jueves, mayo 15, 2008

Los 100 libros que todo hombre debería leer









los 100 libros que todo hombre debería leer en su vida. Hay muchos de los mejores libros de la historia, y cada uno de ellos con una foto..
Podríamos hacer una lista, con los cien libros de Autores Latinoamericanos que hay que leer antes de morir…o seamos más localistas.. los 100 autores venezolanos de lectura obligada.. empecemos la lista, haga sus sugerencias acá…

martes, mayo 13, 2008

Presentación de La huella del bisonte ..HECTOR TORRES


Presentación de La huella del bisonte (Editorial Norma, colección La otra orilla)Fecha: El próximo 15 de mayo, a las 7:00 pm.Lugar: Espacios Abiertos Econoinvest, en la planta baja de la Torre Mene Grande, Los Palos Grandes, Caracas.Las palabras de presentación estarán a cargo de Oscar Marcano
El vino será por cuenta de la casa.



BUENOS AIRES PoD, EL FUTURO DEL LIBRO


"...gracias a las nuevas tecnologías (en este caso puntual, los archivos en formato PDF)se pudieron “recuperar” libros incunables, agotados, inexistentes en los stands de las librerías.

Y no importa que el Kindle de Amazon sea un éxito, o que el lector de PDFs de Sony se venda mucho. La gente sigue amando a los libros en papel, y, por lo visto, ambos formatos (el papel y el digital) pueden convivir pacíficamente, y hasta ayudarse mutuamente.

La mejor prueba de esto es lo que realizan los chicos de Bibliográfika , comandados por Diego y Gustavo Vorobechik, respaldados por Ezequiel Bardas, gerente de Marketing de Artes Gráficas y Color Production Systems Group de Xerox para el Cono Sur."


sábado, mayo 10, 2008

Expresso book machine



Goyette Dos Gallos dijo…
Estimado Roger le mando el link de u artículo de la expresso book machine, y otro de la empresa de la máquina.

viernes, mayo 09, 2008

¿Quién dijo que la televisión y los libros son irreconciliables?...Pablo de Santis


"El que lee esconde un secreto. Cuando vemos a alguien leyendo en el tren, en el metro, en el banco de una plaza, sabemos que está atento a cosas que no están presentes: podemos descubrir la portada del libro, pero no las imágenes que éste despierta en el lector. Tal vez por eso la pasión por la lectura nunca se transmite de un modo sencillo. El problema desvela a maestros y a padres: cómo comunicar una experiencia huidiza, una disciplina que es a la vez una pasión tan íntima, tan invisible: tan difícil como hacer que otro sueñe, a través de un manual de instrucciones, los mismos sueños que uno.

Por eso ha costado tanto que funcionen bien esos dos campos irreconciliables: la televisión y los libros. En el mundo de habla hispana los programas culturales, ubicados en horarios difíciles, y con formatos tradicionales y una producción muy limitada, en general pierden en el camino los elementos vitales que debe tener toda lectura."

Un formato televisivo en Argentina prueba que sí es posible hablar de literatura de manera amena y rigurosa. El escritor argentino Pablo de Santis relata la experiencia vivida en su país con un nuevo programa coordinado por el autor

Juan Sasturain.

Pablo de Santis (Buenos Aires, 1963), periodista y guionista de historietas, obtuvo con la novela El enigma de París el Premio Planeta-Casa de América 2007.


“La librería se está conviertiendo en un sitio absolutamente exótico”


Según palabras de Manuel Rivas, escritor, en una entrevista concedida a la revista de la UNE donde reflexiona sobre el libro y la influencia de las nuevas tecnologías en su futuro. La desaparición de las viejas cafeterías, librerías y tiendas pequeñas por la presión especulativa preocupa al escritor Manuel Rivas quien compara este proceso con el que está sucediendo en la naturaleza: “Igual que se destruyen playas con dunas o se corroen espacios naturales, en el espacio urbano ocurre un proceso similar”, señala. “La librería se está convirtiendo en un sitio absolutamente exótico, raro”
El escritor gallego, en una entrevista concedida a la revista Unelibros, reflexiona sobre la necesidad de contrarrestar esta situación y se anima a sugerir alguna idea: “Crear un nuevo ecosistema de pub-taberna-librería”, propone.
LER EN : Tökland

