miércoles, junio 14, 2006

A la caza (literaria) del animal que llevamos dentro


"Cuando estamos en alguna biblioteca muy grande, e incluso en algunas francamente pequeñas, si guardamos el debido silencio se escucha a lo lejos el ruido de los animales corriendo por dentro de los libros de un extremo a otro de los estantes que albergan cuanto se ha impreso. Los animales habitan las bibliotecas porque habitan la literatura y varios otros terrenos tipografiados y encuadernados. Pero invocando el placer absoluto de contar cuentos por encima de la erudición zooliteria, escuchemos también a los otros animales literarios, a los que no han sido impresos y dan sus pasos al ritmo de los nuestros, nos cuentan sus historias y dialogan, se perfilan por contraste o similitud, con los animales ya impresos. Porque, continuando con el giro bestial que nos guía, aceptemos que leer cuentos de animales se convierte en un aprendizaje vital: es un acceso a nuestro elemental y más profundo abecedario. Es aprender a ver el rincón obscuro de nuestro espejo.
Recordemos que todo animal es un cuento en movimiento que gira para morderse la cola. Si sorpresivamente sentimos el mordisco somos ese animal y debemos comenzar a contar, cantar, escribir o aullar nuestra historia, como le sucedió a un tal Gregorio Samsa al despertar aquella mañana…"


Alberto Ruy Sánchez
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