domingo, abril 30, 2006

La revolución de los blogs por Mario Diament



La revolución de los blogs por Mario Diament
En el diario LA NACION se Buenos Aires se publica esta interesante nota sobre los blog y los bloggers que, según el autor, estamos demostrando una agudeza, una penetración, una imaginación y una capacidad de desafío que no tiene equivalencia en la prensa.

Por Mario Diament


MIAMI.- Kaavya Viswanathan parecía tenerlo todo. A los 19 años, esta estudiante nacida en la India meridional cursaba su segundo año en Harvard y había escrito una novela que no sólo le había representado un adelanto de 675.000 dólares, sino que además había sido comprada por Steven Spielberg para ser llevada al cine.

Dos semanas después de su publicación, el libro, titulado "How Opal Mehta Got Kissed, Got Wild, and Got a Life" ("Cómo Opal Mehta recibió su primer beso, hizo locuras y se encontró a sí misma") alcanzó la lista de best-sellers, mereció un perfil de la autora en The New York Times y habría llegado aún más lejos, de no haber sido por un detalle: un lector encontró llamativas similitudes entre el libro de Viswanathan y dos novelas de Megan McCafferty, autora de libros para adolescentes, y lo hizo saber por medio de un mensaje electrónico.

Después de una secuencia de sorpresa, negativa, excusa y admisión de plagio, el libro fue retirado esta semana de las librerías y se hace difícil pensar que la carrera literaria de Kaavya Viswanathan vaya a ir muy lejos de aquí en más. Pero el fenómeno que permitió que una operación editorial construida como un reloj se desmoronara en unos pocos días, fue la extraordinaria maquinaria de propagación de los blogs.

Nunca antes en la historia había sido posible difundir información con la amplitud, simultaneidad y libertad como la que hoy brindan los blogs. Este ejército integrado por millones de voluntarios incorporados por su propia iniciativa y curiosidad está cambiando el mundo mediático y produciendo una revolución periodística sin precedente.

Los bloggers se están revelando más perseverantes, más audaces y, en muchos casos, más eficaces que las redacciones de los medios. Quien advirtió las invenciones incluidas en el best-seller "A million little pieces" ("Un millón de pequeños pedazos") de James Frey, ex alcohólico y drogadicto que afirmaba estar narrando las circunstancias reales de su vida, no fue The Washington Post sino un blog llamado Thesmokinggun.com, el que obligó a toda la prensa internacional a prestar atención.

El blog es, esencialmente, un libro abierto. Puede ser un diario íntimo compartido, un foro de obsesiones o una plataforma de debate. Pero el aspecto de los blogs que está teniendo un impacto profundo sobre la cultura informativa es el que se ocupa del área noticiosa. Aquí, los blogs están demostrando una agudeza, una penetración, una imaginación y una capacidad de desafío que no tiene equivalencia en la prensa.

Escrutinio sin precedente

A pesar de que se cuentan por millones, hay una jerarquía en la "blogosfera" que separa los más creíbles de los fantasiosos, de la misma manera que el público fue tamizando los diarios cuando éstos eran los rectores exclusivos de la información. Pero el blog tiene una ventaja que los demás medios nunca tuvieron y es su habilidad de rectificarse por el sucesivo aporte de otros bloggers.

Si un blog publica una información equivocada, no tardará en aparecer algún otro que se encargue de denunciarlo y repararlo, y así sucesivamente. Y teniendo en cuenta que se trata de una red internacional, la posibilidad de que alguien advierta un error y lo enmiende es infinitamente superior a la de cualquier medio convencional.

Los blogs son una herramienta informativa que incluye renombrados científicos, economistas, historiadores, escritores y periodistas. Algunos hacen dinero y otros, simplemente, ventilan sus intereses, pasiones y opiniones. Pero lo cierto es que ninguna organización periodística podría soñar con mantener una redacción de esa diversidad y categoría.

La reciente ola de denuncias de plagio similares a las que recayeron sobre Kaavya Viswanathan, y que incluyen a figuras tan renombradas como el historiador Stephen Ambrose y el médico Deepak Chopra, no hubieran emergido ni adquirido la resonancia universal que adquirieron, de no haber sido por la reacción en cadena de los blogs.

Su presencia asegura un escrutinio sin precedente sobre cada línea escrita. Ningún plagiario puede sentirse ya protegido por la presunta improbabilidad de que se asocie su texto con la fuente del plagio.

En esta era extraordinaria de Google y Yahoo, siempre hay algún curioso que se toma el trabajo de verificar o algún memorioso que recuerda haber leído algo similar.

Tomado de......www.lacoctelera.com/carlos-santiago

sábado, abril 29, 2006

Como escribir una novela en un mes.


Como escribir una novela en un mes.
Cuando nos imaginamos a un escritor trabajando en una novela nos viene a la imaginación una persona solitaria encerrada durante meses, a veces incluso años para producir lo que luego llamamos una novela. Pensamos que es una tarea que requiere una cantidad tan enorme de tiempo que nosotros, pobres mortales con un empleo de ocho horas -con suerte- no podemos permitirnos.