Amor ipso facto..Julio Trujillo



"Debo admitir que, antes de verla, yo ya estaba en un estado de notable erotización. El ambiente se prestaba para ello: la nave era grande y ronroneante, con todas sus máquinas configurando una sinfónica de motores que, más que escucharse, se sentían directamente en el estómago. Veníamos de una aburrida explicación sobre el mundo de la pre-impresión, salvada acaso por la presencia de una bella Plotter Epson Stylus PRO 10000, pero nada memorable. Entrar a la nave, en cambio, fue como ingresar a una fiesta VIP: impresoras de última generación, plegadoras mixtas, guillotinas, retractiladoras, alzadoras y una Muller Martini que, a lo lejos, presumía sus seis cuerpos de embuchado con desparpajo. Todas las Heidelberg Speedmaster hubieran bastado para que me enamorara tres o cuatro veces instantáneamente, pero aún me esperaba el encuentro que me tiene aquí, pasmado, pensando como un obseso en esos cilindros y rodillos chorreando tinta: era (ya se sospecha) la Mitsubishi Diamond 3000 de ocho colores. Sé que hay máquinas más nuevas y que las Indigo digitales, de innegable belleza, acaparan la atención de los frívolos, pero yo me quedo con la Mitsubishi de ocho. Ya desde el alimentador de hoja –con su cabezal aspirador y sus guías laterales– uno está dispuesto a ponerle casa. Por no hablar de sus tres cilindros (portaplancha, portacaucho e impresor) que fueron, para mí, como verla desnuda y en acción, en el acto de oprimir el papel contra el caucho para que éste vaya pasando la tinta. Sus dosificadores de tinta, sobre todo las mesas batidoras, me produjeron una exclamación que inmediatamente disfracé de profesional carraspeo, pero a la hora de ver lo que pasaba con el grupo mojador, no pude más que aullar, si bien es que con gravedad, ante la sorpresa de mis acompañantes: es ahí donde las mesas cromadas aportan a la plancha una película de agua para conseguir el orgasmo de la impresión, conocido oficialmente como función química agua-tinta. En éxtasis, fuera de control, alcancé a ver la salida de hojas y su respectivo tratamiento de infrarrojos, con todo y la consabida película de polvos antimaculantes. Después me llevaron a la recepción por un vaso de agua, para calmarme, pero yo la sigo viendo, mezclando sus colores con irresistible sensualidad: negro, magenta, cyan y amarillo –y vuelta otra vez."
Julio Trujillo

Elogio de la casa de citas...Roger Bartra


"Todos aquellos que hemos pasado por las agridulces tareas de dirigir una publicación periódica sabemos que la sección de comentarios de libros es una fuente permanente de dolores de cabeza. Por lo regular, estas secciones reciben una avalancha de reseñas elaboradas por los amigos del autor del libro. Por otra parte, es necesario a veces un esfuerzo que parece sobrehumano para obtener un comentario de obras que piden a gritos una reseña crítica, sea por su evidente importancia o por el amplio interés que han despertado. Pero lo más complicado es lo que a mí me parece una exigencia normal: que los comentarios de libros deben ser pequeños ensayos; microensayos, si se quiere, pero ensayos a fin de cuentas. Esto quiere decir que debemos exigir que los comentarios de libros cumplan ciertas condiciones mínimas, propias de todo ensayo. Dicho esto, advierto que en este breve comentario sólo me referiré a un aspecto, tal vez marginal, pero que está relacionado con las peculiaridades del género ensayístico. Me refiero a la manera de citar otros textos."

