Los LIBROS

Posted by Picasa

Recuerdo que decidí aprender a leer porque mi papá se quedaba dormido cuando le pedía que me contara un cuento o me leyera un LIBRO. En ese tiempo yo los elegía por su portada; así, si su color era bonito o tenía un dibujo que me gustara, ahí estaba yo a los pies del Toby rogándole que me lo leyera. Todo iba bien hasta que un día se me ocurrió escoger "Colmillo Blanco". Mi papá lo miró y con cara de "ay esta niñita..." se dispuso a enfrentar la dura tarea leerme en voz alta, y consecutivamente por varias noches, las aventuras de este reconocido mestizo perro-lobo. Recuerdo ver su cara de horror - y bastante más flaca que la actual- cuando yo, más encima, le preguntaba a cada instante... ¿y por qué papá?, ¿qué hizo colmillo blanco pa que se lo llevaran?, ¿dónde vive ahora colmillo blanco?, y el niñito papá ¿se quedó solo? ¿por qué le puso colmillo blanco, papá? (nótese que él trabajaba de día, estudiaba en la tarde y, de noche, sólo esperaba dormir para poder enfrentar sus extenuantes e injustas demandas laborales). Cómo olvidar esos ronquidos infernales que me despertaban cuando, el pobre, se quedaba dormido a mi lado, intentando cumplir con su compromiso de leerme mis LIBROS.
...
Me encantan los LIBROS. Como en algunas familias se prepara comida, en la mía el amor se expresa regalando LIBROS. Desde pequeña recibía mi cuota mensual, la que por lo general ascendía a un mínimo de 1 y máximo de 3 -esto probablemente por el importante impuesto que, el pujante neoliberalismo de la época, había impuesto a los LIBROS-. Mi tío Moncho me entregaba sagradamente los últimos números de la típica colección de la Andrés Bello... los que engullía como si se tratara de la última gran teoría que debía conocer, para tener alguna opinión que dar... Cómo no citar los "Dioses del Olimpo", "Las crónicas de narnia", "Alicia en el país de las maravillas", "Tom Sawyer" y otros tantos buenos LIBROS que me llenaban de fantasmas e ilusiones.
...
Con cierta frecuencia, me trepaba por la biblioteca de mi casa, intentando alcanzar esos LIBROS que estaban en el último estante del librero y que yo, intuía, estaban prohibidos por su difícil acceso o porque estaban forrados con una hoja blanca que se tornaba amarilla con el pasar de los años. Memorias de una máscara, La princesa Daysi, Memorias de una pulga, Por qué no soy cristiano, El Capital, Fundación, Otra vuelta de tuerca, El vaso de leche, Cien sonetos de amor, Memorias de una joven formal, El último grumete de la Baquedano y otros, fueron los LIBROS que con mucha dificultad entendía, pero que daban cuenta de la diversidad de criterios, sentidos y experiencias que rondaban por mi casa. (esto lógicamente, lo entiendo ahora).
...
Me siguen encantando los LIBROS, especialmente si están usados, subrayados y/o comentados por sus anteriores dueños o dueñas. Esos LIBROS los atesoro e investigo, tal y como si me transformara en una arqueóloga motivada por descubrir las impresiones e ideas que emergieron en otros/as, a partir de su primera lectura. En el fondo, sigo haciendo lo mismo... intentando escuchar cómo los fantasmas leen las historias que aparecen impresas... Personajes descorporizados que no puedo tocar, pero que sí me tocan por sus ausencias... y que sólo puedo recuperar a través de la ilusión que me reporta el coleccionar LIBROS.

VIA: socia-lista.org
2 comentarios

Entradas populares