viernes, julio 21, 2006


"...al parecer, la misma idea del pocket ha cambiado. Las ediciones han mejorado, el papel no parece de lija, las páginas no se despegan; las portadas son impecables. El formato, tomado en serio, ha adquirido dignidad, incluso ahora son los libros piratas los que parecen los de bolsillo de antaño. Algunas editoriales, de hecho lanzan primero las versiones populares antes que los volúmenes de tapa dura - pienso en Entre caníbales de Ljuba Yez y Sábanas rojas de Diana Massís- mientras prueban modos de repensar los modos en que los libros llegan a su público.En un mercado editorial con una crisis permanente, los libros pocket son una salida inusitada pero interesante: el camino hacia una literatura inmediata, de un impacto inmediato; un sistema idóneo para escrituras urgentes caminando por la delgada línea que separa al arte del consumo."

Álvaro Bisama.

El Comelibros

EL FRONDOSO bosque actual de las letras de bolsillo está lleno de raíces. Hasta que llegó Alianza en 1966 el libro pequeño y barato se identificaba con otra colección mítica: Austral. En 1938, en plena Guerra Civil, apareció en Argentina el primer título de la colección, La rebelión de las masas, de Ortega y Gasset, padre del impulsor, años más tarde, de la propia Alianza. Cien títulos publicados en apenas dos años dan idea del éxito de aquellos libros de Espasa Calpe, que mantienen su sobriedad hasta hoy mismo. Años antes de la guerra, Calpe había lanzado una popularísima Colección Universal, y años después, ya en 1957, Germán Plaza haría lo propio con Libros Plaza, pero el tercer gran hito, con la Austral y Alianza, en el universo del bolsillo reciente vino bajo la advocación de un escueto gato negro como logotipo: Bruguera, que en los años de bonanza multiplicó sus colecciones y las bautizó con nombres de postín: de Libro Amigo a Cinco Estrellas pasando por Nova o Bolsilibro. La crisis de los años ochenta se llevó por delante a la casa madre -aunque su nombre acaba de resucitar a las órdenes de Ana María Moix-, pero de aquella operación quedan títulos fundamentales de Italo Calvino, Leonardo Sciascia, Jules Vallés, Thomas Mann o Juan Eduardo Zúñiga. El resto, más que historia, es ya actualidad.

VIA J.R.M.

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