Pero, en realidad, escribir una novela es sólo cuestión de decisión. De iniciativa. De dedicarle unas horas cada día. Ya sea al amanecer, cuando todos los habitantes de la casa aún siguen en el sueño de los justos o bien antes de acostarnos, cuando todo es silencio; son los momentos más propicios para la tarea solitaria del escritor.

Este sencillo plan nos ayudará a ponernos en marcha y a tener finalizada la novela antes de lo que esperamos.

Leer completo en...........

Palabra de editora


Esther Tusquets forma parte por derecho propio del club de los editores emblemáticos españoles, como fundadora de la editorial Lumen.
Andrea Aguilar conversó con ella al hilo de la publicación
de sus memorias, Confesiones de una editora poco mentirosa.
Esther Tusquets ha vuelto a las librerías. En Confesiones de una editora poco mentirosa traza un recorrido personal por el mapa de recuerdos de sus cuarenta años como editora al frente de Lumen.



Como editora, ¿entiende las angustias, los miedos, las inseguridades de los escritores? ¿Se ha compadecido alguna vez de ellos?

No, porque en general uno elige. Quizá tengo pena de algunos, de los artistas que sacrifican la vida entera a lo que están haciendo; sabes que lo están dejando todo, que destruyen las relaciones personales, que se destrozan la salud, que pierden oportunidades de hacer cosas en otros campos porque viven únicamente para escribir y tú, desde fuera, tienes la casi certeza de que nunca conseguirán hacer nada que realmente sea interesante. Igual que los escritores que han publicado con cierto éxito, que han ganado algún premio, que han publicado nueve o diez novelas y que no entienden que la número once no le interesa a nadie. De repente, se encuentran a los sesenta años con quince libros publicados y con contratos rescindidos. Por eso no he querido dedicarme sólo a escribir. Realmente en literatura o en pintura, o eres o no eres. Hacer una cosa que no esté mal, en otras profesiones está muy bien, pero en arte no existe. ~

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Lo competitivo de una librería. Gabriel Zaid




Lo competitivo de una librería. Gabriel Zaid. La frase
Lo competitivo de una librería está en el surtido (amplitud, foco), el lugar (agradable, de fácil acceso), el personal (conocedor, cumplidor, ayudador, sin ser metiche) y, desde luego, el precio, si no es igual en todas partes. Una librería que está lejos, casi no da servicio y ni sabe lo que tiene, pero vende con el 20% o 30% de descuento, se vuelve muy competitiva. Pero ¿cómo es posible dar el 30% de descuento al lector, si la librería recibe 35%? No es posible. Excepto, claro, si algunas librerías consentidas reciben descuentos altísimos. Y ¿cómo es posible para el editor dar descuentos altísimos? Subiendo los precios. Con lo cual resulta que el descuento es puro cuento. (Gabriel Zaid; Librerías y Precio Fijo; http://www.letraslibres.com/interna.php?num=80&sec=3&art=10633 )

En México se acaba de aprobar el Precio Fijo del Libro.

Tomado de:http://convalor.blogia.com/
Blog de consulta obligatoria

viernes, abril 28, 2006

Alfredo Bryce Echenique. Permiso para sentir.



Alfredo Bryce Echenique. Permiso para sentir.

La nueva entrega de las memorias de Alfredo Bryce (Lima, 1939), Permiso para sentir. está dividida en dos partes. La primera de ellas continúa en la línea de las anteriores Antimemorias. Permiso para vivir (1993), y está organizada, como aquel libro, Por orden de azar. Se trata de un conjunto de textos bastante heterogéneo y desordenado ("sarta de capítulos totalmente desabrochados" dice el propio autor), pero plenos del humor y las exageraciones, las citas y las parodias, tan característicos de Bryce; y en los que las reflexiones y los recuerdos personales se suceden en un discurso laberíntico, basado en desvíos y meandros digresivos.

Hay, por supuesto, algunas constantes temáticas que dan unidad al conjunto, entre las que destaca el culto a la amistad. Buena parte de estos textos son homenajes que Bryce hace a sus mejores y más fieles amigos: los compañeros de colegio (Cincuenta años de compañía), aquellos que ha ido conociendo en sus numerosos viajes (Luis, Mi amigo Conrado, Bob Davenport ha desaparecido), y escritores como Julio Ramón Ribeyro (Un amigo muerto, un domingo, un otoño). Otro tema es la nostalgia de los años felices, ya sea de la infancia (Retrato de familia con 98, Pasalacqua y la libertad) o de la bohemia parisina de los 60 y 70’s (Érase una vez en París, 68 modelo para armar).

La segunda parte del libro lleva el título de Che te dice la patria, tomado de un cuento homónimo de Hemingway, y está centrada en el intento de Bryce, a mediados de la década pasada, de volver a residir en su patria después de más de 30 años de exilio voluntario. Toda las frustraciones y decepciones que sufre el autor durante ese proceso, los desencuentros entre la Lima de su memoria y la del gobierno de Fujimori, son narrados en más de 200 páginas (que ocupan el tercio final del libro), en textos más homogéneos y concatenados en forma tan rigurosa que en el último párrafo de cada capítulo figura el título del siguiente.