"Desde hace mucho tiempo ha crecido como una moda que parece incontenible la idea de que las citas de pie de página (o al final del texto) son un mal hábito propio de especialistas tercos, y que quienes escriben libremente no tienen por qué usar de un método semejante. Y así, aunque un texto –digamos una reseña del último libro de Kundera– esté lleno de referencias literarias, muchas veces su autor evade cuidadosamente toda mención a sus fuentes: él debe dar la impresión de que su pensamiento es original y fluye con libertad, y que si hay préstamos de ideas ajenas todo lector culto sabrá reconocerlas de inmediato, de manera que el escritor no debe agregar ni una sola nota; ello sería rebajarse a realizar tareas necesarias sólo para lectores ignorantes que necesitan acudir a casas de mala nota para satisfacer sus necesidades rudimentarias. Además, como es sabido, las notas de pie de página le complican la vida a los diseñadores de publicaciones."

jueves, mayo 08, 2008

MONTE AVILA CHAVISTA


"La legendaria editorial venezolana Monte Ávila Editores Latinoamericana celebró el pasado 8 de abril su aniversario 40 en medio de la polémica. Dos de los poetas más importantes de Venezuela, Eugenio Montejo y Rafael Cadenas, se negaron a que el sello publicara sus antologías poéticas. “Ahorita no quiero publicar en Monte Ávila, no es nada personal”, afirmó el primero, mientras el segundo se negó cuando ya había una selección y un prólogo listos. La editorial, adscrita al Estado venezolano a través de su Ministerio del Poder Popular para la Cultura, es ahora criticada por asumir una línea editorial que, a través de mecanismos como la naciente colección Milenio Libre, privilegia publicaciones que difunden el pensamiento del régimen chavista."
Ojo no solamente la editorial, como aparece en esta nota de la revista Arcadia, acordémonos un poco del cierre el año pasado de su librería, ejemplo de variedad y atención, para convertirse en una más de las LIBRERIAS DEL SUR ( antiguamente Kuai-Mare, hermoso nombre sustituido sin lograr nada en el cambio), parte de la cadena de las librerías del estado venezolano:

lunes, mayo 05, 2008

Una educación humanista es aquella que enseña a leer.


A partir del cuarto mes de gestación los pequeños pueden escuchar las palabras de su madre. Desde el vientre comienza entonces su proceso de adquirir el lenguaje. Y al nacer, después del primer llanto, empezará por leer el rostro de su madre: su primer libro.
María Cristina Rincón*


Los derechos imprescindibles de lector
Los diez mandamientos
Saltarse páginas, leer cómics o simplemente no leer son posibilidades que los adultos desechan cuando se trata de los niños. La obligación jamás funciona para la lectura.
Andrea Victorino


1.Todos los días, resérvate un rato para leer... no solamente libros, desde que el cómic apareció los niños se sienten atraídos por ellos, hoy leen desde el clásico Batman hasta lo más elaborado del manga japonés. Pero si su hijo es de los que se aburre con tanto cuadro, letra pequeña y ojo ultrasuperexpresivo junto, bien vale la pena una revista de música, o si tiene talento para las manualidades está Art Attack, que además es programa de televisión.


2.Busca cualquier disculpa para que te lean y te cuenten cuentos... ¡claro!, pero si le piensa leer por onceava vez Caperucita Roja, Blanca Nieves y los siete enanitos y, en el mejor de los casos Cuentos en verso para niños perversos, esos libros que para usted, respetado adulto, son los clásicos, de la literatura infantil, mejor absténgase. A lo mejor el niño sale corriendo antes de que usted pueda buscar el libro, y si de contar historias se trata, no busque al abuelo, a veces pueden tornarse repetitivos, recuerde que hay gente experta en esas artes oratorias y es fácil encontrarlos en la plazas, en las bibliotecas y hasta en las universidades.


3.Fíjate bien en cómo leen las personas mayores... A veces los adultos no son el mejor ejemplo. Porque, ¿quién dice que lo que leen mi papá o usted es lo que se debe leer? ¿Quién dice que Harry Potter es menos apasionante que las aventuras de Odiseo? ¿Quién dijo que el joven Werther era él único que sufre por amor? ¿Dónde quedan Patito Feo y Hannah Montana? Porque las imágenes también se leen y las de la tele además nos hablan.


