria electrónica por cambiar permanentemente los sistemas hace que para un repositorio nacional esta herramienta se vuelva muy peligrosa. Hay ejemplos de eso: la British Library había puesto en archivo electrónico documentos muy importantes que ahora no puede leer porque esos sistemas caducaron, porque los instrumentos para leerlos ya no existen. Hay que tener, entonces, sumo cuidado con este paso hacia las bibliotecas electrónicas, que ya se ha vuelto irreversible.-
—¿Es posible pensar que así como en algún momento se hizo una distinción entre la cultura letrada y la cultura popular, hay ahora dos universos de lectores diferenciados, el de los que tienen al libro como soporte y el de los que no lo incluyen necesariamente dentro de su formación?-
—No sé si esa diferenciación es tan nítida ni tan tajante como quieren hacernos creer. La gente sigue leyendo libros.-
—Pero hay grandes sectores de la población que nunca o casi nunca han leído un libro. Y otros, fanáticos de las nuevas tecnologías, que los desdeñan.-
—Hay grandes sectores de la población a los que nunca les han dado un libro, pero eso también ocurría en la Grecia antigua, en el Renacimiento, en el siglo XIX y seguirá ocurriendo en el siglo XXX. La proporción de lectores con respecto al resto de la sociedad es muy pequeña. Los lectores son una elite, pero una elite a la cual todo el mundo puede pertenecer. Hay un cambio muy grande en la noción de lo que es un libro, un cambio determinado nuevamente por factores económicos. Lo peor que le ha sucedido a la cultura occidental es el descubrimiento, por parte de las empresas multinacionales, del objeto libro. De pronto se dieron cuenta de que los libros se pueden producir y vender de la misma manera como se venden otros productos. Así se ha destruido la industria editorial, sobre todo en la lengua inglesa, donde prácticamente ya no existe. La industria editorial se ha convertido en una fábrica de productos impresos, no de libros. Mucho más que por el avance de las nuevas tecnologías, el libro se ve amenazado por la propia industria editorial, aunque esto ha sido posible gracias a las nuevas tecnologías. En la actualidad, se pueden producir libros a muy bajo costo y muy rápidamente, y la vigencia de esos libros no supone más que un par de semanas, ya que tienen una fecha límite de venta y luego se destruyen o van a parar a depósitos o mesas de saldos. Esta mecánica es fatal para los escritores. -
—¿En qué medida los condiciona?-
—El editor norteamericano de Doris Lessing acaba de rechazar su última novela argumentando que ella escribe demasiado. El escritor necesita experimentar, le es útil equivocarse, intentar distintos caminos hasta lograr cimentar una obra, pero esto es inconcebible dentro de los nuevos criterios de publicación. Incluso los grandes escritores, Borges, para poner un ejemplo, no vende cantidades importantes, pero eso no significa que no haya que publicarlo. El editor hoy mira su catálogo y lee las cifras de venta antes que los nombres de sus autores. Cuando los grandes grupos económicos compran editoriales, les dicen a sus directores que pueden publicar lo que quieran pero a condición de que vendan más. De modo que si tienen entre sus proyectos publicar un libro de poemas de Macedonio Fernández lo piensan dos veces, porque saben que no va a vender. Se instala así una autocensura peor que la que hubieran querido implantar los regímenes fascistas.-
—¿Tan oscuro es el panorama?-
—Yo creo, como profeta de la catástrofe —y esto lo dice con franca ironía—, que todo esto se va a derrumbar y que luego las pequeñas editoriales que sobrevivan volverán a publicar libros. Además aún no se han acabado ni los lectores ni la literatura. La relación que establece el lector con el libro que le está destinado es única y por eso hará todo lo posible por preservarla. Es como enamorarse. Por más que se pueda tener sexo virtual a toda hora en la red, la gente sigue prefiriendo enamorarse.
Al rescate de la locura artística:
JORGELINA NUÑEZ.
Alberto Manguel encarna, hoy en día, la versión actual del escritor humanista. Y esto se da no sólo por su conocida pasión por los libros —la misma que inspiró sus trabajos más sobresalientes: los ensayos Una historia de la lectura (1996), En el bosque del espejo (2001), Diario de lecturas (2004)— y el universo de ideas que gira en torno de ellos, sino también porque su actitud está lejos de ser la de quien se recluye en la soledad de la biblioteca.