El laberinto hedonístico de Por orden de azar se convierte en esta segunda parte en una sucesión de capítulos que tiene mucho de la estructura de las explicaciones y demostraciones. Es como si el autor quisiera probarnos que si no se quedó a vivir en el Perú no fue por culpa suya sino de aquellos que hicieron de esa experiencia algo verdaderamente insoportable. Entre los responsables de ese fracaso desfilan, con nombre y apellidos, conocidos personajes del ambiente cultural y político local; además de escritores, vecinos, parientes cercanos y hasta empleados bancarios. Vemos a Bryce víctima de un secuestro político y de policías corruptos que intentan "sembrarle" drogas en el aeropuerto.

El contraste entre ambas secciones del libro (entre el humor y la amargura, entre la amistad y la traición) se convierte también en un enfrentamiento entre dos espacios, Extranja (el país de los extranjeros) y el Perú. Y en ese enfrentamiento Bryce pone toda su capacidad de novelista para hacer más amable y grata la realidad descrita en la primera parte; y más terrible e indignante el relato de su breve retorno a la patria. Diferencias no siempre justificadas, especialmente cuando vemos que el propio Bryce es culpable de muchas de sus desventuras limeñas, como cuando elige ser profesor en la UPC ("jamás he trabajado en una universidad tan mala") y no en San Marcos, en la que él estudió, como le recomendaban sus amigos.

La crítica ha señalado que en la obra última de Bryce la ironía está siendo reemplazada por un sentido del humor cada vez más personal y egocéntrico. Una consecuencia sería la falta de empatía con ciertos tipos de personas y hasta amplios sectores sociales (ver comentario a El huerto de mi amada); en este caso una serie de reconocidos escritores peruanos y los nuevos pobladores de Lima en general. A pesar de ello, Permiso para sentir no deja de ser una lectura interesante (divertida y agradable en su primera parte; amarga y polémica en la segunda), que seguramente no decepcionará a los muchos seguidores de la obra de Alfredo Bryce.



Visite su página dedicada a la obra de Alfredo Bryce Echenique.

Javier Ágreda. Crítico literario. En esta página reúno textos publicados previamente en el diario La República (Lima, Perú) y otros medios.

http://agreda.blogspot.com/2005/06/permiso-para-sentir.html.

Puede comprarlo en:

Ficcion Breve Libros.

jueves, abril 27, 2006

The Book's Rage ( La Rabia Del Libro )

Otra forma de divertirse con un libro

Hoja por Hoja. Suplemento de Libros



Hoja por Hoja. Suplemento de Libros es la única publicación mexicana dedicada exclusivamente a la actualidad editorial. Aparece el primer sábado de cada mes como encarte en diversos diarios de todo el país. Su objetivo es difundir, mediante reseñas, artículos de opinión y reportajes, el estado de las cosas en la arena editorial hispanoamericana, con énfasis en los libros que se publican en México.

Para una muestra de sus estupendos artículos va este...

