"Un grupo editorial juzga las ideas por el dinero que ganan"




El autor de La edición sin editores denuncia en su nuevo ensayo que "los grandes grupos editoriales controlan hoy el pensamiento más que nunca"
JUSTO BARRANCO

Al mundo de la edición de libros ya no sólo no le hacen falta editores, como denunciaba André Schiffrin en su anterior ensayo: no le hacen falta ni librerías. La mitad de las ventas en EE.UU. del último ejemplar de las aventuras de Harry Potter se ha realizado en hipermercados. Y pese a la amenaza que este hecho supone para las librerías y para las editoriales independientes, esa no es la mayor de las preocupaciones que expone el editor Schiffrin en su nuevo libro, El control de la palabra (Anagrama/ Pagès Editors): no sólo continúa el proceso de concentración de editoriales, discográficas, productoras de cine y medios de comunicación en grandes conglomerados, sino que, como en el caso de Francia, éstos están controlados por grandes empresas armamentísticas cuyo único cliente es el Estado. Las implicaciones no son pocas. "Los grandes grupos editoriales controlan el pensamiento más que nunca", denunciaba ayer en Barcelona André Schiffrin, que durante dos décadas dirigió la editorial Pantheon Books en EE. UU. Schiffrin recordó que cuando hace seis años apareció su libro La edición sin editores hablaba de la situación en EE.UU. creyendo que eso no podía suceder en Europa. Pero ha sucedido. El editor asegura que en EE.UU. los medios de comunicación han silenciado la realidad de la guerra de Iraq durante los primeros años, y también lo han hecho las editoriales, controladas por grandes grupos mediáticos. Y eso explica lo que ha sucedido. Pero asimismo, tras un tiempo en Francia, donde su padre fundó hace décadas la Biblioteca de La Pléiade, constata que "se ha convertido en el único país del mundo en el que sus esenciales órganos de prensa están en manos de vendedores de armas": los grupos armamentísticos Lagardère y Dassault controlan Le Figaro, Paris Match, Marie-Claire, Larousse, Salvat o Lire, y poseen entre los dos el 70% de la prensa francesa y buena parte del mundo editorial. Y sólo tienen un cliente, el Estado, con lo que los políticos pueden buscar congraciarse con la prensa comprando armas. Schiffrin apuesta por el precio único del libro para que las grandes superficies no quiten ventas a las librerías tradicionales, que así pueden mantener libros que venden menos. Y rechaza la posibilidad de que las editoriales y los medios de comunicación alcancen las rentabilidades del 15% y el 20% que exigen los fondos de inversión. Para evitar la situación propone aplicar las leyes antimonopolio como a otros sectores, crear cooperativas de lectores o editoriales sin ánimo de lucro como la suya actual, The New Press. Porque, concluye, "en los grandes grupos editoriales las ideas se juzgan por el dinero que ganan. Y las ideas son tan importantes como el dinero que puedan generar".

La Vanguardia........
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