4.No te quedes con ninguna duda... Ese es un verdadero clásico de los docentes, que siempre quieren que sus alumnos lo entiendan todo y aprendan todo, sobre todo lo que ellos creen que se debe aprender... Pero a veces la duda es el principio del conocimiento, así que si su hijo, su alumno o su nieto tiene alguna pregunta puede remitirlo al menospreciado diccionario, pero como ahora poco abundan los ejemplares “ladrilludos”, le puede mostrar Wikipedia, donde todos meten mano y, ¡oh sorpresa!, a veces se les puede creer.


5.Pide consejo: a tus padres, a tus profes, al bibliotecario, al librero... y estos señores van a decir qué es lo que se debe leer. Pero a veces es mejor dudar de ese deber y charlar con los niños sobre lo que les gustar leer... de pronto entendemos que para ellos asustarse por los dientes hurtados de Ligeia o sentirse atraídos por Holden Caulfield, el protagonista de El guardián entre el centeno, es tan importante como dedicarle tiempo a Bob Esponja, a Facebook y a meditar sobre los consejos que aparecen en Puberman.


6.Si te apetece leer, lee. No te distraigas con otras cosas. Aquí es necesario hacer una aclaración, todo el tiempo estamos leyendo: leemos la prensa, leemos las revistas, leemos los anuncios, leemos las expresiones corporales de otras personas, leemos las imágenes y lo hacemos distraídos o no. Claro que hay cierta lectura que nos cuesta más trabajo, como bien lo dijo señor Estanislao Zuleta, y por ende más concentración. Pero no hay nada mejor que una tarde de música y cómic, y si se remata con una película, mucho mejor.


7.Visita la librería y la biblioteca más próximas...porque además se pueden encontrar libros, revistas, videos, películas y alguien con quién hablar.


8.Organiza bien tu biblioteca... Y no porque las madres se caractericen por la obsesión del orden y la limpieza, y sean sus pobres hijos y esposos las víctimas de esa polvorosa obsesión. Sino porque organizar la biblioteca permite que su hijo escoja el orden en que quiere tener sus libros, revistas y cd y que cuando salga corriendo para la casa de su mejor amigo no revuelque todo el cuarto tratando de encontrarlos.


9.Piensa que tus amigas, tus amigos, son los mejores compañeros de lecturas...y de muchas otras cosas más. Es necesario recordar que los mejores amigos, a veces no son los papás o los profesores, a veces es mejor organizarles plan a sus hijos con sus compañeros de colegio, llévelos a ver una película, dejen que hablen con ellos por el chat, apoye el intercambio de música, que además de aumentar la discografía en el computador de su hijo, está educando a un joven consciente de que la información debe circular libremente.


10.Aprovecha cualquier ocasión para leer... y ¡ojo! para leer lo que a ellos les guste. Si su hijo es de los que prefieren ver primero la película y luego llegar al libro... déjelo, dele la bienvenida al mundo de los que disfrutamos de las adaptaciones... si le gusta leer por pedazos, sin ningún tipo de orden establecido, sin un horario claro... ¡dele la bienvenida al mundo de la lectura anárquica! Las madrugadas y una linterna serán sus mejores amigos. Si ha llegado al final de este decálogo es porque no se ha sentido indignado frente a la idea de que enseñar a leer, a los niños no es cultivarlos en una tradición literaria anclada en la escritura, sino que enseñarles a leer, es enseñarles a ser críticos frente al mundo y sus lecturas, y para lograrlo debemos ampliar el panorama, el nuestro y el de ellos, y ayudarlos en la formación de parámetros que les permita elegir lo que a ellos les gusta.



domingo, mayo 04, 2008

Los hombres leen menos que las mujeres


Preferencias

- De acuerdo con el estudio realizado por la Secretaría de Cultura, leen más los residentes en Buenos Aires y en áreas metropolitanas, los menores de 35 años, las mujeres y los de poder adquisitivo alto.- Los textos de autoayuda son los más requeridos por las mujeres.- Los hombres se inclinan por textos sobre economía, administración empresarial, política y novelas policiales.