La lista negra Paco Ignacio Taibo II

He escrito esta lista de literatura negra muchas veces y lo que más me divierte es que va variando al calor de nuevas lecturas y relecturas. La escribí a petición de los que te preguntan sobre los libros que te gustaría llevar a una isla desierta, pero como no pienso hacerlo hasta que no haya un changarrito que venda tabaco, libros y refrescos en el centro de la tan mentada isla, me motivé pensando qué novelas quería que hubiera en la biblioteca del reclusorio si un día voy a dar a la cárcel.1. Desde luego Ojos azules, de Jerome Charyn, para mi gusto, la mejor novela policiaca contemporánea. Usando un policía judío amante del ping pong y el mundo mágico de Nueva York que lo rodea, no le pide nada a García Márquez en esto de la creación de atmósferas.2 y 3. Una novela que cada vez me gusta más, conforme pasan los años tras haberla leído: La puerta de los corceles (Stallion Gate, Los Álamos en la versión española de Planeta), de Martin Cruz Smith. Es una novela excepcional, que cuenta el ambiguo mundo de los creadores de la bomba atómica estadounidense en el desierto de Nuevo México en 1940, las sospechas de infiltración, la mezcla de científicos de países ocupados por el fascismo con generales estadounidenses, y en medio de todo ello, el mundo indígena de la reserva de los indios pueblo. Pero hay otra novela del mismo autor que ha venido conquistándome al paso del tiempo, se trata de La Rosa.4. Un ciego con una pistola, de Chester Himes, la más sorprendente de las historias del Mago de Harlem, quizá porque es por esencia una novela violadora del género y porque no hay nada más absurdo que la realidad según se puede comprobar leyendo. He envidiado durante años sus cojones de producir un final absolutamente abierto.5. Una clásica: La llave de cristal, de Dashiell Hammett, quizá porque se trata de una novela muy cuidada literariamente y porque explora, en medio de un juego de complejizaciones anecdóticas, el mecanismo de la fidelidad entre amigos, un tópico de la novela negra inaugurado por Hammett. Y tuvo que gustarme mucho para que la prefiera a Cosecha roja. 6. Sin ninguna duda, Los mares del sur, de Manuel Vázquez Montalbán, el fundador del género en España. La exploración del síndrome de Gauguin aplicada al neopoliciaco; quizá la mejor descripción del destino anticipado de la España postfranquista, su conversión en un país de cínicos autocomplacientes, nostálgicos y desesperados. 7. De Jean-François Vilar prefiero Los exagerados, un libro sobre la revolución francesa, el eco en el París de hoy de la revolución: una película, un museo de cera y un fotógrafo. Vilar, mal publicado en español, es un autor de culto francamente subterráneo.8. Una legendaria: El largo adiós, mi novela favorita de Raymond Chandler y quizá la más contemporánea de sus obras. La primera en la que logra verdaderamente que el enigma quede absolutamente desplazado y compensado por la melancolía de la búsqueda.9. El caso Banchero del peruano Guillermo Thorndyke, un libro inolvidable, brillante, en el terreno de la novela de “no ficción”. La historia del asesinato de un millonario y por extensión la historia de un turbio y extraño mundo. La demostración de que la realidad produce rompecabezas a los que le faltan piezas. 10 y 11. Dos mexicanas, las novelas fundadoras del género en México, cuyos autores se negaron a presentarlas como tales: Los albañiles, de Vicente Leñero, y Las muertas, de Jorge Ibargüengoitia. No le piden nada a cualquiera de las anteriores, abandone usted su malinchismo. La inteligencia no deja sitio para vocaciones extranjerizantes.12. El espejo de los espías, de John Le Carré. La aparición de los mundos ambiguos. Si algo le quedaba de maniqueismo a la novela negra, Le Carré acabó con él. (Al terminar de escribir esto, dudo. Lo que dije de Le Carré lo pienso fielmente, pero no es ésta la novela que más me atrae de él, es El topo, y no puedo explicar por qué.)13 y 14. Dos novelas negras que vienen directo de la realidad y que muestran la amplitud con la que el género puede verse si uno tiene la mirada cautamente paranoica y normal de un ciudadano de fin del milenio: Recuerdo de la muerte, de Miguel Bonasso, y Luces y sombras, de Joseph Wambaugh. La primera sobre la Escuela de Mecánica de la Armada en la dictadura argentina, la segunda sobre los policías que actuaban en los cañones que hay entre San Diego y Tijuana y lo que allí suele suceder. Literatura de primera.15 y 16. El asesino dentro de mí, de Jim Thompson, y A los caballos los matan, ¿o no?, de Horace McCoy. Dos libros que no envejecerán, de una dureza singular. El mejor hard boiled estadounidense de posguerra.17. La sexta isla, de Daniel Chavarría, un libro para los amantes de las peripecias, el placer de leer una novela río. El reencuentro entre la novela de espionaje y la gran novela de aventuras.18. La oportunidad del chino, de Ross Thomas. El barroco anecdótico, personajes inolvidables. Ross merecía ser latinoamericano honorario. Es lo mejor de la literatura picaresca contemporánea.19. Anónimos a bordo, de Robert Littel. La guerra de Vietnam en versión estadounidense se explica mejor que nunca, desde ese barco donde el absurdo manda.20 y 21. El alegre policía, de Maj Sjöwall y Per Wahlöö. Lo mejor del cotidianismo, quizá sólo equivalente a la obra maestra de Simenon dentro de la serie de Maigret: El hombre de la torre Eiffel.22. La última, pero probablemente la novela policiaca que más me gusta: La mirada del observador, de Marc Behm. Literatura mayor. Un libro inquietante.

miércoles, abril 26, 2006

BOGOTA FUE DESIGNADA CAPITAL MUNDIAL DEL LIBRO EN 2007



La Alcaldía de Bogotá, junto a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), presentaron oficialmente la designación de la ciudad como Capital Mundial del Libro en 2007. La distinción supone un calendario rico en encuentros de escritores locales e internacionales con el público en general y estudiantes, así como actividades que acerquen el libro a los barrios, según prometieron las autoridades, además de que "la poesía transite por las calles". Con esta elección, Bogotá se convierte en la primera capital de Latinoamérica en recibir esa calificación y la séptima en el mundo, desde que la Unidad Internacional de los Editores y las federaciones internacionales de Libreros y Bibliotecas, junto a la UNESCO, realizan esta elección. En el pasado ciudades como Madrid, Alejandría, Nueva Delhi, Amberes, Montreal y Turín recibieron la misma designación. "Este es una designación merecida, porque es el resultado de una historia de más de 10 años en la cual Bogotá ha hecho un camino gigante en el campo del desarrollo industrial del libro, las bibliotecas públicas y la lucha contra la piratería", destacó el italiano Mauro Rossi, delegado de la UNESCO.

martes, abril 25, 2006

LIBROS Y GASTRONOMIA



Quienes somos?
El portal informativo y de opinión www.cocinaabierta.com, idea original de los esposos Claudia Drastrup y Merlín Gessen, le ofrece a sus usuarios acceso a una gran cantidad de contenidos actualizados sobre diversos temas relacionados con la gastronomía. Contamos con especialistas, no sólo en el área de cocina, sino también en las de salud, mercadeo, literatura, arte y espectáculos, que estarán complementando las diferentes ideas. Adicionalmente, se presentarán las noticias más relevantes publicadas en los principales medios de comunicación iberoamericanos, permitiendo así mantener una visión actualizada de la región.

