Placeres y penas de ser librero

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Aunque el texto no es nuevo. Las palabras de Héctor Yánover ,Fernando Pérez Morales y de Esther Weissmann, aun siguen vigente para todos los libreros, las mismas quejas y las mismas penas.

"Hay mucho más trabajo administrativo; parte contable que no tiene nada que ver con los libros y que roba muchas horas".

"Las editoriales le dan mucha más importancia (esto es una tendencia mundial) y por lo tanto les mandan enormes cantidades de libros y a las pequeñas librerías independientes, muy pocos. Por ejemplo, de un libro interesante me mandan tres ejemplares y se venden en seguida. A lo mejor ocurre que las grandes librerías carecen de personas que puedan señalar la importancia de ese libro; en consecuencia venden muy poco y quedan las pilas sobre las mesas. Entonces, el cliente llega a la pequeña librería de su barrio, donde siempre se surtió, y el libro se acabó; así se crea la imagen de que en las pequeñas librerías no se puede comprar. Yo he perdido una enorme cantidad de clientes por ese motivo. Y si pido reposición me dicen que no quedan porque todos los libros los han repartido en esas librerías. Pero suele ocurrir que tengo un libro en consignación y, de pronto, lo necesitan para esa otra librería, me llaman y me lo piden de vuelta."

" No le tengo miedo a las grandes librerías; le tengo miedo a que las editoriales no me den a mí lo que le pueden dar a los grupos de poder. Yo trato de estimular mi librería en las carencias de esos grupos: atención personalizada, saber el nombre del cliente, conocer sus gustos desde que es chico hasta que se casa y te trae a la mujer".

"Una librería es un foco de civilización; atendida por alguien que tiene un compromiso con los libros, que lee y le gusta lo que hace, es importantísima para barrios y ciudades chicas del interior. Las otras son negocios y no tiene nada que ver una cosa con otra. Pero lo espantoso es -como dicen ustedes- cuando las editoriales comienzan a privilegiar sólo a las cadenas y desatienden a las librerías pequeñas, y eso está ocurriendo. De un tiraje de tres mil ejemplares, el 80 % va a las cadenas y el 20 al resto. Eso se relaciona con que ser editor es un trabajo difícil, no es de lo más redituable, y el hecho de que la Argentina haya ido perdiendo sus grupos editoriales independientes y todos sean extranjeros y grandes cadenas hace que, a quienes los administran, sólo les importa el número. El libro merece otra atención."

Placeres y penas de ser librero

Por María Esther Vázquez
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