"Acerca del hábito de la lectura, el trabajo, que se presentará en la Feria del Libro de Buenos Aires, sostiene que “se ha detectado un incremento importante respecto al estudio anterior: cerca de diez puntos porcentuales por encima del 46,4% alcanzado en el 2004”.

En ese aumento se destacan las mujeres, los menores de 35 años, los de nivel socio económico alto y los residentes en la ciudad de Buenos Aires y el área metropolitana.

Del 43,8% que sostiene no haber leído ni un libro en el último año la mayoría son hombres mayores de 35 años, de nivel socio económico bajo y residentes en el noroeste argentino (NOA) y la Patagonia.

La misma investigación indica que entre el 2004 y el 2006 aumentó también el promedio de libros leídos, y que ese porcentaje pasó de un 3,9% hace cuatro años al 4,6%, 24 meses atrás. El estudio que desarrolló la Secretaría de Cultura revela también que, a pesar de las diversas formas en las que el lector puede acceder al libro, en la mayoría de los casos de trata de la compra de los volúmenes (56,2%) seguida del préstamo (30,2 %) y el regalo (15,6%).

Un dato a tener en cuenta es que el uso de la biblioteca se limita apenas a un 9,9% de los casos, lo que indica que los estudiantes han perdido el hábito de consultar y estudiar en esos espacios.“En lo que respecta al fotocopiado de libros, la mitad de la muestra reconoce utilizar esa práctica: se trata en la mayoría de los casos de estudiantes menores de 35 años. De hecho, de la totalidad del material fotocopiado, el 86% corresponde a material de estudio seguido por un 15,7% correspondiente a materiales de trabajo”, se puede leer en el trabajo que editó la Secretaría de Cultura de la Nación."

sábado, mayo 03, 2008

Los libros no leídos


"Las razones que explican esta falta de avidez por los libros representan un rosario multivariado. En primer lugar, hoy los libros compiten poco y mal con un juego de video que tiene la propiedad de producir epilepsia fulminante en un niño de once años. Por otro lado, las escuelas mexicanas cuentan con un lastre impresionante; una especie endémica conocida genéricamente como “maestro” que ayuda poco. Quien haya presenciado las manifestaciones docentes en los últimos años tendrá que convenir conmigo en que si la esperanza de que nuestras criaturas lean está depositada en estos mentores, podemos esperar cómodamente sentados a que esto ocurra hasta el devenir de la noche de los tiempos. Un tercer elemento ya no se vincula con cuánto se lee, sino con lo que se lee, y ahí el panorama tampoco es muy esperanzador. Es claro que el milenarismo y la autoayuda han llegado para quedarse y que la producción literaria con algún destino comercial se basa en títulos como: “manual del seductor infalible”, “cómo bajar veinte kilos comiendo machitos” o “guía práctica para conectarse con el más allá.” Por supuesto no seré yo quien cuestione estas preferencias, ya que mucha bilis han invertido nues-tros analistas en demostrar que esta basura efectivamente lo es."

"Cualquier persona que no sea imbécil debería entender que, ante este panorama desolador, la industria editorial tendría que aplicar un principio de eficacia para tratar de atenuar los posibles daños. La sor-presa es que esto —que parece lógico— escapa de cualquier control en el preciso momento en que se inicia el proceso que, como se sabe, arranca con un señor viendo al cielo frente a una pantalla en blanco y buscando inspiración."

Quizás el momento más sencillo de esta maquinaria productiva es el de escribir un libro; para ello basta una idea, alguien medianamente lúcido que tenga algo que decir y una cierta disciplina para armarlo de manera legible. Acto seguido empieza un proceso muy parecido al Rosario de Amozoc. El escritor acude con su manuscrito a una casa editorial (que normalmente lo recibe como los aborígenes al capitán Cook) y entonces el editor dice, lacónico: “nosotros le avisamos.” En ese momento empieza la fase de dictamen (que puede durar una era geológica), por medio de la cual la casa editora le da a leer a un señor, que asumimos experto en las reacciones del público, el libro de marras. En el mayor número de los casos el dictamen es negativo, pero de cuando en cuando y para sorpresa del autor se le dice que sí. Éste se embriaga con sus amigos, festeja y si le va bien se gasta los cinco mil pesos de regalías anticipadas que recibió.