El equipo de profesionales de Cocinaabierta ha estado preparando las bases de lo que hoy es el nuevo espacio de unión gastronómica. Es apremiante coincidir sobre este tema con personas tan relevantes como el reconocido periodista y editor de la Guía Gastronómica de Caracas, Miro Popic; el destacado chef del Restaurant Malabar, Carlos García; el notable librero Roger Michelena; el célebre Chef Edgar Leal, la talentosa Esperanza Márquez, los directores de Camelia Casa de Té Raul y Anamelia de Arriaga, el acreditado chef Mauricio García, conjuntamente con el equipo de La Casserole du Chef; el brillante periodista Aquilino José Mata, los notables psicólogos Vladimir y Maria Mercedes de Gessen, el acreditado Germán Febres, la distinguida Chef Ana Belén Mayerston, el creativo chef Paul Lanois, el ilustre Profesor Victor Moreno y el esplendido Chef Victor Moreno hijo entre otros.

En Cocinaabierta asumimos la necesidad de crear un concepto amplio, en el cual todos los que creemos en el potencial de la gastronomía venezolana encontremos el espacio para difundir nuestras opiniones. Es verdad que necesitamos buenos cocineros, nuevos conceptos y excelentes restaurantes, sin embargo es indispensable conseguir los medios para conocer y valorar nuestra cultura culinaria, logrando así una verdadera proyección internacional.

Entre otras cosas, podrán leer entrevistas realizadas a las personalidades más importantes de la industria, tanto nacionales como internacionales.

Estamos muy contentos con los resultados preliminares que hemos alcanzado en la primera etapa. A partir de ahora, estamos seguros que también contaremos con el apoyo de usted, amigo gastronauta.
Nos gustaría compartir su opinión sobre este o cualquier otro tema asociado, escribiéndonos a nuestro correo electrónico ( info@cocinaabierta.com Esta dirección de email está siendo protegida de \"spam bots\", necesitas habilitar Javascript para poder verla. ).


En nombre del equipo de Cocinaabierta, le damos las gracias Claudia y Merlín


Sobre libro, lectura y cultura. Un espacio para la reflexión y el compartir lento..... Si deseas recibir el boletín Reposar (Permanecer en quietud y paz y sin alteración) envía un correo a jmbarandiaran@euskalnet.net con "interesado" en el asunto. Las opiniones, comentarios y sugerencias son siempre bien recibidos.

MAÑANA 26 DE ABRIL CUMPLE DOS AÑOS EN LA BLOGOSFERA. Felicidades

domingo, abril 23, 2006

El Buscon

Flores y libros
Una edición del “Quijote” de Montanes y Simón, publicada en 1883, se cotiza en Caracas cinco millones de bolívares (2.380 $ al precio del mercado oficial de cambio; 1.850 $ en el animado mercado negro). Lo escribía el jueves “Tal Cual”, el diario vespertino de Teodoro Petkoff, el mayor opositor a Hugo Chávez, en un articulo dedicado a ”El buscón”, la librería que vende tanto libros usados como nuevos en el “trasnocho cultural”, extraño lugar que permite pasar directamente de un estacionamiento subterráneo a un centro cultural.
“El buscón” parece ser una librería que quiere encantar más que vender a sus clientes. Con una vieja máquina de escribir, maletas, libros agotados y un sillón chesterfield busca más atmósfera que eficiencia. O, mejor, busca eficiencia en el arte de la seducción. El jueves por la noche, el arte funcionó pues paseaba con la idea de “aquí tienen un viejo Quijote, quiero ver a qué se parece” y seguí encantado por el caos. Camus, Borges, Fuentes, Bradburry: el siglo veinte en sus clásicos. Pero también había libros de Jacques Maritain. ¿Quién lee todavía al historiador católico francés que tanta influencia tuvo en el mundo latino antes de la segunda guerra mundial? Como siempre resaltaba la abundancia de los libros de Washington Irving en el mundo hispanoamericano. ¿Basta dormir con limoneros y bandidos en la Alambra para mantenerse visible tanto tiempo?
Por fin hubo dos sorpresas. La primera: excelentes reediciones de los libros para niños que publicaba al final del siglo XIX en Madrid Ediciones Saturnino Callejas. Libritos como “El negrito y pastora” o “La reina de las hormigas”. Proponían una calidad irresistible en su subtítulo: “Con censura eclesiástica”.
La segunda sorpresa era un librito, una maravilla de objeto, un capricho: “Las flores de Cocuy”. Cocuy, entendí, es Carmen Heny, una jardinera y narradora venezolana que goza del afecto de sus amigos y vive en una vieja casa. Unas personas siguieron sus esfuerzos en producir flores y sobre todo la dibujante Tita Madriz. “El buscón” exponía sus dibujos/pinturas. Así fue: salí para un “Quijote” y me quedé mirando la textura fenomenal de obras sobre papel. Una web-revista venezolana puso unas muestras en línea http://www.analitica.com/va/arte/actualidad/8285099.asp. Vale más que un vistazo. Al ver estas flores, se piensa en la liebre de Dürer, en los pájaros de Audubon. En “El buscón” uno encuentra lo que no sabe que va buscando pero necesitaba de manera urgente: flores, libros y la idea de que, en un lugar de Venezuela, una Sackville-West latina cuida un jardín y escribe cuentos.
12/12/05 en El blog de Jean-François Fogel

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Le invitamos a leer

Ficción Breve Venezolana, el portal de la narrativa de Venezuela



Con intención de difundir no sólo las novedades de las editoriales venezolanas de alcance nacional, sino toda la producción editorial venezolana, en este espacio ofreceremos información sobre ediciones de autor, pequeños tirajes, ediciones artesanales, editoriales regionales, libros al margen de la cadena de comercialización, etc.; así como libros de más de cinco años de haber sido editados, y diversas ofertas que abarquen la producción literaria venezolana.

