Antología de Aniversario














Por Dr. Van der Weintraube
Volvería a leer esos libros como volvería a besar ciertas bocas y volvería a cruzar ciertas puertas. A veces al abrirlas, a veces al cerrarlas. Volvería a quedar embelesado de la inmensa experiencia de leer El alma fugitiva de Harold Brodkey, y su tranco pausado, cruce anómalo de Proust y Cheever. Feliz releo a Richard Ford, su díptico de El periodista deportivo y El Día de la Independencia. Volvería a agradecer la existencia de Roberto Bolaño no sólo en las letras chilenas y volvería a quedar baboso con Estrella distante, agobiado con Los detectives salvajes y entre maravillado, confuso y con sobredosis con 2666. No me perdería ni una línea de Leopoldo María Panero, ni el más mínimo verso de Joseph Brodsky. Sin duda compraría de nuevo Libro del desasosiego y volvería a picotearlo como cada noche, biblia del agnóstico, esperanza del desesperanzado. De Saramago todo el pre Nobel, tan bueno, tan arriesgado, tan incierto. De António Lobo Antunes, su par, su rival, su alter ego, lo que pudiera llevarme. De Cormac McCarthy esa enseñanza de la fuerza del mal que es Meridiano de sangre. Y a Philip Roth le leería línea por línea Pastoral americana antes de desternillarme con su delirio en El teatro de Sabbath. La carne de René de Virgilio Piñera y todo lo que de su pluma emane. Otra relectura de Joyce y Kafka y La muerte de Virgilio de Hermann Broch y releer El tiempo recobrado después de la película de Ruiz y abrirme a la literatura nacional después de "Días de campo", del mismo reiterante Raoul Ruiz como lo firman en París. Las antologías de Richard Ford, la de Chéjov el inmenso, la del Cuento Norteamericano, esa joya bibliográfica que costará cinco veces su precio cuando desaparezca de las estanterías. Claudio Magris y El Danubio o Microcosmos. Roberto Calasso y todo lo que ponga negro sobre blanco. Todo Thomas Bernhard, Corrección, esa novela tremenda y perfecta sobre la vida de Wittgenstein y por supuesto la biografía de Wittgenstein de Ray Monk. Los ensayos delirantes y terminales de Paul Virilio y Sobre la televisión de Pierre Bourdieu. Volvería a cruzar el Mar del Norte en un Boeing leyendo Los anillos de Saturno de W.G. Sebald, literatura del futuro. Me inclinaría ante Vila-Matas por París no se acaba nunca. Y ante Mario Bellatin por Flores. Recorrería cada línea de Edmond Jabés (otra vida) y Luis Mateo Díez e Irene Nemirovsky y Javier Marías. Tanto que leí en estos años. Y tantos más que no caben en 425 palabras de dicha.
Dr. Van der Weintraube.
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