sábado, octubre 28, 2006

Otra cosa.Distracciones Críticas

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El caso es que para que un libro se pueda vender ?según las ideas del mercado actuales relacionadas con el libro? hay que editar veinte, y hacer que el librero se quede al menos con una docena, aunque no los saque del almacén. Incluso hay veces que no es necesario sacarlo del propio almacén de la editorial. Basta con que el librero lo compre y luego lo devuelva sin que el libro en sí (ese objeto todo potencia) haya hecho viaje alguno. En el balance financiero, dicha obra habrá tenido un momento de gloria en el que figura como agotado, y, luego, otro donde figura en su totalidad guillotinado y contabilizado como pérdida.
Sin embargo, la necesidad de editar una buena cantidad de obras para editar una ?el caballo por el que se apuesta? no facilita las cosas a los autores de literatura, de ningún modo, porque lo literario hace algún tiempo que ha dejado de existir. Sé que no es una buena noticia, pero en cuanto a novedades, ahora más que en tiempos de Cernuda, la literatura «no tiene, cuando la tiene, sino actualidad», es decir, un tiempo nacido para ser devorado con celeridad por otra actualidad.

No se podría afirmar que no se edita; en realidad es todo lo contrario, hasta el punto de que apenas puede haber editora que edite poco. Si existe, no tarda en llegar un Grupo Editorial a comprar tan exigua producción para inmediatamente triplicarla. Una vez ocurrido esto, olvídese usted de proponerles literatura.

Ahora bien, quizás tenga usted algún argumento atractivo, aunque carezca de talento, con cayucos, recalificaciones de terrenos, un poco de baja o alta prostitución y un personaje que, además de transitar por esos mundos, tenga sus ratos eruditos en los que pergeña una teoría sobre la caída del imperio Romano o algún evangelio gnóstico, en fin algo con mucho dinamismo y que se lea como una novela. Aunque sea otra cosa. Quiero decir, que es una novela, como casi todo lo que se escribe hoy día aunque parezca tener la forma de un soneto.

Pero es otra cosa.
Coleridge dijo, hace casi dos siglos, que todo autor tiene la tarea de crear el gusto mediante el cual se le puede apreciar. Pero ahora estamos empeñados, salvo algunos irreductibles díscolos, en escribir para unos lectores cada vez más resistentes a la lectura para la que no están acostumbrados. Llegará un momento en que no habrá forma de contaminarlos con el virus de la literatura: se habrán hecho totalmente inmunes. Sin embargo, como en los viejos tiempos, hoy también hay catacumbas donde aguarda el Inédito.

Juan Malpartida
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