VisiteFicción Breve Venezolana, el portal de la narrativa de Venezuela.

Día mundial del libro y del derecho de autor - 23 de abril de 2006

sábado, abril 22, 2006

EL PLACER DE LEER

www.ficcionbrevelibros.com
EL PLACER DE LEER

Elogio de la lectura

¿En qué consiste ese extraño sentimiento de intimidad compartida, de sabiduría regalada, de maestría del mundo a través de un mero juego de palabras? Éste es un paseo por la historia de los libros y por las obras de algunos de esos grandes hechiceros responsables del paraíso de la lectura. Memoria, intimidad, imaginación, sentimientos, inteligencia, aventura y descubrimiento son algunas de las palabras que reivindican el estatus de un placer que nos hace más humanos.

Alberto Manguel


FERNANDO VICENTE

Si debemos justificarnos inventamos razones estéticas, culturales, filosóficas o morales. Pero la verdad es que nuestros juicios son casi todos refutables fuera del campo hedonista

La memoria de los libros es la nuestra, seamos quienes seamos y estemos donde estemos

Intimidad solitaria y compartida. La lectura nos ofrece también el placer de la inteligencia

Como la experiencia muestra, la debilidad de nuestra memoria olvida fácilmente no sólo los actos ocurridos hace mucho tiempo, sino también los recientes de nuestros días. Es, pues, muy conveniente y útil poner por escrito las hazañas e historias antiguas de los hombres fuertes y virtuosos para que sean claros espejos, ejemplos y doctrina para nuestra vida, según afirma el gran orador Tulio".

Así comienza la novela que, entre los pocos libros perdonados de la biblioteca de Don Quijote, el cura rescata por ser "un tesoro de contento y una mina de pasatiempos": el Tirant lo Blanc de Joanot Martorell y Martí Joan de Galba. "Llevadle a casa y leedle", le dice a su compadre el barbero, "y veréis que es verdad cuanto dél os he dicho".

El Tirant justifica su propia existencia como un remedio a nuestra flaca memoria, como depósito de nuestra experiencia pasada, como espejo de valores antiguos y de enseñanza meritoria. Eso quiso su autor, pero sus lectores, menos ambiciosos, como aquel cura de La Mancha, no se preocuparon por tales noblezas y lo recomendaron por razones más sutiles y menos graves: por dar contento, proveer pasatiempo, provocar deleite. El censorio cura y el ensañado barbero condenaron a las llamas aquellos libros de Don Quijote que, a sus ojos, pecaban de revueltos, disparatados, arrogantes, duros, secos -es decir, libros que no les gustaban-. Porque en el momento de la verdad, frente a la salvación o a la hoguera, para un verdadero lector lo que importa es el placer.

Pero ¿qué es este placer? ¿En qué consiste ese extraño sentimiento de intimidad compartida, de sabiduría regalada, de maestría del mundo a través de un mero juego de palabras, de entendimiento adquirido como por acto de magia, de manera profunda e intraducible? ¿Por qué nos lleva a rechazar ciertos libros sin misericordia y a coronar a otros como clásicos de nuestra devoción si algo en ellos nos conmueve, nos ilumina, pero por sobre todo nos deleita?

Como lectores, nuestro poder es aterrador e inapelable. No nos enternecen ni las súplicas de los críticos ni las lágrimas de los lectores que nos han precedido. Implacables, a través de los siglos, juzgamos y volvemos a juzgar a los libros que ya se creían a salvo. Por puras razones de gusto, en el paraíso de la lectura, Cervantes ocupa el lugar que Martorell y Galba han perdido a pesar del juicio del mismo Cervantes. ¿Nuestros abuelos adoraban a Anatole France y a Mazo de la Roche? A nosotros no nos gustan: al infierno con ellos. ¿Melville fue despreciado y Kafka vendía apenas unos pocos ejemplares? Hoy Melville está sentado a la diestra de Dante y una primera edición de La metamorfosis de Kafka vale unos seis mil euros. Si debemos justificarnos, inventamos razones estéticas, culturales, filológicas, históricas, filosóficas, morales. Pero la verdad es que, a fin de cuentas, nuestros juicios son casi todos refutables fuera del campo hedonista.

El lema de todo verdadero lector

es De gustibus non est disputandum. "De gustos no se discute", o, como se dice en castellano, "sobre gustos no hay nada escrito". El proverbio latino dice la verdad; la traducción castellana miente. Nuestro placer no admite argumentos; admite en cambio una infinidad de escritos, los exige. Al fin y al cabo ¿qué son las bibliotecas sino archivos de nuestros gustos, museos de nuestros caprichos, catálogos de nuestros placeres?

