jueves, julio 27, 2006

No hay nada menos erótico que un libro...


"Nunca he sabido exactamente en qué consiste la fuerza extraña que vuelve cálido un texto. Aunque ya sería tiempo de que lo averiguara. Quince años siendo editor de la revista erótica El Jardín Perfumado, especie de Playboy más cosmopolita (menos rubias y más costumbres eróticas de otros pueblos), llevan a la gente, equívocamente a pensar que soy un especialista en esos temas. Pero si soy sincero, entre más pasa el tiempo y más cosas me pasan menos sé del asunto. Más ridículo me siento y menos idílicamente erótico. Tal vez el erotismo y la pasión siempre son ridículos. Y por un instante magnífico nos engañamos pensando que son sublimes.
Y conste que hablé de un texto cálido y no erótico. El término mismo de “literatura erótica” me parece molesto y falto de interés. Es como una de esas declaraciones de principios de los políticos, casi siempre vacías. No hay nada menos erótico que un libro o una revista que llevan esa intención en la portada. Se vuelven un saco roto donde se echan cosas que no vienen al caso: torpezas disfrazadas de osadía, frustraciones algo estúpidas, vociferaciones visuales y escritas, eyaculaciones del temperamento y muy poca sensualidad verdadera.
Sin embargo, la temperatura que un texto produce en el cuerpo de algunos lectores es un hecho innegable. Hay historias que nos trastornan, que se nos suben a la cabeza, o a otras partes del cuerpo. Porque es bien conocido que los hombres con mucha frecuencia pensamos con el sexo. Y claro, las mujeres también..."


Alberto Ruy Sánchez

LA PASIÓN,
EQUÍVOCO ASESINO
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