jueves, octubre 26, 2006

Biblioficciones

Posted by Picasa

Suceden con los libros cosas extrañísimas y paradójicas. Según las estadísticas, cada día se editan y se compran más libros y cada día se lee menos, porque los jóvenes prefieren las imágenes, pero al mismo tiempo todo el mundo está fascinado con que desde nuestros ordenadores pueda accederse a las grandes bibliotecas del planeta. Para unos el libro dejará de existir tarde o temprano tal como lo conocemos, o sea, en papel, y acabaremos leyendo en las pantallas de nuestros portátiles cualquier página que se haya escrito no importa por quién ni en qué siglo o país, mientras que otros se empeñan en lo contrario, hasta que llegue ese día, editando millones de libros que nadie leerá. La síntesis de ambas posturas la han encontrado quienes sueñan en implantar en el cerebro humano microchips con todos esos libros, que llegarían así a saberse como por ciencia infusa, sin haberlo leído, decorándonos mucho.


Cuando en los años sesenta el hombre empezó a viajar por el espacio, llegó a vaticinarse que en el año 2000 nos alimentaríamos todos como los cosmonautas, con píldoras y nutrientes liofilizados. De manera que todas esas biblioficciones a lo Julio Verne, a uno, que no tiene la menor intención de vivir ciento ochenta años, le dejan indiferente. De todos los grandes libros que se han escrito existen ejemplares en papel. La mayor parte incluso puede tenerlos cualquiera en su casa por muy poco dinero. Como decía un amigo en frase que gusta uno repetir: los libros que han cambiado nuestra vida se compran en los quioscos, si acaso no los regalan con el periódico del día. Por otro lado es cosa probadísima que ninguno de nosotros, ni siquiera los que lleguen a ciento ochenta años, vivirá lo suficiente para leer ni siquiera la mitad de lo que querría leer o releer. Amigo Mallarmé, ni la carne es triste ni ha leído uno todos los libros. Por tanto, en lo que se refiere al caso que nos ocupa, por uno pueden irse al infierno todos los ordenadores en un apagón informático universal. A la gran literatura, de la que el 99% se escribió cuando ni siquiera se había inventado la bombilla, o le sucedería absolutamente nada. Si nos privaran de las bombillas sería, en cambio, una catástrofe; ahora, sin electrónica, la biblioteca de una seguiría teniendo ese aspecto medieval y romántico de monasterio que en absoluto es incompatible con la modernidad. No podríamos decir otro tanto de los ordenadores. En veinte años ha tenido uno seis, y la información que guardaba en los primeros ya no puede trasegarla a los últimos, por haberse quedad aquéllos antiguos y obsoletos.

No sabemos si dentro de unos años inventarán el libro informático, ese que en sus bodegas podrá almacenar veinte mil volúmenes. Eso son veinte veces más de los que necesita nadie para ser culto. Decía JRJ: “Para leer mucho comprar poco”. Qué duda cabe que el ordenador nos ha facilitado a todos mucho las cosas, permitiéndonos consultar cómodamente desde casa millones de datos que antes nos llevaba días, incluso semanas, pesquisar. Ahora bien, leer, lo que se dice leer, seguirá haciéndolo uno con un libro en la mano, un viejo libro de viejo, uno de ese 99%, alguno de los que encierran en sus páginas amarillentas “el dolorido sentir” que nos importa, uno de esos libros que ni siquiera entran en las estadísticas.

El texto se publicó en la revista Magazine . Su autor, Andrés Trapiello, reflexiona sobre el futuro del libro y del cambio tecnológico al que se va a ver sometido.

VIA:El Documentalista Enredado
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