El placer de la lectura, que es fundamento de toda nuestra historia literaria, se muestra variado y múltiple. Quienes descubrimos que somos lectores, descubrimos que lo somos cada uno de manera individual y distinta. No hay una unánime historia de lectura sino tantas historias como lectores. Compartimos ciertos rasgos, ciertas costumbres y formalidades, pero la lectura es un acto singular. No soñamos todos de la misma manera, no hacemos el amor de la misma manera, tampoco leemos de la misma manera.

Para ciertos lectores, el placer de la lectura es uno de intimidad. Ese espacio amoroso que un lector crea con su libro no admite otra presencia. El niño que lee bajo la manta a la luz de una linterna cuando se le ha ordenado dormir, el adolescente acurrucado en el sillón para quien el único tiempo que transcurre es el del cuento que está leyendo, el adulto aislado de sus congéneres en un atiborrado vagón de tren o en un bullicioso café, encuentra su placer en un mundo creado sólo para él. Proust volvía al comedor una vez que la familia había salido a pasear para hundirse en el libro que estaba leyendo, rodeado solamente de los platos pintados colgados en la pared, del almanaque, del reloj, todos objetos, nos dice, "muy respetuosos de la lectura" que "hablan sin esperar respuesta y cuya jerga, a diferencia de la de los humanos, no trata de reemplazar el sentido de las palabras leídas con un sentido diferente". Dos horas de placer hasta la entrada de la cocinera que, con sólo decir "así no puede estar cómodo. ¿Y si le traigo una mesita?", lo obligaba a detenerse, a buscar su voz desde muy lejos, a sacar las palabras de su escondite detrás de los labios y a responder, "no, gracias", con lo cual el encanto quedaba roto. El placer de la lectura no admite terceros.

Pero hay lectores para quienes la experiencia compartida prolonga y profundiza el placer de la intimidad. Acabo de leer un párrafo que me encanta y, antes de cerrar el libro o pasar a otra página, quiero leérselo a otros, regalar a un amigo el nuevo placer descubierto, formar un pequeño ruedo de admiradores de ese texto. Dar un libro a otro lector es decirle: "Éste fue mi espejo; ojalá sea el tuyo". Es así como creamos asociaciones de lectores que tienen algo de sociedades secretas, y es gracias a ellas que ciertos autores no han desaparecido de nuestras bibliotecas canónicas. He regalado innumerables ejemplares de Su mujer mona de John Collier, de la autobiografía de Henry Green, de Contra la corriente de James Hanley, de Rosaura a las diez de Marco Denevi, para poder hablar de lo que me gusta, para que mi placer tenga un eco. En su diario, Hervé Guibert cuenta que compró las Cartas a un joven poeta de Rilke para leer al mismo tiempo que su amigo el libro que éste se había llevado de viaje.

Intimidad solitaria y comparti-

da. La lectura nos ofrece también el placer de la inteligencia. ¿Qué otro arte nos permite pensar con Pascal, razonar con Montaigne, meditar con Unamuno, seguir los vericuetos de la mente de Vila-Matas o de Sebald? No se trata de dejarse convencer con argumentos ajenos, lo que se ha llamado "terrorismo intelectual". Se trata de ser invitados a un momento de reflexión, de convertirnos en testigos de la creación de una idea, como ocurre en los diálogos de Platón o en las novelas de Gombrowicz. Se trata de escuchar y pensar. El resultado puede o no ser compartido; poco importa, ya que el recorrido intelectual no prevé ni conclusión ni destino preciso. Cerramos ciertos libros y nos sentimos más inteligentes, resultado que el autor no puede nunca prever. "El arte alcanza una meta que no es la suya" escribió Benjamin Constant. Lo mismo puede decirse de la lectura.

El placer de la inteligencia significa al menos dos cosas: disfrutar del uso de la razón y disfrutar del reconocimiento del mundo. Es banal recordar que la lectura nos lleva a regiones insospechadas; menos banal es recordar que nos hace ciudadanos de tales regiones. Para un lector, todo libro es un museo del universo y, a veces, el universo mismo. Los lectores habitamos El Cairo de Naguib Mahfouz, las islas de Conrad, el Madrid de Galdós, pero también la luna de Wells y de Verne, los universos soñados por Lovecraft y Ursula K. Le Guin, el País de las Maravillas de Lewis Carroll. Hay un cuento (ya no sé quién lo escribió) en el que un hombre leyendo las aventuras de otro que se pierde en el desierto muere de hambre y de sed en su cama, rodeado de comida y de bebida. De forma algo más moderada, todo lector conoce el placer de habitar el mundo creado por otros, de ser su explorador y su cartógrafo.

Un auténtico explorador goza de lo que encuentra, sea bueno o sea malo; un lector también. Que un libro nos parezca pésimo, no significa que no nos pueda dar placer. Los grandes poetas nos deleitan; otros menos agraciados también son capaces de hacerlo. El inglés Charles Waterton, famoso conocedor de las selvas de Suramérica, se extasiaba ante los animales más feos de la creación, como por ejemplo el sapo de Bahía, repugnante criatura que el Dr. Waterton cogía tiernamente en su mano y acariciaba con cariño, mientras hablaba emocionado de la profunda mirada y espléndido brillo de los ojos del batracio. Igual hacen los lectores con cierta mala literatura. Parafraseando a Wilde, yo diría que hay que tener un corazón de piedra para no morirse de risa ante ciertas páginas de Azorín o de Ángeles Mastreta. O ante este verso del poeta mexicano Díaz Mirón: "Tetas vastas como frutos del más pródigo papayo". Tales abominaciones tienen la marca de un genio.

