martes, junio 20, 2006

Los libros peregrinos


"Fata sunt libelli, dijeron –si me torpe latín no vuelve a fallarme– los clásicos que precedieron a nuestra lengua: los libros pequeños y también los grandes tienen cada cual su propio destino, su idiosincrásico ir y venir escrito en el parpadear fatal de ciertas estrellas. Ellas determinan (sigo hablando en metáfora) los sentidos propios o colaterales que recibirán esas páginas, su marginación o su éxito –a veces ambos– y también el enjambre de sus interpretaciones. O el olvido, piadoso y atroz...
Porque una librería (o una biblioteca) es como una farmacia: en ella hay remedios legibles para todos los males humanos, desde la ignorancia a la melancolía, y también pociones mágicas que proporcionan saber, regocijo o acicate erótico. Eso sí, no faltan tampoco los venenos..."

Fenando Savater
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