El libro de la almohada

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Anochece y apenas puedo seguir escribiendo. Sin embargo, me gustaría dejar terminadas mis notas por completo, haciendo un último esfuerzo.

Escribí estos apuntes sobre todo lo que vi y sentí, en mi habitación, pensando que no iban a ser conocidos por nadie. Aunque mis anotaciones triviales y sin importancia, podían parecer malintencionadas e incluso peligrosas a otros; por eso he tenido cuidado en no divulgarlas. Pero ahora me doy cuenta de que, así como inevitablemente brotan las lágrimas, según dice el poema, del mismo modo estas notas dejarán de pertenecerme.

Un día, el Ministro del Centro entregó a la Emperatriz una pila de cuadernos. La Emperatriz me preguntó: “¿Qué se podría escribir en ellos? El emperador ya está redactando los Anales de la Historia”. Entonces yo le contesté: “Si fueran míos, los usaría como almohada”. La Emperatriz dijo: “Entonces, quédatelos”, y me los dio.
Comencé a llenarlos con el relato de rarezas sobre hechos del pasado y toda clase de asuntos. Llené una enorme cantidad de hojas. En mis notas hay muchas cosas incomprensibles. Si hubiera elegido temas que las demás personas consideraran interesantes o espléndidos, o si hubiera escrito poemas sobre árboles, plantas, pájaros o insectos, los otros podrían juzgar mis escritos, tendrían derecho a afirmar “conocemos sus sentimientos”. En otras palabras, la crítica sería admisible.
Pero mis notas no son de esta clase. Escribí para mi propio entretenimiento, y apunté únicamente lo que sentía. Nunca esperé recibir, sobre estos escritos casuales, comentarios tan importantes como los que se dedican a notables libros de nuestro tiempo. Me sorprendo cuando escucho cómo los lectores aseguran que se sienten apabullados ante mi trabajo. Pero es natural que actúen así: conozco la mentalidad de aquéllos que hablan bien de lo que detestan, y critican lo que les gusta. Por eso todavía lamento que haya leído mi libro.


La vida de Sei no Shonagon (cuyo nombre real fue Kiyohara Akiko) nos es poco conocida. Nació hacia el año 965 y se supone que es hija de Kiyohara Monosuke (908-990). Fue dama de compañía de la emperatriz Fujiwara no Sadako. Parece ser que se casó o convivió con Tachibana no Norimitsu, con el que tuvo un hijo: Tachibana no Norinaga (982-1034). También se desposó con Fujiwara no Muneyo. De esta unión tuvo una hija: Koma no Myobu. Por otra parte, se le atribuyeron numerosos amantes.

Amalia Sato es profesora en Letras (Facutad de Filosofía y Letras, UBA), editora de la revista literaria Tokonoma, traducción y literatura, directora de la colección Narrativa/Tokonoma de la editorial El Cuenco de Plata, docente de Español en la Fundación Centro de Estudos Brasileiros e Investigadora en la Sección de Asia y Africa, Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.

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