Tom Stoppard escribió que pa-

ra saber si un escritor es bueno o malo, hay que preguntarle a su madre. Más interesante, más entretenido, más placentero es descubrir si es un visionario. Quiero decir, si es capaz de revelarnos en su obra esos pequeños secretos que misteriosamente dan sentido al universo, diciéndonos lo que no sabíamos que sabíamos. Elijo una frase al azar, de la novela de Ana María Moix Las virtudes peligrosas: "La experiencia, en contra de lo que la gente suele opinar, no es ninguna forma de sabiduría

... La experiencia, créame, amigo, no es más que una forma de nostalgia".

Tales revelaciones resultan menos insólitas que verdaderas. El lector sabe que, en tales casos, el placer no resulta de la sorpresa, que es obra del azar, sino de la confirmación de algo que ya ha intuido vagamente. La orden de Diaghilev a Cocteau -Étonnez-moi! "¡sorpréndame!"- es el deseo de un empresario, no el de un auténtico lector. El lector acepta las sorpresas del texto como un preámbulo amoroso -descubrir que alguien toma café en lugar de té, que duerme del lado izquierdo de la cama, que tararea La violetera en la ducha- pero luego busca un conocimiento más íntimo, más profundo del texto, una familiaridad que se extiende y se renueva con cada relectura. "Cuando diseño un jardín", dice un personaje de Thomas Love Peacock, "distingo lo pintoresco y lo hermoso, y agrego una tercera calidad que llamo lo inesperado". "¿Ah sí? Entonces dígame", responde su interlocutor, "¿qué nombre le da usted a esa calidad cuando alguien recorre el jardín por segunda vez?".

Tampoco debemos olvidar el placer de la memoria. Leer es recordar. No solamente esos "actos ocurridos hace mucho tiempo" sino también "los actos recientes de nuestros días". No solamente la experiencia ajena contada por el autor sino también la nuestra, inconfesada. Y no solamente las páginas del texto que vamos leyendo, memorizando las palabras a medida que adquirimos otras nuevas que olvidaremos en la página siguiente, sino también los textos leídos hace tiempo, desde la infancia, componiendo así una antología salvaje que va creciendo en nuestro recuerdo como la obra fragmentaria de un monstruoso autor único cuya voz es la de Andersen, la de San Agustín, la de Quevedo, la de Javier Cercas, la de Cortázar. Leer nos permite el placer de recordar lo que otros han recordado para nosotros, sus inimaginables lectores. La memoria de los libros es la nuestra, seamos quienes seamos y estemos donde estemos. En ese sentido, no conozco mayor ejemplo de la generosidad humana que una biblioteca.

Leer nos brinda el placer de una memoria común, una memoria que nos dice quiénes somos y con quiénes compartimos este mundo, memoria que atrapamos en delicadas redes de palabras. Leer (leer profunda, detenidamente) nos permite adquirir conciencia del mundo y de nosotros mismos. Leer nos devuelve al estado de la palabra y, por lo tanto, porque somos seres de palabra, a lo que somos esencialmente. Antes de la invención del lenguaje, imagino (y sólo puedo imaginarlo porque tengo palabras), imagino que percibíamos el mundo como una multitud de sensaciones cuyas diferencias o límites apenas intuíamos, un mundo nebuloso y flotante cuyo recuerdo renace en el entresueño o cuando ciertos reflejos mecánicos de nuestro cuerpo nos hacen sobresaltar y darnos vuelta. Gracias a las palabras, gracias al texto hecho de palabras, esas sensaciones se resuelven en conocimiento, en reconocimiento. Soy quien soy por una multitud de circunstancias, pero sólo puedo reconocerme, ser consciente de mí mismo, gracias a una página de Borges, de Jaime Gil de Biedma, de Virginia Woolf, de un sinnúmero de autores anónimos. La lombriz de la conciencia (como la llamó Nicolà Chiaromonte en otra página que me define) denota la incisiva, constante, obsesiva búsqueda de nosotros mismos. La lectura añade a esta obsesión la consolación del placer.

El placer ha sido denigrado en

nuestra época al entretenimiento superficial, a la distracción, a la facilidad, a la satisfacción egoísta. Confundimos información con conocimiento, terrorismo con política, juego con habilidad manual, valor con dinero, respeto mutuo con tolerancia altiva, equilibrio social con comodidad personal. Creemos que estar contentos (o creer que estamos contentos) es ser felices. Quienes están en el poder nos dicen que para sentir placer tenemos que olvidarnos del mundo, someternos a normas autoritarias, dejarnos subyugar por míseros paraísos, deshumanizarnos. Pero el auténtico placer, el que nos alimenta y nos anima, tiende a lo contrario: a tomar consciencia de que somos humanos, que existimos como pequeños signos de interrogación en el vasto texto del mundo. Quienes tenemos la fortuna de ser lectores sabemos que es así, puesto que la lectura es una de las formas más alegres, más generosas, más eficaces de ser conscientes.

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