jueves, octubre 12, 2006

El peligro de releer

Posted by Picasa

El peligro que corremos con las relecturas de las novelas que nos gustaron es que puedes llevarte una decepción, porque lo que tu memoria recuerda es la novela rodeada del ambiente personal en que la leíste y no la novela en sí. Pero probablemente acercarse a la relectura es a la larga un acierto. Que ya situados en otro ambiente, en otro año, en otra semana conectas con la historia de otra forma y encuentras otros matices de los que quizás ni siquiera te diste cuenta de que existían. Tengo novelas como tesoros guardados en la memoria por la época en que las leí, por el ambiente personal que las encerraba, que las ha hecho mágicas y me da pavor coger el libro de nuevo y destrozar el recuerdo. Por eso poseo novelas intocables, guardadas en la memoria y en la biblioteca de mi casa como tesoros, sé que no las leeré nunca más, por no destrozar un sueño, un tiempo feliz.

Pero existen en mi biblioteca otros libros fuertes, seguros de sí mismos, que aguantan batallas, ambientes distintos, diferentes edades, emociones dispares y resisten al borde de ese precipicio en el que puede convertirse una relectura. No sabía que lo que guardábamos en la cabeza es la memoria del momento en que leímos ese libro, esa novela, esos poemas, me hizo percatarme de ello el efecto que producía en mí la práctica del verbo releer. Pensé, ¡cuidado!, puedo destrozar tesoros, arrancar nostalgias y borrar paraísos. Y me dedico a releer con sigilo, astucia y vigilancia ya que no quiero borrar de mi memoria ciertos recuerdos, no quiero borrar de mi memoria el sabor que me produjo leer una novela en un preciso momento que se convirtió en precioso. Así que no quiero borrar los sabores de algunas novelas. Pero otros libros como he dicho resisten el paso de los años y de las vivencias y aguantan estoicamente entre mis manos, mis nuevos descubrimientos y sé que ellos saben que yo sé que los dejaré en una balda de la biblioteca, en la dulce espera, para estar disponibles tal vez el año que viene, para volverlos a releer y así un montón de veces más. Libros que soportan el reencuentro. Novelas que aportan más momentos de placer a la memoria.

Poemas que no me canso de repetir en mi cabeza como letanías que se agarran a la vida, olvidando el tiempo. Párrafos que puedo leer con los ojos cerrados y que resuenan en mi cabeza con aire de confianza de viejos amigos. Estamos otra vez juntos. No me resisto a ir cruzando las semanas de mi vida sin encontrarme de nuevo con Las flores del mal, de Baudelaire, o El Principito, de Saint-Exupéry, o La identidad, de Kundera, o El libro de las ilusiones, de Auster, o Crónica de una muerte anunciada, de García Marquez, o La familia de Pascual Duarte, de Cela, o Cuerpos sucesivos, de Vicent, o El lápiz del carpintero, de Rivas, o Dos mujeres en Praga, de Millás, o La reina de la nieves, de Martín Gaite, o Malena es un nombre de tango, de Grandes, o El valle de las gigantas, de Martín Garzo, o El amante, de Duras, o Cielos de Barro, de Chacón, o…
Pero lo mejor de todo es que cada día encuentro otras nuevas novelas que ya sé que el año que viene serán por primera vez releídas, sin miedo de romper nada, con las ganas de las primeras veces y del reencuentro. Lo mejor de todo, al final de todo, se abren más posibilidades con la relectura o la lectura.

María Aixa Sanz
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