sábado, agosto 05, 2006

Por qué nos gustan los libros que hablan sobre mujeres


«En el mar no hago el amor más que una sola vez, generalmente la última noche, con una mujer que apenas conozco, siempre alta y de hecho siempre la misma, puesto que ella para mí es únicamente el mar. Es la esencia de aquellos días de arena y de sal, de estatuas de bronce yacentes sobre la playa como sobre una lápida interminable de sarcófago etrusco, de efectos de lente, violetas o irisados, de un sol triunfador…»

"Los críticos dividen a los escritores de diferentes maneras, por afinidades, por generaciones, por familias espirituales y según corrientes literarias, pero por lo que a mí respecta, también se les podría dividir en escritores que han tenido pocas mujeres y escritores que han tenido muchas mujeres".

Mircea Cartarescu

"el deseo por los libros es equivalente al deseo por la vida".


Ser librero "es un arte creativo, y debe estar separado de la erudición, aunque saber ayuda. La mayoría de los libreros te contarán que se basan en la intuición, pero sin duda resulta obvio que hay algo que distingue a unos libros de otros. Para enfrentarse a ellos hay que tener en cuenta ingredientes básicos: importancia, singularidad, contenido, condiciones, procedencia, encuadernación. Y un misterioso factor que llamaría el factor X".
"Un libro es interesante sin que sepas por qué. Al principio los libreros importantes no eran necesariamente hombres de letras. Charles Trayler, uno de los grandes, se pasaba las tardes bebiendo cerveza, consultando catálogos con una mano y rellenando apuestas con la otra. Si no le gustaba tu aspecto en una subasta, superaba tu puja, simplemente porque sí. Hasta que cumplió 90 años siguió trabajando así. Y Pierre Beres, cuyos libros son vendidos en París, es un personaje bastante más complejo y más sofisticado, pero también duro. La última vez que lo vi, cuando ya era nonagenario, me dijo que su apetito por las mujeres y por los libros seguía en alza".


"He tenido todas las casas y mujeres que he deseado, pero eso no me ha hecho feliz; mi verdadera pasión es que los hombres maduremos y acabe la destrucción en que nos empeñamos. ¡Somos gobernados por niños enloquecidos que juegan con juguetes peligrosísimos! Creo que el universo tiene un sistema perfecto de contabilidad y que las mentiras que contamos son registradas". Su difícil relación con entidades bancarias está en la base de esta última declaración: "He sido golpeado por una gran organización, y no fue el único que sufrió. Pero he decidido afrontar los golpes. No es difícil ni suave". Aun así, el 14 de julio levantó el dedo y se quedó con un objeto de su pasión, el First Folio de Shakespeare. Lo tiene en sus manos. Pero es un librero. Lo venderá.

Simon Finch, el inglés que compró el 'First Folio' de Shakespeare

miércoles, agosto 02, 2006

y tú, ¿qué clase de libro eres?


Lo normal, por supuesto, es juzgar el libro por la cubierta. Hay quien lo hace con talento; hace años conocí a alguien que se compraba libros según le cayera la foto del autor. Con esa táctica se llevó a la cama (a la mesilla de la cama) a la canadiense Elizabeth Smart a quien, si hubiera tenido que juzgar por el espantoso nombre de su única novela, jamás habríamos conocido, ni él ni yo. Pero lo que dicen en el Guardian es que todos juzgamos al portador por el libro. Y que, en una secuencia que es pura lógica de enunciados, se llega antes a la alcoba llevando el libro apropiado s que los 35 centímetros de John Holmes.

Claro, el libro apropiado. Uno pensaría que, en estos tiempos que corren, demostrar que sabes leer ya te sube unos cuatro puntos pero me dicen que es porque hace mucho que no voy en metro. Según los ingleses el libro apropiado es: clásicos, biografías y ficción literaria moderna. Erótica, horror, autoayuda y chick-lit, no. La Chick-lit, por si no lo saben, es un género que se popularizó con El Diario de Bridget Jones y cuyo último best-seller es The Devil Wears Prada. Si quieren profundizar, en la revista Print han hecho un esquema.

Sigue leyendo

LEIDO-DISFRUTADO Y RE-LEIDO EN: la petite claudine

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