Acto seguido la editorial imprime el texto (normalmente tres mil ejemplares) e inicia una campaña de mercadotecnia que tiene la eficacia de un rifle de municiones; si hay recursos (nunca los hay) se invita a una presentación del libro donde cuates y gorrones se enteran de algo que ya sabían; se ha publicado un libro. Sin embargo, las fuentes culturales difícilmente abrevan de estos ágapes y la promoción se reduce a una notita invisible. Una segunda estrategia es hacer una gira de medios en la que de acuerdo con las posibilidades del editor se agendan entrevistas con el autor. Lo más probable es que se logre una charla en la radio a las tres de la mañana con un locutor que no sólo no leyó el libro, sino que difícilmente entiende cómo la vida lo puso en la circunstancia de entrevistar a alguien que no tiene el gusto de conocer.

El tercer paso de este desastre ocurre con un concepto elemental; la distribución. Uno pensaría que una prioridad del editor es poner rápidamente todos los libros a la venta en el menor tiempo posible ya que de eso se trata el negocio (pensar de otra manera supondría un talento comercial equivalente al de Capulina). Sin embargo, cuando se llega a buscar un libro (la estrategia más ignominiosa pero la más eficaz es buscar uno propio) invariablemente se encuentra con la respuesta del librero en el sentido de que a] “está agotado” o b] “no ha llegado.” La primera sería una noticia estupenda en el caso de que fuera cierta pero no lo es; esto es comprobable con el cobro de regalías que suelen ascender a cuatrocientos pesos gracias a los catorce volúmenes que se vendieron en los seis últimos meses. La segunda es altamente probable y se basa en una ecuación donde los libreros (poco informados y mal preparados) deciden qué adquirir en condiciones frecuentemente leoninas. Los editores en consecuen-cia se quejan de este trato y hacen poco por remediarlo. El resultado final puede ser de grand guignol, ya que en muchos casos los libros ya reseñados no se encuentran aún en las librerías o, peor aún, libros que llevan meses sin promoción alguna son anunciados por sus autores como una “novedad que ha sido muy bien recibida.” Es el caso reciente de un señor que reseñé en estas páginas y que lucía patético hablando de lo bien que le iba a un libro bastante malo.

Veamos: una industria comercial, cualquiera que ésta sea, tendría que promover el mayor éxito posible dentro de su gremio. De cuando en cuando escucho quejas por la falta de apoyos gubernamentales a las tareas editoriales que, si bien pueden ser acreditables, se disipan ante esta especie de harakiri en contra de que un libro llegue a un lector cerrando un círculo virtuoso. Las pistas para salir de este atolladero las podría entender cualquiera que no fuera idiota. Todo libro requiere cierta promoción, que no implica gastos descomunales. Asimismo, es menester que se encuentre en los puntos de venta una vez que ha sido promocionado. El tercer paso es que los libreros entiendan que el hecho de tener el sartén por el mango no debería otorgarles esa arrogancia de pulgares levantados, ya que en muchos casos su desconocimiento de una obra o un catálogo los afecta económicamente. Los reseñistas tendrían que salir de su tono críptico e insondable y decirnos llanamente si recomiendan o no un libro, ya que poco ayuda un comentario como: “la prosa de Fulanito se difunde como un aleluya espiritual en el que las letras forman parte de un carnaval caótico”, y entonces uno no sabe si el libro es notabilidad o bodrio. Finalmente, los lectores deberían estar claros que la compra de un libro supone el acto de leerlo y utilizar esta experiencia para compartirla con sus amigos (el “boca a boca” ha sido el secreto del éxito de libros como La sombra del viento, de Ruiz Zafón).

De otra manera los escritores (ese gremio añorante) desaparecerán como los dinosaurios o, peor aún: se dedicarán a escribir libros como Caldo de pollo para el alma, que es una forma indigna de morir literariamente hablando.