Sobre libros y melones


Herme Cerezo


"Los libreros de oficio, los de toda la vida, simplemente con el principio del título o unos breves rasgos del argumento, sabían de qué obra hablabas. Era algo así como si al vendedor de una tienda de discos le tarareabas o silbabas – hay virtuosos para todo – una melodía y, al instante, te proporcionaba el disco que querías y cuyo título no sabías o, simplemente, no recordabas. Claro, aquellos eran libreros vocacionales. Y de esos no quedan. Ahora existen dependientes de uso común, polifuncionales, incluso licenciados en las carreras más variopintas, con el uniforme de ‘vendelibros’....

Hoy el trabajador de una de esas expendedurías culturales no tiene por qué entender de libros. Con saber leer y conocer el alfabeto de carrerilla tiene suficiente, porque para eso está el ordenador que lo almacena todo, que lo sabe todo, que no olvida nada. El vendedor de libros de 2006 no se diferencia en nada de un melonero. Para él todos son iguales, más o menos dulces, pero iguales. Sólo necesita cuatro palabras y, con la opción de búsqueda, ya saben el icono de la lupa mágica, te lo solucionan rápido. Pero eso sí, que sean las palabras exactas porque si no...

Hace años los lectores teníamos nuestros libreros de cabecera. Sí, sí, no se rían, como si fuese un médico, una persona que sabía de tus gustos y que te encaminaba directamente a lo que buscabas. Los pocos que quedan hoy, los resistentes de la aldea global, auténticos guerrilleros culturales, habitan las librerías de lance, de segunda mano. Y allí viven con los libros, sueñan y discuten con ellos, los cuidan, les quitan el polvo y los restauran si se tercia. Son LIBREROS con mayúsculas. Pero claro, en estas librerías los libros no son melones.Sólo son libros, que no es poco......

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